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La evolución del pensamiento científico en la Argentina[]

  • PARTE TERCERA: LA ORGANIZACIÓN NACIONAL
  • CAPÍTULO III: LA "SEGUNDA ARGENTINA"

60. OTRAS MANIFESTACIONES EN EL CAMPO DE LAS CIENCIAS EXACTAS Y NATURALES

La enseñanza, los museos y los observatorios no agotan la actividad científica de la Argentina en este período de la organización nacional en el que, sobre todo en las primeras décadas, los hombres de gobierno: MITRE, SARMIENTO, GUTIÉRREZ, son hombres de cultura: historiadores, escritores, poetas, que al regir los destinos políticos de la nación también estructuran y conforman su vida cultural.

En esta etapa constructiva del país, que acertadamente ROMERO ha denominado "la segunda Argentina", se desarrollaron otras manifestaciones científicas, algunas de las órbitas de las instituciones de carácter general que hemos reseñado, otras vinculadas con ellas.

Respecto de la matemática y de la física mencionemos que en los primeros años de este siglo actuó en Buenos Aires el profesor francés CAMILO MEYER, doctor en leyes y licenciado en matemática que había llegado en 1895 al país, donde publicó numerosos artículos y trabajos en revistas científias y técnicas. Durante cinco años, entre 1909 y 1914, dio en la Facultad de ciencias un curso libre de física matemática ante un escaso público, revelador de la indiferencia del ambiente de la época, y en la Sociedad Científica un ciclo de conferencias sobre filosofía matemática, parafraseando el conocido libro de BRUNSCHWICG sobre el tema.

En cuanto a las ciencias naturales debemos destacar varias iniciativas de SARMIENTO tendientes a estimular el desarrollo de las mismas. En 1871 ordena la creación del Departamento de Agricultura (el Ministerio no nace hasta fines de siglo), desde el cual se fomentaron las colecciones de semillas, frutos, maderas y plantas; editando en 1873 los Anales de Agricultura y en 1877 el Boletín del Departamento de Agricultura.

Otra iniciativa de SARMIENTO, que desgraciadamente no prosperó inmediatamente, fue la fundación de un Jardín Botánico. Desde 1870 existía, anexo al Colegio Nacional, un jardín de modestas proporciones, pero en 1875, cuando se inauguró el Parque de Palermo, obra de SARMIENTO, se propició la creación de un jardín Botánico en él; pero esa idea, reproducida en 1879, sólo logra concretarse en 1898, cuando se inaugura el actual Jardín Botánico de Buenos Aires, por iniciativa del que fue su primer director, ingeniero CARLOS THAYS.

También debe verse en SARMIENTO uno de los precursores del cultivo de los estudios etnográficos. En el número inicial de una Revista de ciencias, artes y letras, que nació y murió en 1879, escribe SARMIENTO: "Los orígenes americanos, por sus manifestaciones prehistóricas los unos, por sus peculiaridades lingüísticas los otros, y en estos dos ramos subsidiarios y como continuación de la geología y paleontología, pueden los estudios criollos contribuir al adelanto general de las ideas en el mundo científico".

Respecto de las ciencias naturales cabe también mencionar al escritor y naturalista de habla inglesa GUILLERMO ENRIQUE HUDSON, nacido en la Argentina, de donde partió a los 33 años, para no regresar más a ella muriendo octogenario en Inglaterra.

Escribió en inglés los veinticuatro volúmenes que comprenden sus obras, pero su vida y sus observaciones en el campo argentino se reflejan vivamente en su labor literaria: The Ombú, 1902; For away and long away, 1917, y en su obra científica: The Naturalist in the Plata, 1892; Idle Days in Patagonia, 1893 y Birds of the Plata, 1920, obra esta última en dos volúmenes, reedición de parte de una ornitología argentina escrita en colaboración en 1888.

Con el nombre de HUDSON se asocia el de otro escritor inglés, algo más joven: ROBERTO B. CUNNINGHAME GRAHAM, pues, según señala IBARGUREN, ambos autores "han sido, sin duda, los escritores que han reflejado en la literatura universal con más vigor y con más poesía a la pampa argentina". CUNNINGHAME GRAHAM, que estuvo varias veces en el país y murió en él, se ha ocupado en sus escritos de historia argentina, como en El Río de la Plata (en castellano), 1914 y The Conquest of the River Plate, 1924.

Terminemos mencionando que también se debe a SARMIENTO la iniciación de los estudios meteorológicos en la Argentina. En efecto, acogiendo favorablemente una propuesta de GOULD y ante "la importancia teorica y práctica científica y económica, de estos estudios, que se relacionan, además, con intereses valiosos y visibles", SARMIENTO remite un proyecto de ley que se sanciona y promulga en 1872, por el cual se crea la Oficina Meteorológica Nacional, que funcionó anexa al Observatorio de Córdoba y bajo la dirección de GOULD que ejerció esa función desinteresadamente hasta 1884, fecha en que renuncia. En 1885 la Oficina se separó del Observatorio y en 1901 es trasladada a Buenos Aires. En 1878 aparece el primer tomo de sus Anales, en el que GOULD comenta y reproduce una compilación que MANUEL R. TRELLES había publicado en 1857 con varias series de observaciones meteorológicas realizadas en el país durante la primera mitad del siglo XIX, entre las que figuran las de MOSSOTTI, cuyo valor especial GOULD destaca.

61. LOS ESTUDIOS GEOGRÁFICOS Y LAS EXPEDICIONES CIENTÍFICAS

Al lado de los estudios astronómicos y meteorológicos, se organizan en esta época también los estudios geográficos. En 1879, como fruto del interés despertado por las expediciones científicas auspiciadas por la Sociedad Científica Argentina, se propicia la fundación del Instituto Geográfico Argentino. En efecto, su fundador ZEBALLOS dice: "Era de tal modo vigoroso el impulso dado a los estudios geográficos desde 1874, que se sintió la necesidad de cultivar con preferencia una especialidad de la ciencia a la cual se ligaban estrechamente los progresos materiales de la civilización, y de ahí surgió el Instituto Geográfico, fruto espontáneo, gajo robusto de la semilla depositada en 1872 con timidez y desconfianza por la Sociedad Científica Argentina".

El Instituto Geográfico Argentino vivió medio siglo y contribuyó en gran medida al conocimiento geográfico del país, estimulando o patrocinando viajes y exploraciones. Desde sus comienzos publicó un Boletín del Instituto Geográfico Argentino, que apareció durante treinta años (1881-1911), y en el que colaboraron los naturalistas de la época. En su período de mayor florecimiento, el Instituto creó filiales en el interior, y precisamente en una de ellas, en la de Paraná, pronunció SCALABRINI a fines de 1883 la conferencia en la que propuso la creación de un museo en esa ciudad, que luego se fundó efectivamente sobre la base de la colección paleontológica de SCALABRINI y la zoológica de AMBROSETTI.

También por estos años (1884) se funda la más importante institución argentina vinculada con los estudios geográficos y afines: el Instituto Geográfico Militar, pero que en sus primeros cuatro lustros de vida tuvo una existencia precaria, pues como informa uno de sus futuros directores: "... los exiguos recursos y elementos escasos con que fue dotada eran apenas suficientes para responder a las necesidades más apremiantes: levantamientos con propósitos militares, estudios en las fronteras, cuestiones de límites, cartas y planos para maniobras del ejército o estudios de aplicación de nuestra Escuela de Guerra, y aun proyectos, inspección o dirección de construcciones militares, pues éstas figuraron también como funciones del Instituto hasta el 23 de diciembre de 1904, en que fue dada al Estado Mayor del Ejército su organización actual." De acuerdo con esta organización, el Instituto comprendía una sección de estudios geodésicos (astronomía, triangulación, nivelación, etcétera) y otras de estudios cartográficos y topográficos, además de talleres gráficos propios. En 1912 el Instituto inicia la publicación de su Anuario, así como organiza un vasto plan de operaciones geodésicas, cartográficas y topográficas.

Relacionados con los estudios geográficos, han de mencionarse los viajes y exploraciones que en esta época se realizan por iniciativa oficial o privada, nacional o extranjera, para el reconocimiento de todo el territorio argentino, en especial de las zonas patagónicas y australes.

Por su importancia cabe destacar las tres expediciones enviadas a la Patagonia entre 1896 y 1899 por la Universidad de Princeton, con el objeto de realizar estudios y recoger materiales en esas regiones, cuyo extraordinario interés científico habían puesto de manifiesto los descubrimientos de los naturalistas argentinos. Los resultados de esas expediciones aparecieron en una docena de volúmenes de los Reports of the Princeton University Expedition to Patagonia 1896-1899, hermosa publicación costeada por el Pierpont Morgan Publication Fund.

En cuanto a las expediciones a los mares australes, recordemos que a fines del siglo pasado el Bélgica es el primer buque que inverna en las mares del sur, y que a principios de este siglo se organiza en Europa un plan combinado de cuatro expediciones a esas regiones: una alemana, una sueca, una inglesa y una escocesa. La expedición sueca, al mando del célebre explorador NORDENSKJÖLD, pierde a principios de 1903 su buque Antarctic apretado por los témpanos; la Argentina envía entonces la corbeta Uruguay, al mando del capitán de fragata JULIÁN IRIZAR, que en noviembre de ese año rescata a los expedicionarios. De esta fecha datan las expediciones oficiales argentinas a la Antártida.

En 1904 la Argentina se hizo cargo de la estación meteorológica, la más austral de esa época, que la expedición escocesa había instalado en la isla Laurie de las órcadas en 1903, mientras que en ese mismo año la Uruguay, al mando del capitán de fragata ISMAEL GALÍNDEZ, salió a recorrer los mares australes en busca de la expedición francesa del doctor CHARCOT, que pudo regresar por sus propios medios sin encontrar al buque argentino.

62. LOS ESTUDIOS MÉDICOS

Después de Caseros son los estudios médicos los primeros que se reorganizan en la provincia; a mediados de 1852 un decreto del gobernador VICENTE LÓPEZ, refrendado por VICENTE F. LÓPEZ, dispone la reapertura de los cursos de medicina, agregando en uno de sus artículos: "Por ahora y mientras que la Escuela de Medicina no reciba la organización definitiva de la Facultad, que le ha de caber cuando el gobierno expida su decreto orgánico de la Universidad, queda completamente separada de ésta. Pero en realidad la Escuela se erigió en Facultad antes de incorporarse a la Universidad, pues otro decreto de octubre de ese año organiza lo que llama "el cuerpo médico de Buenos Aires", constituído por tres secciones: la Facultad de Medicina, la Academia de Medicina, restableciendo la institución de 1822, y el Consejo de Higiene Pública, que se crea por ese decreto.

El primer decano, entonces llamado presidente, de la Facultad fue el doctor JUAN ANTONIO FERNÁNDEZ a quien sucedio en 1855 FRANCISCO JAVIER MUÑIZ, que por reelecciones sucesivas ocupó el cargo hasta 1862, fecha en la que le sucede JUAN JOSÉ MONTES DE OCA, que también por reelecciones sucesivas ocupó ese cargo hasta 1875, y por tanto en las épocas en que la ciudad de Buenos Aires sufrió la epidemia de cólera en 1867 y la de fiebre amarilla en 1871.

MONTES DE OCA fue un eximio cirujano que dejó destacados discípulos en ese arte, entre ellos su propio hijo MANUEL AUGUSTO e IGNACIO PIROVANO.

MANUEL AUGUSTO MONTES DE OCA sucedio a su padre en la cátedra de clínica quirúrgica; fue el primero en aplicar la antisepsia y a él se deben diversos métodos operatorios originales.

A M. A. MONTES DE OCA siguió en la cátedra quirúrgica IGNACIO PIROVANO, descollando de tal manera en esa enseñanza que fue considerado en su época como uno de los mejores -si no el mejor- cirujano de Sudamérica.

PIROVANO había perfeccionado sus estudios en Europa, donde residio tres años, y al regresar en 1875 ocupó la cátedra de histología y anatomía patológica, debiéndosele la introducción en la Argentina del microscopio en el estudio de la histología. Al año de su muerte, se inauguró su estatua en el patio central del Hospital de Clínicas.

En 1874, a raíz de una reglamentación acerca de la instrucción secundaria y superior, la Facultad de Medicina se reincorporó a la Universidad, convirtiéndose su Academia en la autoridad docente y administrativa de la institución. En 1880 la Facultad se hizo cargo del flamante Hospital Buenos Aires, llamado así durante el conflicto de ese año y más tarde Hospital de Clínicas, y en 1895 inauguró su edificio propio frente a ese hospital.

Mientras tanto la Facultad incorporaba a su seno distintos institutos científicos: en 1887 el doctor TELÉMACO SUSINI funda el Instituto de Patología que hoy lleva su nombre; en 1900, gracias a los esfuerzos de su donante, fundador y animador, doctor JUAN A. DOMÍNGUEZ, se crea el Museo Farmacológico, luego denominado Instituto de Botánica y Farmacología; en 1900 y 1913 se fundan los Institutos de Psiquiatría y de Clínica, por los doctores DOMINGO CABRED y LUIS AGOTE, respectivamente...

Con los estudios médicos de esta época está vinculada una de las grandes figuras públicas argentinas: GUILLERMO RAWSON, de iguales méritos como estadista, como orador y como higienista.

RAWSON, sanjuanino, realizó brillantemente sus estudios médicos en Buenos Aires, doctorándose en 1844 con una tesis sobre la herencia, que un admirador anónimo hizo publicar el año siguiente. De regreso en su provincia natal, se inició en la vida profesional y política: fue diputado provincial, diputado al Congreso de Paraná, ministro del presidente MITRE, diputado y senador nacional, retirándose de la vida política en 1876.

Ya entonces había comenzado su actuación universitaria, pues en 1873, con motivo de un nuevo plan de estudios, se había creado la cátedra de higiene pública, cuyo primer profesor fue RAWSOW. Diez años después se retiró de la ensenanza y destinó parte de su sueldo de jubilado para costear un premio al mejor trabajo sobre higiene pública.

RAWSON realizó varios viajes al extranjero, representando al país en certámenes internacionales de Europa y de Estados Unidos. Con él se inician en el país los estudios de higiene, en especial con carácter social y vinculados con el aspecto demográfico. Sus lecciones, editadas en París en 1876, se ocupan especialmente de los problemas de la higiene aplicados a la Argentina y estudian particularmente, desde este punto de vista, la ciudad de Buenos Aires.

El mismo año 1876 RAWSON presentó al Congreso de Filadelfia un trabajo titulado Estadística vital de la ciudad de Buenos Aires, que constituye el estudio más completo de carácter demográfico que hasta entonces se había escrito sobre el tema. De valor no inferior es su memoria sobre Las casas de inquilinato en la ciudad de Buenos Aires, en la que trata las condiciones de vida, desde el punto de vista higiénico, de los "conventillos" de su época.

Otra vida, como la de RAWSON, consagrada en gran parte a los problemas de la higiene del país, es la de JOSÉ PENNA, que fue director de la Asistencia Pública y del Departamento Nacional de Higiene, y creó en la Facultad de Medicina la cátedra de enfermedades infectocontagiosas.

63. LOS ESTUDIOS JURÍDICOS

Como con respecto a otros sectores científicos, esta época constituye un período brillante para el derecho argentino, que logra en él sus realizaciones más importantes: la Constitución del 53 y los Códigos.

Mientras que en la Constitución del 53 culmina en forma efectiva la serie de ensayos constitucionales representados por los Reglamentos, Estatutos y Constituciones dictados en el período comprendido entre 1810 y 1852, los Códigos armonizan las numerosas disposiciones de derecho mercantil y de derecho privado adoptadas en ese lapso.

Como el propósito del gobierno, en 1824, al designar una comisión con el objeto de "que se ocupe de la redacción del Código de Comercio" no se había cumplido, URQUIZA establece en 1852 una "Comisión encargada de preparar un proyecto de nuevos códigos: Civil, Penal, de Comercio y de Procedimientos", pero la revolución del 11 de setiembre malogra nuevamente la idea, hasta que la Constitución del 53 vuelve a plantear la cuestión, al fijar que corresponde al Congreso el dictado de los Códigos civil, comercial, penal y de minería, reservando en cambio el de procedimientos a la jurisdicción provincial; pero, no obstante los nuevos esfuerzos de URQUIZA la codificación no se inicia.

En este sentido es en la provincia de Buenos Aires donde se logran los primeros éxitos. En efecto, en 1856 a instancias de SARMIENTO, el ministro VÉLEZ SARSFIELD asume la tarea de proyectar un Código de Comercio que redacta en colaboración con el jurista uruguayo EDUARDO ACEVEDO y que, después de diez meses de trabajo, presentan ambos al gobierno en 1857. Es el Código de Comercio que en 1859 es aprobado para el Estado de Buenos Aires y en 1862 para la Nación. En cuanto a los restantes códigos, una ley nacional de 1863 autoriza a nombrar comisiones para redactarlos; en virtud de la misma, el presidente MITRE en 1864 firma un decreto nombrando "para redactar el proyecto de Código Civil al doctor DALMACIO VÉLEZ SARSFIELD.

VÉLEZ SARSFIELD es el más grande entre los jurisconsultos argentinos de la segunda mitad del siglo pasado. Estudio y se graduó de abogado en la universidad de su provincia natal, Córdoba, y en 1823 llega a Buenos Aires, donde inicia su carrera de estadista, de abogado y de jurisconsulto, consagrandó 30 años a la vida pública, 40 años a la profesión y 50 años a los estudios jurídicos. Actuó en la vida política durante la época de RIVADAVIA y después de Caseros: ocupando cargos importantes, como los de ministro en las presidencias de MITRE y de SARMIENTO, retirándose de la vida pública para consagrarse a la redacción del Código Civil.

Su actuación forense, siempre destacada, fue muy activa entre los años 1832 y 1842, antes de un breve exilio de cuatro años en Montevideo, donde también ejerció la profesión. Pero es indudable que VÉLEZ SARSFIELD debe su merecida fama a su actuación como jurista y en especial por su extraordinaria labor como redactor del Código Civil argentino, de tal manera que uno de sus biógrafos, ABEL CHANETON, pudo decir que "DALMACIO VÉLEZ SARSFIELD es la más alta capacidad jurídica de que pueda vanagloriarse el país"; y que "su Código Civil es la más estupenda hazaña intelectual realizada hasta hoy por un argentino."

El "Proyecto" redactado por VÉLEZ SARSFIELD apareció impreso en 1869, aprobándose a libro cerrado en 1870 y entrando a regir el 1 de enero del año siguiente. Ese Proyecto continuaba la tradición jurídica argentina, utilizando en buena medida gran número de leyes vigentes en su época de origen hispano e indiano. Además contenía numerosas notas y aclaraciones, pues en el mismo decreto de su nombramiento se estimaba que para el Código "sería muy conveniente que en los diversos artículos que lo forman, sean anotadas las correspondencias o discrepancias con las disposiciones del derecho establecido en los códigos vigentes de la Nación, como así su conformidad o disconformidad con los códigos civiles de las principales naciones del mundo." Esas notas constituyen un verdadero curso de legislación comparada.

Además de su labor en la redacción de los códigos civil y de comercio, se deben a VÉLEZ SARSFIELD numerosos trabajos, destacándose entre los jurídicos dos escritos de 1850, redactados a pedido directo o indirecto del gobierno de ROSAS. El primero, publicado en 1854, con el título Derecho Público Eclesiástico. Relaciones del Estado con la Iglesia en la Antigua América Española, se refiere a esta importante cuestión jurídica y política; el segundo, publicado en 1853, se titula: Discusión de los títulos del Gobierno de Chile a las tierras de Magallanes, y es un complemento a una obra de tema semejante publicada por PEDRO DE ANGELIS.

El "Proyecto" de Vélez Sársfield penetró en las aulas universitarias por obra de otro gran jurisconsulto: JOSÉ MARÍA MORENO, de quien se ha dicho que fue el primer intérprete del Código Civil. Fue por iniciativa del profesor MORENO que en 1872 el curso de derecho civil se amplió a cuatro años, uno para cada libro del Código.

Los otros códigos fundamentales de la legislación argentina, el de Minas y el Penal, fueron aprobados en 1886 y en 1889 respectivamente.

En materia de derecho internacional se destaca en esta época el jurista y diplomático CARLOS CALVO, a quien se debe un Diccionario de derecho internacional público y privado, aparecido en francés en 1885, y un tratado muy renombrado de Derecho internacional teórico y práctico de 1868, en el que expone el principio de que ningún gobierno debe apoyar en las armas reclamaciones pecuniarias contra otro país, principio que en 1902 invocó otro internacionalista argentino: LUIS MARÍA DRAGO.

A CALVO se deben también dos importantes trabajos de índole histórica: los Anales históricos de la revolución de la América latina acompañados de documentos en su apoyo, en cinco volúmenes, en francés y en castellano, y otra extensa colección de documentos con los tratados y convenciones internacionales de los estados de la América latina.

64. LOS ESTUDIOS HISTÓRICOS

Por su parte, los estudios históricos adquirieron en este período un renovado vigor y florecimiento, logrando una jerarquía científica no alcanzada hasta entonces. Este florecimiento abarcó todos los aspectos de esa disciplina: desde la recopilación de documentos, edición de fuentes y elaboración de grandes obras históricas hasta el establecimiento de instituciones destinadas a favorecer estos estudios y a conservar los recuerdos del pasado.

En parte este movimiento se había iniciado en el ambiente de los proscriptos de Montevideo, en el periodo anterior a Caseros. Así, siguiendo el modelo de una institución análoga fundada en 1838 en Río de Janeiro, en 1843, nace en Montevideo por iniciativa de ANDRÉS LAMAS, el Instituto Histórico y Geográfico del Uruguay, entre cuyos primeros miembros de número aparecen los expatriados SAN MARTÍN y RIVADAVIA.

MITRE figuraba entre sus fundadores, y al regresar a la Argentina fundó en 1854 una institución análoga en Buenos Aires con el nombre de Instituto Histórico y Geográfico del Río de la Plata, cuyos objetos, fijados en sus Bases orgánicas y en su Reglamento constitutivo de 1856, eran: "Centralizar las fuerzas intelectuales del país, haciéndolas servir a su adelanto y engrandecimiento; acopiar, preparar y clasificar los materiales que han de servir para escribir la historia del país; salvar del olvido los documentos históricos, geográficos y estadísticos que poseemos; hacer investigaciones históricas sobre las épocas anteriores y posteriores a la conquista, hasta nuestros días, ilustrando algunos puntos oscuros; fomentar por todos los medios que estén a su alcance los estudios históricos, geográficos y estadísticos, así antiguos como modernos".

Las vicisitudes políticas no permitieron larga vida a esta institución, que se desvanece hacia 1860 para renacer en 1893 con el nombre de Junta de Numismática Americana y que en sus primeros años se dedica a su finalidad específica: coleccionar y acuñar medallas, pero que al finalizar el siglo se convierte en Junta de Historia y Numismática Americana e inicia una labor propiamente histórica, con la edición de libros raros e inéditos.

Mientras tanto habían surgido iniciativas diversas relacionadas con los estudios históricos. En 1872 se funda el Instituto Bonaerense de Numismática y Antigüedades; en 1874 se proyecta la ley orgánica del Archivo General de la Nación, y en 1889 nace el primer museo histórico argentino.

Hasta entonces los recuerdos del pasado de valor histórico habían estado diseminados en el Museo Público o en manos de particulares, de ahí la conveniencia de agruparlos en una institución específica, que nace por iniciativa de la Municipalidad de Buenos Aires y que dos años después se nacionaliza como Museo Histórico Nacional. Su primer director, y en verdad fundador y animador, fue ADOLFO P. CARRANZA.

Agreguemos que entre las publicaciones periódicas que en este lapso aparecen y desaparecen, sobresale Historia, publicada por LUIS M. TORRES y FÉLIX F. OUTES en 1903; y que en 1913 asoma un grupo de jóvenes historiadores con nuevos métodos de investigación, que hacen acuñar la frase: "nueva escuela histórica argentina", con que JUAN A. GARCÍA lo califica.

Pero es indudable que en la época de la organización nacional la figura que se destaca en el campo de los estudios históricos es la de BARTOLOMÉ MITRE, cuyo nombre está vinculado con la historia de todos y de cada uno de los seis países americanos en los que residio durante su larga vida.

La personalidad de MITRE, como la de SARMIENTO, es de imposible calificación y clasificación. Hombre a la vez de acción y de pensamiento se dan en él, en admirable unidad, el estadista y el político, el poeta y el militar, el lingüista y el historiador. En nuestra historia nacional el nombre de MITRE sobresale igualmente en la historia política como en la militar, en la historia de las letras como en la de la ciencia.

Desde este último punto de vista se destaca su múltiple labor, iniciada durante su juventud en Montevideo y que abarca una extraordinaria producción que comprende grandes obras históricas, memorias y artículos periodísticos, así como discursos y arengas; y una no menos extraordinaria actividad científica puesta de manifiesto en la recopilación de documentos, ordenación de archivos, fundación y organización de instituciones, etcétera.

Los primeros trabajos históricos, en parte realizados en Montevideo, son de carácter biográfico: ensayos históricos sobre ARTIGAS, JOAQUÍN DE VEDIA, el general RONDEAU, RIVERA INDARTE y MARIANO MORENO. También fue una biografía la primera obra histórica de importancia publicada por MITRTE en Buenos Aires: la Biografía de Belgrano, aparecida en 1858 en una colección titulada "Galería de celebridades argentinas", para la cual Mitre escribió también una Introducción. Pero en verdad ese libro es mucho más que una biografía, y ya en la segunda edicion, aparecida en el año siguiente con el título Historia de Belgrano, su autor declara que se trata de la vida de un hombre y de la historia de una época, y cuando aparece la tercera edición su título ha cambiado nuevamente y está más de acuerdo con el contenido: es ahora Historia de Belgrano y de la independencia argentina, cuyos dos volúmenes aparecidos en 1876 y 1877, contienen ampliaciones respecto de la edición anterior, entre las cuales un capítulo de introducción en el que se estudian los aspectos sociales, culturales y políticos de las provincias del Plata antes de 1810. Finalmente, la cuarta edición muy ampliada, y ahora definitiva, de la Historia de Belgrano aparece en 1887, en el mismo año en que se inicia la publicación de la otra obra histórica de importancia de MITRE: Historia de San Martín y de la emancipación americana, en tres volúmenes que aparecen en 1887, 1888 y 1890.

No obstante sus títulos, que les confieren cierto carácter puramente biográfico, estas dos obras, a las que cabe agregar la magnífica Oración que MITRE pronunció en 1880 con motivo del centenario del nacimiento de RIVADAVIA, forman en realidad una cabal historia argentina, como parte integrante de la historia americana y en sus relaciones con la historia universal, correspondiente al período comprendido entre el virreinato y la tiranía.

MITRE escrutó ese pasado argentino en forma erudita y con criterio científico, no sólo a través de sus figuras próceres, sino con una visión de totalidad y con la penetración que le confería el hecho de ser uno de los forjadores del presente inmediato a aquel pasado. Es MITRE, por ejemplo, quien aclara que en el período de Mayo, no obstante las invocaciones a FERNANDO VII, las ideas de libertad y de independencia animan el movimiento aun antes de 1810.

La Historia de Belgrano de MITRE provocó dos polémicas importantes. La primera de ellas, con VÉLEZ SARSFIELD, es también cronológicamente la primera polémica de importancia sobre sucesos históricos argentinos y su interpretación. Tuvo lugar en 1854 con motivo de las críticas que VÉLEZ dirigió a las afirmaciones de MITRE, respecto de la repercusión de los sucesos de Mayo en el interior del país que BELGRANO recorrió durante su campaña. La polémica se desarrolló primero en forma periodística, para luego sintetizarse en dos libros: Rectificaciones históricas: General Belgrano, General Güemes, de DALMACIO VÉLEZ SARSFIELD, y los Estudios históricos sobre la Revolución de Mayo: Belgrano y Güemes de MITRE, ambos de 1864. Aunque esta polémica se refirió a sucesos históricos y a su interpretación, rozó también cuestiones vinculadas con el método histórico y con el concepto de la ciencia histórica, pero en este último sentido fue más importante la polémica que se produjo después de la aparición de la tercera edición de la Historia de Belgrano, entre MITRE y VICENTE F. LÓPEZ, es decir entre los dos más grandes historiadores de la época. También de esta polémica resultaron dos libros de importancia: Debate histórico. Refutaciones a las comprobaciones históricas sobre la historia de Belgrano, en dos volúmenes, de LÓPEZ y las Nuevas comprobaciones sobre historia argentina de MITRE, publicados ambos en 1882.

Al valor intrínseco de su producción histórica se agrega, para MITRE, el mérito de haber iniciado en el país una escuela de investigadores con un método y un concepto definido de la historia. Así dice MITRE, refiriéndose al objeto de esta ciencia: "Dar ordenación clasificándolos a esa masa de hechos informes o no bien definidos; desprender de ellos su correlación necesaria, su trascendencia y eficiencia; asignarles su significado desentrañando la acción consciente de los actores en ellos o el resultado fatal que debían producir o han producido; formar de las partes un conjunto, y del conjunto la ley a que ha obedecido en sus múltiples transformaciones y evoluciones, hasta asumir una forma articulada y una constitución orgánica; tal es el objeto de la historia, de cualquier modo que ella se escriba, y tal es la inteligencia que de la nuestra nos han dado los historiadores que se han venido sucediendo, ya sea acompañando senilmente los sucesos, ya salvándolos del olvido, ya proyectando sobre ellos una luz más o menos viva, más o menos falsa, porque todo eso sirve a formar los elementos del juicio racional o de la conciencia colectiva. No se acierta sino errando; ni se juzga sino por comparación". Y todo esto deducido de la construcción erudita, realizada sobre la base de los documentos y escritos depurados por la crítica y de los elementos testimoniales de la tradición.

Vinculada con la labor histórica de MITRE, no puede dejarse de recordar su obra de bibliógrafo y de lingüista, que le permitió reunir una de las mejores bibliotecas sobre las lenguas americanas, cuyo Catálogo razonado fue publicado póstumo por el Museo Mitre. Este Museo se creó en 1907 sobre la base de la donación de los herederos de MITRE, obedeciendo a un deseo de éste, de la biblioteca, colecciones, archivos y muebles existentes en su casa, que fue adquirida por ley. El primer director del Museo Mitre fue ALEJANDRO ROSA.

Otra figura excelsa en el panorama de la ciencia histórica argentina es la de VICENTE FIDEL LÓPEZ, padre a su vez de otro historiador argentino: LUCIO VICENTE LÓPEZ, que en 1878, antes que su padre, dio una visión panorámica de toda la historia argentina en sus Lecciones de historia argentina.

VICENTE F. LÓPEZ nació en Buenos Aires y siguió la suerte de todos los grandes hombres públicos de su época: estudio en la ciudad natal, emigró a Montevideo y a Chile durante toda la tiranía y regresado a la patria, después de 1852, desempeñó importantes cargos públicos: rector de la Universidad, profesor, ministro, etcétera. Pero en él sobresale el hombre de pensamiento y de estudio. En su vasta producción literaria descuellan sus importantes obras históricas: Introducción a la historia de la República Argentina, de 1881, en la que trata nuestro pasado desde la colonia hasta la caída de ROSAS; La Revolución Argentina, en cuatro volúmenes, también de 1881, en la que trata el origen de la Revolución y sus consecuencias militares y políticas hasta 1830; y su monumental Historia de la República Argentina, en diez volúmenes aparecidos entre 1883 y 1893, y en la que estudia el origen, evolución y desarrollo político de la República hasta 1852.

Cabe agregar el ya citado Debate histórico, el escrito precursor de su Historia: El Año XX, iniciado en 1872, que constituye un "cuadro general y sintético de la Revolución Argentina", y varias obras didácticas.

La labor histórica de LÓPEZ, de elevada factura literaria realzada por el gran poder de síntesis de su autor, se ciñe más a grandes ideas generales en las que utiliza similitudes y analogías que a un riguroso criterio erudito. LÓPEZ pretende "hacer la historia por medio del colorido local y la resurrección dramática de los tiempos sobre que se escribe", dejándose guiar más por los movimientos de los sucesos que narra, que por los documentos, incidiendo así la historia casi exclusivamente sobre los hechos políticos.

Con los nombres de MITRE y de LÓPEZ, máximos representantes de la historiografía argentina de la segunda initad del siglo pasado, no se agota el análisis del resurgimiento de los estudios históricos que se inicia en ese períodos y al que en mayor o menor medida contribuye un grupo numeroso de investigadores. Citemos al gibraltareño ANTONIO ZINNY que llega en 1842 al país, donde ocupa cargos públicos y docentes. Su mayor contribución histórica se debe a su labor como bibliógrafo, en la que descolló, aunque escribió varias biografías: de JUAN MARÍA GUTIÉRREZ, del Deán FUNES, del general PUEYRREDÓN, del general ÁLVAREZ THOMAS y de SARMIENTO; y una importante Historia de los gobernadores de las provincias argentinas desde 1810 hasta la fecha, en tres volúmenes aparecidos entre 1879 y 1882, a la que hizo preceder una cronología de los adelantados, gobemadores y virreyes del Río de la Plata desde 1535.

Como bibliógrafo se ocupó especialmente de bibliografía periodística, publicando en 1868 dos Efemeridografías, una de los periódicos de Buenos Aires y otra de los del interior; y en 1875 los resúmenes de los contenidos de dos diarios porteños importantes: La Gaceta de Buenos Aires, desde 1810 a 1821 y La Gaceta Mercantil de Buenos Aires, 1823, 1852. También de 1875 es una útil Bibliografía histórica de las Provincias Unidas del Río de la Plata, desde el año 1780 hasta el de 1821.

Otros bibliógrafos eruditos y amantes de los documentos, fueron los citados TRELLES y LAMAS. TRELLES ocupó las direcciones del Archivo Nacional y de la Biblioteca Pública, y su contribución a las investigaciones históricas consistió principalmente en la publicación de documentos inéditos relativos a nuestro pasado, en revistas bajo su dirección: ya privadas como la Revista patriótica del pasado argentino, que vivió desde 1888 hasta 1892; ya oficiales como el Registro Estadístico que dirigió desde 1857 hasta 1859, la Revista del Archivo General de Buenos Aires que fundó y dirigió desde 1869 hasta 1872, y la Revista de la Biblioteca Pública que fundó en 1879 y dirigió hasta 1882, fecha en que se suspendio para reaparecer en 1937.

LAMAS, nativo de Montevideo y que después de una destacada actuación pública en Uruguay se radicó en la Argentina en 1875, es autor de varias monografías históricas sobre temas rioplatenses, destacándose una dedicada a JUAN DÍAZ DE SOLÍS.

Terminemos esta reseña de los historiadores argentinos de la época de la organización nacional citando a LUIS L. DOMÍNGUEZ, poeta y diplomático, autor de una Historia Argentina, de 1861, precursora de la tendencia histórica de MITRE; al publicista y orador JOSÉ MANUEL ESTRADA, que en 1866 publicó unas Lecciones sobre la historia de la República Argentina, siguiendo la tendencia más tarde desarrollada por LÓPEZ; y a VICENTE G. QUESADA, bibliógrafo y polígrafo, que estimuló la búsqueda en archivos nacionales y extranjeros y que, como director de la Biblioteca Nacional, estuvo en Europa para estudiar la organización de las bibliotecas europeas y copiar documentos del período colonial dando cuenta de su cometido en un libro, del cual sólo apareció el primer tomo en 1877, con el título: Las bibliotecas europeas y algunas de la América latina, con un Apéndice sobre el Archivo de Indias, la Dirección de hidrografía y la Biblioteca de la Real Academia. Además, con el seudónimo de Víctor Gálvez, QUESADA publicó en 1888 Memorias de un viejo. Escenas de costumbres de la República Argentina.

65. LOS ESTUDIOS SOCIOLÓGICOS

A fines del siglo XIX estos estudios adquieren en la Argentina un nuevo impulso. Por un lado, la sociología como disciplina científica penetra en las aulas universitarias, mientras que por el otro, los escritores y estudiosos de la llamada "generación del 80" muestran una marcada preferencia por los temas sociológicos, siguiendo en estos estudios la misma dirección que les imprimieron sus iniciadores: ECHEVERRÍA, ALBERDI y SARMIENTO, es decir orientándolo más hacia sus aplicaciones al fenómeno de la vida argentina en sus aspectos histórico y político, que hacia la sociología pura.

La primera cátedra de sociología en la Argentina se creó en la Facultad de Filosofía y Letras de Buenos Aires en 1898: estuvo a cargo el año siguiente del historiador y sociólogo ANTONIO DELLEPIANE, que dictó el curso sólo un año, quedando después la cátedra vacante hasta 1904, fecha en la que se nombra profesor a ERNESTO QUESADA, que puede considerarse el primer profesor titular de sociología en el país.

QUESADA, que también fue historiador, dictó el curso hasta 1924 y lo desarrolló exponiendo cada año un aspecto distinto de la sociología: doctrinario, histórico o de aplicación a los fenómenos de la vida americana. Publicó la mayoría de sus cursos, y entre los estudios que se refieren a la aplicación de la sociología a los fenómenos argentinos cabe mencionar The social evolution of the Argentine Republic, publicado en Filadelfia en 1911, La vida colonial argentina (1917), El ciclo cultural de la Colonia (1923), etcétera.

La segunda cátedra de sociología en Buenos Aires se creó en 1908 en la Facultad de Derecho, y su primer profesor fue JUAN AGUSTÍN GARCÍA, exponente máximo de la orientación nacional de esta disciplina.

GARCÍA fue un profesor brillante y un jurista y un literato, que dejó una importante labor como historiador y como sociólogo. En la primera etapa de su producción nacional hizo conocer su obra más importante: La ciudad indiana, aparecida en 1900, que trata del Buenos Aires de los siglos XVII y XVIII y que constituye la primera obra argentina consagrada a estudiar los caracteres de la sociedad colonial. A esa obra habían precedido tres estudios históricos: Introducción al estudio del derecho argentino (1896), El régimen colonial (1898) e Introducción a las ciencias sociales argentinas (1899).

A una segunda etapa pertenecen numerosos ensayos y escritos sobre la evolución de la inteligencia argentina, donde aparece una nueva valoración de las ideas sociales de ECHEVERRÍA, LÓPEZ, MITRE, GUTIÉRREZ y ALBERDI. Entre esos estudios destacamos el ensayo sobre las fuentes y métodos de investigación: Historia de las ideas sociales argentinas, de 1915, y el plan que esbozó en 1918 para una Historia de la Universidad de Buenos Aires y de su influencia en la cultura argentina, que debía comprender diez o doce volúmenes, pero que quedó trunca publicándose únicamente en 1921 un volumen sobre la fundación de la Universidad con la biografía de su primer rector, escrito por el entonces presbítero NICOLÁS FASOLINO, y cuatro volúmenes sobre la Facultad de Medicina y sus escuelas, cuyo autor fue ELISEO CANTÓN.

También se ocuparon de temas sociológicos otros "hombres del 80", o inmediatamente posteriores, vinculados con las cátedras de la especialidad en Buenos Aires o en La Plata. Así AGUSTÍN ÁLVAREZ, que fue militar, abogado y hombre público, profesor y vicepresidente de la Universidad de La Plata, y autor de libros, ensayos y artículos de carácter sociológico, en especial vinculados con la evolución política argentina. Publicó en 1894 South America, y en 1899 Manual de patología política, colecciones de escritos periodísticos de crítica social, siguiéndole en 1904 el libro ¿Adónde vamos?, para culminar en 1912 con su obra más importante: La creación del mundo moral, publicada cuando ya era profesor universitario y en la que estudia los factores éticos que intervienen en las sociedades fundadas sobre la ciencia y la libertad. También fue labor de su cátedra universitaria la Historia de las instituciones libres, de 1909, en la que estudia la evolución de las ideas morales y su función en las instituciones democráticas.

Así CARLOS OCTAVIO BUNGE, hombre de actividad múltiple que cultivó las letras y las ciencias, publicando en 1903 una de sus obras más importantes: Nuestra América, en la que se propuso realizar una investigación psicosociológica con el objeto de describir la política de los pueblos hispanoamericanos con todas sus modalidades.

Entre los hombres del 80 que no estuvieron vinculados con las cátedras de sociología, pero que se ocuparon de temas sociológicos, sobresale JOSÉ MARÍA RAMOS MEJÍA, de actuación múltiple como médico, como escritor y como hombre público.

Como médico fue iniciador de los estudios psiquiátricos en la Argentina, fundador del Círculo Médico Argentino en 1875, fundador y primer director de la Asistencia Pública de Buenos Aires en 1883, y fundador de la cátedra de neurología, entonces llamada de "patología nerviosa", que inauguro en 1887.

RAMOS MEJÍA aportó a sus estudios históricos y sociológicos sus vastos conocimientos médicos y psicológicos. En este sentido, ya en 1878 hizo conocer su primer ensayo: Las neurosis de los hombres célebres en la historia argentina, que completó en 1882. Dentro del mismo orden de ideas, pero sólo con referencias incidentales a la historia argentina, es su trabajo de 1905 La locura en la historia, aunque en este campo su obra más completa es Rosas y su tiempo, en dos volúmenes, aparecida en 1907. Como introducción a este último libro RAMOS MEJÍA había publicado en 1899 Las multitudes argentinas, que es su trabajo más valioso desde el punto de vista sociológico y en el que realiza un estudio de psicología colectiva, bajo la influencia de las ideas expuestas por LE BON en su célebre libro Psychologie des foules (1898).

Citemos por último a JOAQUÍN V. GONZÁLEZ, entre cuya producción literaria, pedagógica, histórica y política figura La tradición nacional (1888), ensayo sociológico de nuestro pasado que complementó en 1910 con el extenso artículo: El juicio del siglo o cien años de historia argentina, aparecido como libro en 1913.

Terminemos agregando que a un mejor conocimiento de la vida social argentina, contribuyeron los datos estadísticos que fueron recogiéndose; en primer lugar los de carácter demográfico, luego los de toda índole.

La Oficina Nacional de Estadística, creada en 1856, se convirtió en 1886 en Departamento Nacional de Estadística, para transformarse por ley de 1894 en la Dirección General de Estadística, a la que se le encomendó la compilación de datos sobre el movimiento demográfico, el movimiento económico, el comercio y la navegación, los transportes y las comunicaciones, la industria, etcétera; y la publicación de los mismos. En 1903 se le encargó también la tarea censal. Recordemos que se dispone de datos sobre la población del territorio argentino desde los tiempos de la colonia, ya por recuentos o informaciones de viajeros, ya por cálculos aproximados, hasta que en 1869 se realiza el primer censo general de población al que le siguen, en este período, los censos de 1895 y de 1914. Este último censo fue también industrial, habiéndose realizado anteriormente otro censo de esta índole en 1908. En cuanto a los censos escolares, el primero fue provincial en 1872, actualizándose en 1876 los datos del censo general de 1869, hasta que en 1883 se ordena por ley el primer censo escolar nacional, al que le siguió, en este período, el de 1909.

66. LA ECONOMÍA Y LA TÉCNICA

Una característica de la vida argentina después de Caseros es la organización de su economía y de su técnica, a través del establecimiento de las instituciones oficiales y privadas rectoras de la economía nacional, de la realización de grandes obras públicas, y, en menor medida, de la creación de los centros respectivos de investigación y de estudio. La ganadería, que había sido la principal fuente de riqueza durante el virreinato y de la que habían nacido las primeras industrias argentinas: saladeros y curtiembres, no muestra otro progreso durante el período de la independencia que los intentos de refinación del ganado mediante la importación de animales de raza.

Los progresos en la agricultura en el período colonial fueron aun menores, lo que explica la prédica de VIEYTES y de BELGRANO en sus periódicos. No obstante, a principios del siglo pasado el país contaba con algunas industrias agrícolas: de la madera en Tucumán y Corrientes para la construcción de carretas y de embarcaciones, respectivamente; de cultivo y tejido del algodón en la región de las Misiones; del vino y del aguardiente en las provincias andinas: a las que el período de la independencia agregará la indutria del azúcar en Tucumán.

Será durante la época posterior a Caseros cuando la agricultura y la ganadería argentinas cobrarán gran impulso. Se abre el período de la colonización de los campos, empresa cuyo precursor es el salteño AARÓN CASTELLANOS, que en 1856 funda las primeras colonias de Esperanza (Santa Fe), y se crea la primera institución destinada a promover e impulsar las tareas agrícolas y ganaderas: la Sociedad Rural Argentina fundada en 1866 por un grupo de hacendados, y que ya en 1870 organiza un Instituto Agrícola, instituyendo campos de ensayos, y en 1875 inaugura la primera exposición exclusivamente agrícola-ganadera.

Al lado de una incipiente industria pesquera, también asoma durante el período colonial la explotación minera: hasta mediados del siglo pasado esa actividad se limitó a los minerales de oro (cuarzos auríferos) y de plata (galena argentífera), aunque con métodos muy perfeccionados. Tales exploraciones permitieron el descubrimiento de otros yacimientos, en especial de minerales de cobre, como por ejemplo la mina de Capillitas (Catamarca) cuya explotación en gran escala se inicia en 1856. También hacia esta época asoma la primera manifestación del interés oficial por los estudios vinculados con la riqueza minera del país, al designar URQUIZA, en 1857, a BRAVARD inspector general de minas; pero tal interés aparece cabalmente con la creación, en 1885, de la Sección Minas, dependiente del Departamento de Obras Públicas. Esta sección pasó a depender en 1898 del Departamento de Agricultura, de reciente creación, reorganizándose en 1904 como Dirección General de Minas, Geología e Hidrología.

A esta repartición nacional se deben en gran parte los trabajos científicos destinados a confeccionar el mapa geológico de la República, así como un extenso e importante plan de perforaciones, ya como auxiliares de los estudios geológicos, ya para la exploración y explotación minera e hidrológica. Fue precisamente una perforación en busca de agua subterránea la que llevó en 1907 al descubrimiento petrolífero de Comodoro Rivadavia, así como fueron perforaciones, ahora en búsqueda de combustible líquido, las que descubrieron posteriormente los yacimientos de Plaza Huincul y de Salta. La importancia de la explotación de Comodoro Rivadavia dio lugar en 1911 a la creación de una sección especial en la Dirección de Minas, sección que en 1922 se independizó constituyendo la Dirección General de Yacimientos Petrolíferos Fiscales (conocida como Y.P.F.), en la que se realiza, a través de investigaciones y publicaciones, una importante labor científica, en especial geológica, aplicada a la prospección y explotación de yacimientos petrolíferos.

En cuanto a la organización de las actividades comerciales y de las instituciones de crédito, puede fijarse su fecha inicial en la época de Rivadavia, cuando en 1822 se funda en Buenos Aires la Bolsa Mercantil, más tarde Bolsa de Comercio, y cristaliza la idea, ya propiciada en 1811, de fundar una institución bancaria, que nace por iniciativa y acción de RIVADAVIA y de su colega MANUEL JOSÉ GARCÍA con el nombre de Banco de Buenos Aires.

Agreguemos que la Caja Nacional de Fondos de Sud América, fundada por el Directorio en 1818 y disuelta en 1821, no fue en realidad una institución de crédito; y que la emisión de papel moneda databa de 1819.

A partir de 1822 la historia bancaria argentina es muy accidentada, y culmina, después de la "crisis del 90", con la creación de la Caja de Conversión en ese mismo año y del Banco de la Nación Argentina, por ley de 1891 y por iniciativa del presidente PELLEGRINI, de su ministro de hacienda VICENTE F. LÓPEZ y del que fuera el primer presidente del Banco: VICENTE L. CASARES.

Después de Caseros nacen también las instituciones especiales de tipo bancario. El ahorro, que contó como institución precursora una Caja de Ahorros fundada por RIVADAVIA en 1823, se estimuló con la transformación en 1853 de la Casa de Moneda en Banco de Depósito y Caja de Ahorros, aunque una institución dedicada especialmente a ese fin: la Caja Nacional de Ahorro Postal, no nace hasta 1914.

El primer Banco Hipotecario del país es el de la provincia de Buenos Aires, que inicia sus operaciones en 1872, mientras que el Banco Hipotecario Nacional se funda en 1886.

Terminemos recordando que el Banco Municipal de Préstamos de Buenos Aires nace en 1904.

También es durante este período cuando se fundan las organizaciones tendientes a estimular las actividades industriales. Ya citamos el Club Industrial Argentino nacido en 1875, cuyo presidente fue CARLOS PELLEGRINI. Unos años después, en 1878, se forma un Centro Industrial Argentino que en 1887 se fusiona con la institución anterior, surgiendo de esa fusión la Unión Industrial Argentina.

Por otra parte este período es el de las grandes obras de interés público: ferrocarriles, obras de saneamiento, puertos... El primer tramo ferroviario argentino, de unos 10 km, comprendido aproximadamente entre las actuales Plaza Lavalle y Plaza de Flores de la Capital Federal, fue inaugurado en 1857, aumentando incesantemente desde entonces la extensión de la red ferroviaria que a fines del siglo pasado era de unos 16.500 km, longitud que se duplicó en 1920, aunque en este siglo fue la red caminera la que mostró el mayor desarrollo.

Las obras de saneamiento de la ciudad de Buenos Aires, con la provisión de agua potable, fueron iniciadas en 1868, bajo el apremio de la epidemia de cólera del año anterior, y se inauguraron en 1871, continuando luego con ritmo variable hasta la constitución de una comisión especial (1891), presidida por uno de los "doce apóstoles", el ingeniero GUILLERMO VILLANUEVA. A partir de esa fecha el progreso fue incesante; en 1898 se extendieron esas obras al interior y en 1912 nacen como entidad autónoma las Obras Sanitarias de la Nación, con jurisdicción en toda la República.

La habilitación del nuevo puerto de Buenos Aires, a la que siguió la de los puertos de La Plata y de Rosario, se realizó hacia 1895, pero sus obras se habían iniciado en 1876 con proyecto y dirección técnica de HUERGO, siendo su empresario y animador EDUARDO MADERO, a quien se debe una obra de interés histórico: Historia del Puerto de Buenos Aires, de la que sólo publicó el primer tomo en 1892, que trata el descubrimiento del Río de la Plata y de sus afluentes y la fundación de las más importantes ciudades en sus márgenes.

Mientras que las actividades económicas y la técnica adquirían en la Argentina un gran desarrollo con ritmo acelerado, no ocurría lo mismo con los estudios teóricos respectivos.

En el campo económico, tales estudios se limitaron en el siglo pasado a las consideraciones de esa índole contenidas en los escritos de MORENO y de BELGRANO, y más tarde en los de ECHEVERRÍA, SARMIENTO y ALBERDI. En cuanto a la enseñanza señalemos que la cátedra de economía política, creada por RIVADAVIA quedó vacante más de un cuarto de siglo, reorganizándose hacia 1892. Por lo demás, la necesidad de tales estudios sólo se hace sentir oficialmente en este siglo, cuando se crea en 1912 la Escuela Superior de Estudios Económicos, que una ley del año siguiente convierte en la actual Facultad de Ciencias Económicas de Buenos Aires.

En el campo de la técnica el interes es mayor: así observamos cómo en el último lustro del siglo pasado aparecen tres destacadas revistas, dos de las cuales aún existen. En 1895 aparece la Revista Técnica importante publicación dirigida por el ingeniero ENRIQUE CHANOURDIE, que se ocuparía de ingeniería, arquitectura, minería e industria, como reza su portada, y que en verdad fue una tribuna que en sus largos 22 años de vida se ocupó de todos los grandes problemas nacionales y de las obras públicas del país, así como de las extranjeras y de cuestiones técnicas de actualidad, y en alguna ocasión también de cuestiones científicas.

Ese mismo año se funda el Centro Nacional de Ingenieros, una de las grandes organizaciones profesionales de la Argentina, que dos años después inicia la publicación de su órgano oficial La Ingeniería; y finalmente, en 1900, una asociación de estudiantes de ingeniería que se llamaba "La línea recta" fundada unos seis años antes, publica una Revista Politécnica que, al crearse él Centro Estudiantes de Ingeniería en 1904, se convierte en órgano de éste y se transforma en 1910 en la Revista del Centro Estudiantes de Ingeniería, que más tarde adoptó el nombre actual Ciencia y Técnica. Esta revista es de carácter más científico que las dos anteriores, pues además de ocuparse de temas generales y de cuestiones técnicas, publica lecciones de los cursos dictados en la Facultad y trabajos de ciencia pura.

No es ésta la única revista estudiantil de tal carácter existente en la Argentina a principios de este siglo. En verdad, una característica de la vida universitaria argentina es la publicación de órganos estudiantiles serios, que en buena medida contribuyeron al progreso intelectual del país. He aquí, como una digresión, la nómina de esas publicaciones hacia 1916: comencemos por la Revista del Centro Estudiantes de Medicina de Buenos Aires, fundada en 1901, y que en 1909 se fusiona con los Anales del Círculo Médico Argentino, nacidos en 1877, cuyo primer director fue el fundador del Círculo, RAMOS MEJÍA, para constituir la Revista del Círculo Médico Argentino y Centro Estudiantes de Medicina. También de 1901 es la primera manifestación del periodismo estudiantil de la flamante Facultad de Filosofía y Letras de Buenos Aires; pero Verbum, Revista del Centro de Estudiantes de Filosofía y Letras, se inicia en 1906 como coleccion de apuntes, para convertirse pronto en una cabal publicación estudiantil.

Cronológicamente en Buenos Aires le sigue un Boletín, aparece en 1906, pero que el año siguiente ya se convierte en Revista del Centro Estudiantil de Derecho.

De 1908 es en cambio la Revista del Centro Estudiantes de Agronomía y Veterinaria de Buenos Aires, fundada cuando la Facultad se denominaba Instituto Superior de Agronomía y Veterinaria de la Nación.

Acabamos de recordar que en 1913 se crea la Facultad de Ciencias Económicas de Buenos Aires; ese mismo año aparece la Revista de Ciencias Económicas como publicación mensual del Centro Estudiantes de Ciencias Económicas y otras instituciones vinculadas a él. El año siguiente, 1914, aparece la Revista del Centro Estudiantes de Odontología de Buenos Aires, fundado el año anterior; y en 1915 la Revista de Arquitectura, como órgano del Centro Estudiantes de Arquitectura de Buenos Aires.

En el interior del país también existían en 1916 varias publicaciones estudiantiles periódicas. En La Plata la revista estudiantil más antigua es El Museo, editada por el Centro Estudiantes del Museo, que sólo vivió de 1906 a 1908 siendo en cierto modo su sucesora la Revista del Centro de Estudiantes de Química y Farmacia nacida en 1912, mientras que en el año siguiente nace la Revista del Centro Estudiantes de Ingeniería.

En Córdoba una Revista del Centro Estudiantes de Ingeniería inicia su aparición en 1911, mientras que en Tucumán aparece por esa fecha una Revista del Centro Estudiantes Universitarios, órgano de los estudiantes de la Universidad de esa ciudad.

67. CONCLUSIONES

El lapso que desde Caseros llega hasta la segunda década de este siglo, es de una fecundidad extraordinaria para el pensamiento científico argentino. Mas, cabe distinguir en él dos períodos muy diferentes: el que comprende las presidencias de MITRE, SARMIENTO y AVELLANEDA; y el período posterior a la "crisis del 90".

En las décadas que van del 60 al 90 la ciencia argentina logra sus primeros éxitos, ya en el sentido de la organización y de la enseñanza científicas, ya en el de la formación de hombres de ciencia, ya en el sentido de la producción original.

En ese período se fundan o se consolidan los focos de elaboración del saber y las instituciones en las que la labor científica cobra vida permanente, así como los centros que la estimulan y apoyan y los órganos de trasmisión y propagación del saber elaborado; en una palabra, es el período en que se fundan y se organizan universidades, museos, observatorios, academias, sociedades, congresos y publicaciones periódicas.

Es también en este lapso cuando actúan los primeros científicos, formados entre nosotros, con labor propia y original, en especial en el campo de las ciencias naturales.

En gran parte tal éxito se debió a la visión e inteligencia de los hombres que rigieron los destinos culturales del país, pero también al "injerto cultural", es decir a la labor de los sabios extranjeros que cultivaron y enseñaron la ciencia en la Argentina durante ese período. Y en el campo de las ciencias naturales, en especial, el injerto tuvo éxito; sea por la bondad de la planta, por la fertilidad del suelo, o por factores circunstanciales del medio, el espíritu científico arraigó y fructificó, y sus frutos se llaman MORENO, AMEGHINO, HOLMBERG...

En los otros sectores científicos el éxito fue diferente: en las ciencias del hombre: historia, derecho, sociología, hubo grandes figuras pero en ellas no se dio la nota de universalidad; se cultivaron los estudios matemáticos, pero con ellos se formaron ingenieros; se realizaron muchas y excelentes observaciones astronómicas, pero no se formaron astrónomos; y el cultivo de la física, de la química y de la biología deberá esperar el siglo XX para desarrollarse.

Las características del segundo período son muy distintas, pues en él se produce en la ciencia pura un estancamiento, vale decir un retroceso: las instituciones científicas y universitarias vegetan, sus publicaciones merman. En Buenos Aires AMEGHINO, desalentado, piensa abandonar la dirección del Museo, ante el continuo fracaso de sus gestiones tendientes a mejorar las instalaciones de un museo cada vez más abarrotado y por tanto cada vez más inservible. Y si el Observatorio de Córdoba no se resintió mayormente en esa epoca crítica, fue debido a los compromisos internacionales que había contraído.

El Congreso Científico Internacional organizado por la Científica que no logra publicar sus trabajos, y las semidesiertas clases de física matemática de CAMILO MEYER, son símbolos de tal estado de cosas. Y no menos simbólico es el contraste sintomático que representa el impulso con que surgen a fines de siglo instituciones y revistas técnicas.

Este contraste es el síntoma revelador del cambio producido. La crisis del 90 fue interpretada como una crisis del progreso, por supuesto material, explicándose así cómo, al compás de un aluvión inmigratorio creciente (en 1906 entran al país más de un cuarto de millón de inmigrantes), se produce un incremento de las actividades técnicas en pos de un afán utilitario y de un interés material, que pospone o traba las preocupaciones por la ciencia pura o por las investigaciones desinteresadas.

Se cayó así en el error de adoptar y absorber las aplicaciones de la ciencia antes que la ciencia misma, y el de no advertir que detrás del excitante esplendor del progreso industrial y técnico se oculta ese trabajo puro y desinteresado que en gran medida ha contribuido a aquel progreso material.

Esta postura frente a la ciencia, de contemplar exclusivamente las necesidades inmediatas y de ver sólo los objetos próximos, y de carecer por tanto de una visión amplia del proceso, se modificará a mediados de la segunda década de este siglo.

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