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Pablo Boloix es Cubano y autor de la obra titulada: Sucinta noticia del ramo de la cera en la isla de Cuba, a fines de marzo del año de 1815. Publicada en la Habana, Arazoza y Soler [1815]. 10 p. 30 cm.

El Secretario de la Diputación para la Junta de Gobierno de la Casa de Beneficencia dá cuenta a la Real Sociedad Patriótica de sus tareas en el año de 1796 por medio de la siguiente publicación de la Havana, Imprenta de la Capitanía General, (1796). (1 l.), 13 pp. 4º, Firmado Pablo Boloix, Secretario.

Pablo Boloix es traductor del texto al español conjuntamente con Calvo y el padre Caballero de una obra sobre el azúcar, obra original M. Dutrone de la Couture: La Canne à sucre, Précis sur la canne á sucre, denominada la Biblia de los azucareros y decidieron traducirla, como hiciera antes con la memoria de Eugenio de la Plaza sobre las abejas.

La imprenta de la Habana[]

En tal estado, fuele preciso a la Sociedad Económica, siempre alentada por el celo de su presidente, pedir auxilios a la Junta del Real Consulado, y reunidos los esfuerzos de ambas corporaciones, se publicó el siguiente anuncio en el Papel Periódico de 17 de Abril de 1800:

  • La Real Sociedad Patriótica de esta ciudad, dispuesta siempre a promover y cultivar las artes útiles, ha tomado sobre sí el mejorar hasta el mayor grado de perfección que se pueda las dos imprentas que tiene esta ciudad pertenecientes a D. Francisco Seguí y D. Esteban Boloña. Entre otras providencias dirigidas a surtir ambas de buena letra y utensilios necesarios, ha determinado también se vayan formando en ellas buenos oficiales, a cuyo efecto anuncia al público que desde luego admitirá dos jóvenes, uno para cada imprenta, a quienes auxiliará por parte del Real Consulado y Sociedad con diez pesos mensuales, y por los citados impresores con vestido y manutención. Para ser admitidos han de concurrir en ellos las circunstancias de saber leer y escribir con propiedad, la ortografía castellana, y si fuere posible, algo de latinidad, que su edad no pase de 14 años, y el tiempo del aprendizaje de tres; en el concepto de que por una diputación de la Sociedad se examinarán oportunamente para conocer su adelantamiento, y con vista de él, premiarlos según su mérito, de modo que aún el término del aprendizaje cesará si llegasen a estar expertos antes de los tres años designados».
  • Los jóvenes que aspiren a entrar en esta honrosa profesión, se presentarán en todo el presente mes a la Sociedad por medio de su secretario D. Antonio de Viana.

Efectivamente, se colocaron los aprendices de imprenta en las ya citadas, y luego, se reunieron en sólo la de Seguí, por razones que no son de este lugar. Si se hubiera observado el acuerdo de la Real Sociedad, no habría sido posible encontrar candidatos con los requisitos necesarios. La comisión nombrada para el examen de los cinco que se presentaron lo manifestó y así consta de informe suscrito por don Pablo Boloix en 4 de Junio de 1800. Eligiéronse los dos menos atrasados, con la advertencia siguiente: Y respecto de que no tienen todas las calidades que se propuso la Sociedad sobre lo que extendió su ofrecimiento, parece a la Diputación que los dos jóvenes indicados pueden admitirse bajo la condición de que serán examinados cada seis meses a fin de graduar los progresos que hicieren, sirviéndoles esto de estímulo para que vayan perfeccionándose sobre los principios que tienen adquiridos, y no reconociéndose en ellos aplicación, se les despida.

Real Sociedad Patriótica de La Habana[]

Desde 1790, en que la sublevación de los esclavos provocó la ruina de la producción azucarera de Haití, las regiones habaneras convirtieron su producción azucarera en la primera exportadora mundial sin que se insertara en la economía española. Quedaba demostrado que España carecía de la industria y del mercado que la hiciera funcionar como metrópoli económica de la isla antillana. El desarrollo azucarero en la parte occidental de Cuba propició que el 5 de noviembre de 1794 un grupo de hacendados habaneros, reunido en la Real Sociedad Patriótica de La Habana, estableciera las bases para que las regiones orientales se integraran al auge económico de las regiones aledañas a la capital. El interés habanero por los territorios orientales formaba parte de una proyección nacionalista que había convertido en utopía el nuevo proyecto imperial de la España Ilustrada en Cuba.

Por esa razón, el proyecto expedicionario que esbozara Manuel Godoy el 2 de agosto de 1796 no se ajustaba totalmente a los intereses económicos de los hacendados azucareros. Esa clase hacendada, representada por el Conde de Mopox y de Jaruco, fue capaz de encauzar la iniciativa de Godoy para hacerla provechosa a sus intereses 2~ Bajo esa circunstancias, el Conde de Mopox presentó el 8 de agosto de 1796 un nuevo proyecto expedicionario.

Los objetivos primarios de la expedición del Conde de Mopox aparecen distribuidos en el proyecto firmado por Manuel Godoy, Príncipe de la Paz, el 2 de agosto de 1796.

Según Godoy, el Rey deseaba proporcionar a los habitantes de Cuba las ventajas de que es susceptible su fértil terreno, fomentando su cultivo con la mayor facilidad al tráfico y comercio de sus preciosas producciones. No obstante, para ser efectiva esa proyección de desarrollo de la agricultura comercial la expedición del Conde de Mopox sólo debería atender los medios paragarantizar la tranquilidad del país y el establecimiento de obras ingenieriles de carácter militar y económico sin que se mencionara la realización de estudios sobre sus recursos agrícolas y forestales.

  • El Intendente de Hacienda, José Pablo Valiente, delegó la tarea de responderle al Rey en una Diputación del Cuerpo Patriótico Sociedad Económica integrada por Nicolás Calvo de la Puerta y Antonio Robledo por la clase de Ciencias y Artes; Rafael Montalvo y Joseph Ricardo O Farrilo por la clase de Agricultura; Luis Peñalver (Vicario General y Director de la institución) y Rafael González, por la clase de Industria Popular, y por último, Pablo Boloix con Juan Francisco Oliven, por la clase de Comercio. Anónimo (1794): Introducción. Memorias de la Sociedad Patriótica de La Habana, La Habana, t. 2, p. 28).

Pablo Boloix y la Sociedad Económica de Amigos del País[]

En mayo de 1793 surgió la iniciativa en el seno de la Sociedad Económica de Amigos del País de la Habana de organizar una biblioteca y un mes más tarde nació la Primera Biblioteca Pública de Cuba. En sus inicios contó con 77 volúmenes y al año de fundada contaba con 1402 volúmenes. Se hizo pública por deseo expreso de Don Luis de las Casas, Capitán General de la Isla.

Las Sociedades Económicas de Amigos del País surgieron en Europa en el Siglo XVII. Sin embargo, en España no lograron florecer hasta el reinado de Carlos III con la creación, entre otras, de la Real Sociedad Vascongada de los Amigos del País (1764) y la Sociedad Económica Matritense (1775), que llegó a asimilar a varias de las sociedades que la tomaron de modelo.

El auge de estas Sociedades tuvo su rápida repercusión en las colonias. Fueron fundadas así durante las últimas dos décadas del siglo XVIII la Sociedad de Filipinas, la de Mompox (Colombia), la de Nueva Granada, las de Lima y Quito y las de Cuba, por solo citar algunas.

Específicamente las sociedades cubanas datan del 13 de septiembre de 1787, la Sociedad Económica de Cuba, constituida en la ciudad de Santiago de Cuba, y del 9 de enero de 1793, la Sociedad Patriótica de la Havana.

La fundación de esta última, aprobada por Real Cédula de diciembre de 1792, tuvo lugar en uno de los salones de la Capitanía General, al que concurrió un grupo de preclaros y ricos criollos apoyados por el Capitán General y Gobernador de la Isla de Cuba, Don Luis de las Casas.

Esta Sociedad Patriótica tuvo diferentes nombres a lo largo de su existencia, pero desde 1898 adoptó el de Sociedad Económica de Amigos del País de la Habana (SEAP) con el que se conoce hasta la actualidad.

El objetivo cimero de dicha Sociedad fue fomentar el desarrollo socioeconómico, educacional y cultural de nuestro país. Por tanto, su historia está indisolublemente unida a la creación y sostenimiento de los centros educacionales de la más variada índole tales como las primeras escuelas públicas del país, la Casa de Beneficencia y de Educandas, la Academia de Arte y Pintura San Alejandro, la Escuela de Artes y Oficios; asimismo, al fomento de la Primera Biblioteca Pública, al surgimiento del primer periódico de Cuba Papel Periódico de la Havana, del primer ferrocarril de Cuba, del primer Jardín Botánico y del primer Observatorio Meteorológico así como el primer comentario escrito acerca de la variante cubana de la lengua española1 y el primer Diccionario del español de una variante americana, entre otras obras relevantes.

En sus inicios la biblioteca contó solamente con 77 volúmenes y fue concebida para uso de los socios. Vale subrayar que no nació pública como muchos han asegurado. Se hizo pública al año de fundada, por deseo expreso del Capitán General Don Luis de las Casas, quien propuso en Junta del 16 de junio de 1794 que conviniendo al progreso de la instrucción pública que la sociedad facilitara la lectura de sus libros a toda clase de personas.

Para este fin el bibliotecario Robredo propuso un Plan para franquear la Biblioteca a las personas que no eran miembros de la Sociedad y en el Reglamento5 dictado expresó el que desease aprovecharse de esta franquicia debería concurrir al Sr. Director de la Sociedad, quien enterado de la necesidad y utilidad de concederla y de las circunstancias del sujeto, pudiera darle por escrito el permiso de concurrir a la biblioteca y leer allí las obras que le acomodasen.

Aproximadamente en agosto de 1813 se trasladó la biblioteca al convento de San Francisco. Se dispuso en esta ocasión que los amigos Pablo Boloix y Mauricio Zúñiga hicieran un índice alfabético y de materia que sirviera de inventario al bibliotecario y luego lo imprimieran para conocimiento público. Del mismo modo se acordó18 un cambio en los estatutos de la corporación: que la documentación debía depositarse en la Biblioteca con el fin de que pudiera ser verificada por cualquiera de los asociados. Este hecho podría tomarse como el inicio del Archivo de los documentos generados por la Sociedad dentro del fondo de la Biblioteca de la propia institución.

Enlaces externos[]

Véase también[]

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