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La objetividad es la cualidad de lo objetivo, en el sentido filosófico de la palabra. Sirve para caracterizar (a) un objeto en cuanto objeto, (b) el conocimiento o la representación de un objeto, (c) el sujeto de ese conocimiento u autor de esa representación.

Definiciones generales[]

Sentido ontológico[]

La objetividad es aquello que caracteriza a un objeto, por contraposición con aquello que caracteriza a un sujeto. Caracteriza a aquello que es propio de un objeto o, con mayor generalidad, aquello que constituye un objeto. Sea en voz pasiva, como mera constatación de algo ya constituido, o en el sentido activo de una objetivación, esto es, el proceso de constitución de un objeto no preexistente.

Se entiende habitualmente por objetividad de un objeto aquello en lo que consiste su realidad. Uno de los criterios más comunes de la objetividad es la independencia respecto de un sujeto cognitivo cualquiera. Tomada en el sentido metafísico de "realidad del objeto", la objetividad es opuesta por un lado a lo que es mera apariencia, ilusión, ficción, y por el otro a lo que es sólo mental o espiritual, por contraposición con lo que es físico o material. Pero esa concepción no es necesaria ni del todo evidente.

En efecto, en su mayor generalidad, la objetividad ontológica solamente descansa en la noción de invarianza. Aquello que consideramos real es, antes que nada, algo invariante. Los objetos llamados empíricos o materiales se distinguen por su continuidad espacio-temporal, la intermodalidad (convergencia de los sentidos: vista, oído, etc.), así como otras propiedades físicas que los científicos expresan mediante leyes.

Sentido epistémico[]

El concepto de objetividad caracteriza la validez de un conocimiento o de una representación relativa a un objeto. Depende, por un lado, del concepto de objeto que manejamos y, por otro, de las reglas normativas propias del área en cuestión.

En ciencia, dichas reglas constituyen la metodología científica propia de cada disciplina.

La objetividad en sentido epistémico no es sinónima de verdad, aunque a menudo solemos confundir los dos conceptos. Es más bien un "índice de confianza" o de "calidad" de los conocimientos y representaciones.

Tampoco es sinónima de fidelidad al objeto ("fiel a la realidad"), a pesar de que éste sea uno de sus criterios más frecuentemente mencionados, porque los criterios normativos que permiten distinguir lo objetivo de lo que no es, son fijados en cada ámbito por la comunidad de los miembros o expertos del mismo.

Desde Kant la objetividad es definida como validez universal, esto es, validez para todos los hombres, con independencia de su religión, cultura, época o lugar, por contraposición con aquello que vale sólo para unos pocos. De modo que la objetividad se opone al relativismo. A partir de los años sesenta, sin embargo, la exigencia de universalidad empieza a ser sustituida por la exigencia de consenso en el seno de la comunidad (científica, cultural,...), separando de este modo diferentes esferas de uso del concepto. Lejos de la concepción estrictamente formal o metodológica que marcó el llamado positivismo lógico, nos aproximamos hoy en día a una concepción mucho más intersubjetiva.

En cuanto a su fundamento normativo, podemos decir que la objetividad epistémica descansa en última instancia en la alteridad del objeto respecto del sujeto, así como en la racionalidad de éste. Una racionalidad y una alteridad (la cual se manifiesta en términos de resistencia o de independencia respecto de la voluntad) que tal vez haya que buscar en el ámbito de la acción.

Sentido ético[]

La objetividad de un sujeto está relacionada con planteamientos tan epistémicos como morales. La encontramos habitualmente formulada en términos de neutralidad, imparcialidad, o impersonalidad. Se trata de un distanciamiento del sujeto respecto de él mismo en aras de acercarse al objeto, desde una concepción en la que objetividad y subjetividad se excluyen mutuamente.

Se supone que para ser objetivo, a la hora de expresar un juicio, el sujeto debe abandonar todo aquello que le es propio (ideas, creencias o preferencias personales) para alcanzar la universalidad, esto es, aquello que Thomas Nagel llamó el "punto de vista de ninguna parte" (the view from nowhere). Una concepción utópica ("de ninguna parte") fue cuestionada, sobre todo a partir de los años 60 y 70 por motivos tanto prácticos como teóricos.

Bibliografía[]

  • Gaston Bachelard, La formation de l'esprit scientifique : contribution à une psychanalyse de la connaissance, Paris: Vrin, 2004.
  • David Castillejo, The Formation of Modern Objectivity, Madrid: Ediciones de Arte y Bibliofilia, 1982.
  • Thomas S. Kuhn, The structure of scientific revolutions, Chicago: University of Chicago Press, 1996, 3º éd.
  • Allan Megill, Rethinkink Objectivity, London: Duke UP, 1994.
  • Ernest Nagel, The Structure of Science, New York: Brace and World, 1961.
  • Thomas Nagel, The View from Nowhere, Oxford: Oxford UP, 1986; trad. fr. Le point de vue de nulle part, Paris, Éd. de l'Éclat, 1993.
  • Robert Nozick, Invariances: the structure of the objective world, Cambridge: Harvard UP, 2001.
  • Karl Popper, Objective Knowledge, Oxford: Clarendon Pr, 1972.
  • Nicholas Rescher, Objectivity: the obligations of impersonal reason, Notre Dame: Notre Dame Press, 1977.
  • Richard Rorty, Objectivity, Relativism, and Truth, Cambridge: Cambridge University Press, 1991; trad. fr. Objectivisme, relativisme et vérité, Paris: PUF, 1994
  • Bernard Rousset, La théorie kantienne de l'objectivité, Paris: Vrin, 1967.
  • Israel Schaeffler, Science and Subjectivity, Hackett, 1982.

Enlaces[]

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