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Cerería[]

  • Ella F. Quintal Avilés

La importancia histórica de la cera en la Península de Yucatán

La importancia de las abejas, la miel y la cera en la cultura maya prehispánica es un hecho incuestionable. Fuentes y trabajos de carácter histórico, etnohistórico y arqueológico nos hablan de la trascendencia comercial, religiosa y ritual de la apicultura maya. Aunque sabemos que la cera tenía uso ritual, como veremos más adelante, las formas específicas que los mayas daban a la cera en la época prehispánica nos son aún desconocidas.

Se sabe que antes de la llegada de los españoles, entre los bienes producidos en cantidades considerables por los mayas para el comercio a larga distancia estaban, junto con las piezas de algodón y la sal, la miel y la cera. La miel tenía usos alimenticios, ceremoniales y rituales. Con ella, por ejemplo, se elabora el balché, la bebida ritual maya.

Así la narración de Oviedo del primer arribo de Grijalba a Cozumel incluye la descripción siguiente:

  • “Cuando el culto divino había sido celebrado en el templo ...los indios trajeron al capitán algunas aves de la isla... y vasijas de miel y se las presentaron” (en Freidel y Sabloff, 1984, p.13).

En relación con la cera, las fuentes nos dicen que a su paso por la Isla de Cuba en 1492, encontró Colón en una casa “un pan de cera” que llevó a los reyes de España. Al respecto Fray Bartolomé de las Casas explica que seguramente esta cera provenía de Yucatán, pues en Cuba, no la había. (en Quintal, y otros, 1990, pp. 5-14).

Bernal Díaz, en su historia verdadera de la conquista de Nueva España, ofrece la siguiente descripción del paso por Cozumel en 1518:

  • “... y yendo que íbamos bojando la isla por la banda del sur, vimos unos pueblos de pocas casas... , y los soldados que saltamos en tierra hallamos en unos maizales dos viejos que no podían andar ... Había en él muy buenas colmenas de miel y buenas batatas y muchos puercos de la tierra, que tienen sobre el espinazo el ombligo” (1983, p. 17).

Recientes trabajos arqueológicos en la isla de Cozumel buscando probar su importancia no sólo como uno de los santuarios principales de los mayas del posclásico sino también como un centro comercial relevante, presentan incidentalmente información sobre la cría de abejas (Sabloff, Jeremy A y William L. Rathje, 1975, p. 3-4). Así el trabajo de Freidel y Sabloff (1984), nos habla de las estructuras circulares encontradas en el sitio llamado Buena Vista y que podrían ser apiarios (p. 37).

El trabajo de Wallace (1978) sobre “el extraño caso del tapón panucho” presenta hipótesis interesantes sobre la apicultura prehispánica en la Isla de Cozumel. Relaciona los hallazgos de ciertos objetos redondos de piedra o de coral con otras evidencias arqueológicas y llega a la conclusión de que tales artefactos en forma de “panucho” eran tapones utilizados en la época prehispánica para sellar los extremos de las colmenas de abejas mayas (1978).

De esta forma Wallace pretende documentar la existencia de una producción considerable de miel y cera en ciertos puntos de la Isla de Cozumel, durante el período posclásico (Ibid).

Según Wallace (1978, p. 15) cuando Montejo pasó por Chetumal en 1528-30, encontró grandes apiarios con colmenas hechas de troncos ahuecados, elegantemente esculpidos con diseños y ornamentaciones, cada uno teniendo las insignias de sus respectivos dueños.

El trabajo de Sierra Sosa sobre San Gervasio (probablemente la Cuzamil de los mayas), nos dice que en algunos de los asentamientos excavados, aparecen parcelas que por sus pequeñas dimensiones no pudieron haber tenido un uso agrícola. “En estos casos –dice Sierra Sosa– (1991, p. 189) es factible que los lotes hayan servido para colocar apiarios y corrales para animales domésticos...”

La relevancia comercial y ritual de la cera puede ser someramente descubierta con una lectura concienzuda de diversas versiones del Chilam Balam de Chumayel, libro de profecías, fórmulas iniciáticas y crónicas escrito en idioma maya con caracteres españoles durante la época colonial. Así, en la versión de R. Roys, en la parte llamada “El interrogatorio de los jefes”, y denominada “Libro de las pruebas” en la versión de Mediz Bolio, en la “cuarta pregunta” que el Halach Uinic debería hacer a los jóvenes mayas para demostrar su ascendencia noble, aparece la palabra cib –que significa cera o vela– con un sentido metafórico ampliamente relacionado con lo sagrado. Dice el texto en maya: He ix u pixan ca cilich colebil: yahau candelas, hacha cibe. Suyua than lae (Roys, 1933, p. 26). Lo anterior es traducido por Mediz Bolio de la siguiente manera: “... y el alma de nuestra santa señora, son las grandes candelas o hachas de cera. Lenguaje Suyua”. (1930, p. 42).

También con connotaciones de lo sagrado, aparece la palabra maya cib en el apartado que lleva por nombre “La creación del mundo”. Así, refiriéndose a los bacabes, dioses de los puntos cardinales, dioses también de las abejas, dice el texto: “caminaron entre las cuatro luces, entre las cuatro capas de estrellas. El mundo no estaba iluminado, no había día ni noche, ni luna. Entonces percibieron que el mundo había sido creado”. En maya el párrafo anterior dice: “ximbal u cahob tu can cib, tu cataz ti ek. Ma zazil cab, ti hun minan kin, tu hun minam akab, ti hun minan u. Ah ubaob ti ix tan u yahal cab. Ca tun ahi cab” (Roys, 1933, p. 32).

Como se puedo observar, otra palabra que aparece frecuentemente en estos textos es cab, que significa tierra, pero también colmena y miel. Las abejas están directamente conectadas con las bacabes, deidades descritas por el Obispo Landa de la siguiente manera:

Entre la muchedumbre de dioses que esta gente adoraba, adoraban cuatro llamados Bacab cada uno de ellos. Estos, decían eran cuatro hermanos a los cuáles puso Dios, cuando crió el mundo, a las cuatro partes de él sustentando el cielo (Para que) no se cayese. Decían también de estos bacabs que escaparon cuando el mundo fue destruido por el diluvio. Ponen a cada uno de éstos otros nombres y señálenle con ellos a la parte del mundo que dios le tenía puesto (de) teniendo el cielo y apropíanle una de las cuatro letras dominicales cargadores del año a él y a la parte en que está (Thompson, 1975, p.336).

Especial relevancia tenía el Bacab del oriente : Hobnil (véase también Thompson, 1950, p. 86).

Según Thompson, (1975, p.410) hay un fragmento de la creación quinché de Chichicastenango que dice:

  • “... que antes del diluvio, la gente decidió meterse bajo tierra para salvarse. Y Dios, para manifestar su descontento, los transformó en abejas”. En relación con lo anterior puede citarse a Mediz Bolio, (1930, p. 17) cuando dice que a los bacabes, corresponden los mucencabes, genios o deidades con el rostro oculto en la tierra. Colel Cab, “Dueña de la Tierra”, mencionada en el mito de la creación del mundo del Chilam Balam de Chumayel era para Thompson, otro nombre de Ix Chebel Yax, la esposa del creador (Thompson, 1975, p.256).

La relación de Cozumel (Cuzamil) con las colmenas, las abejas, la miel y deidades asociadas, parece ser bastante clara pues dice Roys que otro nombre de Cozumel fue Oy cib (1933, p. 66). La arqueóloga Sierra cree en cambio que Oy Cib fue el nombre de un asentamiento maya en la Isla de Cozumel (El Cedral) (Ob. Cit., p. 191).

La misma autora traduce uno de los pasajes del Chilam Balam de Chumayel de la siguiente manera:

  • “Cuando se multiplicó la muchedumbre de los hijos de las abejas, la pequeña Cuzamil fue la flor de la miel, la jícara de la miel, el primer colmenar, el corazón de la tierra” (p.IV)
  • En El ritual de los Bacabes, texto sobre ensalmos, conjuros y curaciones, escrito en lengua maya esotérica y que data del siglo XVII o probablemente de antes, se menciona el uso de la miel como medicina, por ejemplo, contra el asma (Arzápalo, 1987, p. 346).

El trabajo sobre etnobotánica maya de Ralph Roys, escrito a partir de manuscritos del siglo XVIII refiere remedios y curaciones para cuarenta y cuatro tipos diferentes de enfermedades. De entre ellas cuando menos las comprendidas en quince tipos, prescriben como remedio el uso de miel de abeja, de miel de avispa, de nidos de abejas y/o avispas y sólo en un caso concreto se prescribe la cera como cataplasma en la parte baja del abdomen (Roys, 1931, p. 33).

Según el investigador, los doctores mayas creían curar a través de lo semejante. Una erupción de la piel que parecía el piquete de una avispa era tratada con el nido machacado o tamulado de avispa o de otro insecto ponzoñoso” (Idib., p. XXI).

El mismo autor nos menciona cuatro especies de abejas, conocidas por los doctores nativos de la época: Yilkil – cab (abeja doméstica), Ch’och, Ah-Boll y Ah –Chuah –cab.

Fray Diego de Landa, en su Relación de las cosas de Yucatán, nos habla de las abejas, su cera y su miel. Por su parte, Thompson asegura que los mayas no conocían las propiedades iluminantes de la cera, aunque según el mismo autor, pronto, dos decenios después de la conquista, los yucatecos aprendieron los beneficios iluminantes de la cera (Quintal y otros, 1990. p. 10).

El Códice de Calkini, en las páginas 12 y 17 menciona respectivamente cinco y cincuenta cántaros de miel como tributo que, junto con pavos, maíz, canastas de algodón en rama y algodón urdido para corazas, fueron entregados al Capitán Montejo por los Batabes Canules (Gobierno del Estado de Campeche, 1957, pp. 25 y 43).

Con la Conquista, los mayas tuvieron que empezar a pagar tributo de cera dos veces al año, para las fiestas de Navidad y San Juan (García Bernal en Quintal, y otros, ob. cit.).

Durante la colonia la cera de Castilla y del país, labrada en diversas formas, por ejemplo, candelas, bujías, hachas y cirios, tuvo gran importancia como iluminante, en las funciones religiosas y en los actos rituales en general (Genny Negroe, 1993, comunicación personal).

Interesante sobre manera, resulta en esta época la elaboración de ex votos de cera. Así nos dice Cogolludo al referir la devoción a la imagen del milagroso Cristo de San Román en Campeche:

  • “... y con otros muchos beneficios, que los fieles han recibido encomendándose a ella, se ha aumentado con singular piedad, y veneración Católica. Para memoria de ellos hay colgadas en su presencia muchas muletas, cabezas, piernas y brazos de cera, y otras señales, como también las hay de navegantes, que en gravísimos peligros se vieron libres, invocando a su santo nombre” (1957, primera parte, p.222).

La investigadora Nancy Farris nos presenta el interesante caso de dos cofradías del pueblo de Chicbul situado entre Champotón y la desembocadura del Río Candelaria. Esta comunidad de comerciantes putunes seguían en la época colonial la costumbre probablemente prehispánica de llevar consigo en sus viajes a sus patronos tutelares, el Cristo de Tixchel y la virgen de Mamentel. Estos eran de los santos patronos más ricos de la Diócesis de Yucatán. “Los encargados de las cofradías organizaban expediciones dos veces al año, provistos de escapularios y de imágenes de cera de sus santos patronos que vendían de puerta en puerta a lo largo de las riberas de los ríos, llegando incluso hasta el Usumacinta” (Farris, 1992, p. 247).

En estas transacciones comerciales los cofrades obtenían cacao a cambio de escapularios e imágenes de cera; el cacao una vez vendido “...rendía sustanciosos beneficios que se destinaban al pago de las misas, de los ornamentos de la iglesia y de las fiestas de Chicbul” (p.248).10

En nuestros tiempos la miel ha pasado a ser, con la introducción en la península de la llamada “abeja americana”, una forma más de obtener el campesino maya, algunos ingresos monetarios para completar el gasto familiar. La cría de abejas nativas (colel-cab), se ha reducido considerablemente y de esta manera los rituales a ella asociados también han tendido a desaparecer (Redfield, 1970). La miel de este tipo de abejas suele usarse todavía hoy, con fines medicinales en las comunidades mayas del oriente del Estado. Se ha recogido información en el sentido de que un objeto preparado con tiras de tela o con pabilo endurecidos con cera de colel cab y que tiene la forma de un espiral, se utiliza para curar algunas enfermedades por medio de golpear al paciente con dicho objeto que tiene el nombre de “rolete” (véase también Redfield, 1944).

Respecto a la cera de ambas variedades de abejas, se utilizan como veremos, en la elaboración de objetos y adornos rituales diversos, presentes en las celebraciones religiosas del campo y de la ciudad.

Comunidades que hacen actualmente trabajos de cerería[]

En diversas comunidades ubicadas entre Kantunil y Valladolid se ha localizado le hechura de objetos rituales a base de cera de abejas.

Concretamente sabemos de las siguientes localidades: Kantunil, Pisté, Cuncunul, Chan Kom, Valladolid, Temozón y Popolá. Es posible y probable que en la mayoría de las comunidades que rodean a Valladolid se conozcan las habilidades que implica el trabajo artesanal de la cera.

Cuándo se elaboran las artesanías ceremoniales

Haz click en la imagen para agrandarlaEn muchas de las fiestas del catolicismo popular, en comunidades el oriente del Estado de Yucatán, aparecen estas artesanías efímeras11de las que se conocen por lo menos cuatro modalidades: a) velas adornadas con flores de cera (ver figura 1), b) objetos en forma de estrellas, lunas, “globos” (terráqueos), cruces y otras más, decorados con flores de cera (ver figura 2), c) los llamados “ramilletes” (ver figura 3) y d) las velas de cera. A las dos primeras modalidades, se les conoce en maya como lol cib o lolicib (flor de cera o flor de luz). De los llamados “ramilletes” se conocen los adornados con papel de seda (china) picado, con flores de papel y, los decorados con flores de cera, y con flores de cera y cintas de papel picado.

En el campo yucateco los pueblos, los barrios y en ocasiones incluso las familias tiene un santo protector. En honor de estos santos se hacen fiestas, procesiones, novenarios, se organizan bailes y corridas y los devotos participan en cumplimento de una promesa, para recordar tradiciones familiares, para invocar protección en alguna situación peligrosa o problemática, etc.

Así, por ejemplo para la fiesta en honor del patrón de una comunidad, las organizaciones llamadas gremios se encargan de costear algunos de los actos del culto. Durante los días de fiesta, varios de estos gremios acuden en procesión al templo para renovar su fidelidad al santo, llevando ramilletes, cruces y estrellas adornadas con lolicib, velas decoradas, etc. Todos estos objetos rituales son depositados ante el altar o colgados a la entrada del templo pendiendo de largas sogas.

También en algunos novenarios de santos familiares el ritual incluye la entrega de un ramillete.

El uso ritual de la cera está asimismo presente durante las ceremonias de difuntos que tienen lugar en el mes de noviembre.

Sobre todo, las velas que adornan los altares de “los grandes” (fieles difuntos) son de cera de abeja, con tonalidades de café obscuro, casi negro. En este caso, las velas elaboradas artesanalmente en algunas comunidades se consiguen como otros objetos rituales de estas celebraciones, en los mercados regionales.

El trabajo de cerería[]

Instrumentos de trabajo

En la confección de las artesanías de cera se utiliza, ollas para derretir o fundir la cera, moldes de madera para dar forma a las flores (ver figura 4), recipientes grandes con agua (por ejemplo, cubetas, tinas, bateas), en los cuáles se sumerje el molde ya impregnado con cera con el objetivo de solidificarla y obtener las flores; tijeras y cuchillos para trabajar otras materias primas como cartón, papel de china, papel laminado con el cual se adornan las flores y velas de cera. Mesas y sillas, banquillos y cualquier asiento improvisado constituyen parte del equipo de trabajo. El lugar de trabajo es generalmente el patio de la vivienda, sobre todo, los espacios con sombra.

Caracterización general del proceso de trabajo

Es un trabajo colectivo y por lo general masculino. Para la elaboración de objetos adornados con flores de cera, el equipo de hombres es por lo general mayor que cuando se trata de velas decoradas con flores de cera.

Es un trabajo ritual: muchas veces va acompañado del consumo de aguardiente y cigarrillos y, como veremos, de una comida colectiva y ritual.

Proceso de trabajo

A continuación se describirá el proceso de elaboración de objetos rituales adornados con flores de cera. En algunas comunidades éstos son denominados “abanicos” o “macetas”. Tienen formas de estrellas, lunas, globos, cruces, corazones y ángeles.

Un pedazo de cera es puesto en un recipiente y después al fuego hasta lograr que se funda.

Se toman entonces los moldes de madera para proceder precisamente a la elaboración de flores de cera. Para ello se hunde la cabeza del molde en una pastilla de jabón de lavar y luego se sumerje en la olla con cera fundida. Una vez recubierta la cabeza del molde con cera fundida. Una vez recubierta la cabeza del molde con cera fundida, se remoja en un recipiente con agua (puede ser una batea, de las que se usan para lavar ropa) “con el fin de acelerar el enfriamiento de la cera y su consecuente solidificación. Acto seguido, con el dedo pulgar, se empuja ligeramente el borde del capuchón ceroso”, que ya solidificado tiene la forma de una flor (ver figura 4) (Quintal, y otros, ob. cit.).

Elaboración de flor de cera en Cuncunul, Yucatán. Nótese la batea con agua y al señor en cuclillas con el molde en la mano.

Elaboración de flor de cera en Cuncunul, Yucatán. Nótese la batea con agua y al señor en cuclillas con el molde en la mano.

Mientras unas personas elaboran las flores de la manera ya descrita, otras las recogen del agua donde flotan cuando son desprendidas del molde; separan las defectuosas y ponen las bien logradas en algún recipiente limpio (puede ser una jícara) al alcance de otro grupo de gentes que van decorando con ellas los objetos de cartón y/o madera (lunas, estrellas, “globos”, ramilletes) de que se trate.

Quiénes se dedican a estas actividades[]

Los conocimientos y las habilidades para desarrollar el trabajo en cera están bastante extendidos entre la población masculina de las localidades campesinas del oriente del Estado. Sobre todo por lo que se refiere a la elaboración de flores de cera (lolcib o lolicib), estas tareas son fundamentalmente masculinas e involucran a niños, jóvenes y adultos de una comunidad, de una familia. Es posible que la explicación de este hecho esté en la división sexual de tareas propia de los tiempos festivos y ceremoniales de las comunidades: las mujeres elaboran la comida, las tortillas y la bebida (horchata). Esta diferenciación de roles sexuales podría tener también alguna implicación de carácter ritual.

En las comunidades más tradicionales la prestación de servicios de los especialistas en esta actividad es gratuita, esto es, constituye una “promesa” a la virgen o al santo. Sin embargo, en ocasiones también se paga por estos servicios o se otorga alguna compensación simbólica.

En cualquiera de estos casos, por lo general, la elaboración de estas artesanías ceremoniales incluye una concurrida comida ritual en casa de quien sufraga los costos del trabajo de la cera. El alimento ritual por excelencia en estos casos y en general en as festividades populares del oriente, es el relleno negro pib, esto es, un guiso a base de cerdo y ave, aderezado con condimentos que le proporciona la coloración antedicha y que se cuece en un enorme hoyo, excavado para tal efecto en el patio de la vivienda del donante.

En este sentido, en general, la elaboración de esta artesanía ritual es momento y lugar de renovación no sólo de conocimientos y habilidades prácticas, sino también en gran medida de la comunidad misma que, a través de las familias y las organizaciones del catolicismo popular busca recrear y expresar su lealtad y reverencia a los santos patronos, a pesar de los problemas y conflictos de la vida cotidiana.

  • Este material aparecio publicado en: Cuadernos de Cultura Yucateca No. 2. Varios Autores (1993) Cultur Servicios y Gobierno del Estado de Yucatán, Conaculta, INAH, México.

Enlaces externos[]

Bibliografía[]

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  • García Canclini, Néstor 1984: Las culturas populares en el capitalismo. Nueva Imagen, México.
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  • Mediz Bolio, Antonio 1930: El libro del Chilam Balam de Chumayel. Imprenta y Librería Lehman, San José de Costa Rica.
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  • Thompson, Eric 1975: Historia y Religión de los Mayas. Siglo XXI, México.
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