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La cerilla de Darwin (o como los juicios sobre la ausencia de información pueden inducir a la desvalorización social)[]

  • Autora Diana Marre
  • Universidad de Barcelona

El día después del inicio del año 2000, el mundo, especialmente el mundo rico, respiró aliviado: el tan temido efecto 2000 sobre los ordenadores se había superado sin nada que lamentar. No sólo no se habían registrado problemas en cuestiones tan delicadas como las vinculadas a la carrera espacial o armamentista sino que tampoco el ciudadano medio había registrado inconvenientes adicionales en su cotidianeidad: el agua corriente seguía saliendo de los grifos, la energía eléctrica no se había interrumpido, los cajeros automáticos continuaban dando dinero, los hospitales cubrían sus servicios de urgencias y todos y cada uno de los aspectos de la vida cotidiana seguían su curso y también aquellos a los que habitualmente no accede el ciudadano medio pero que, a juzgar por el buen funcionamiento de los más inmediatos, pudo imaginar que estaban bajo control y por lo tanto no constituían una amenaza. El primer mundo, el mundo civilizado, tenía buenas razones para respirar tranquilo: la varias veces millonaria cifra de dinero que se había invertido en prever las posibles consecuencias del efecto 2000 había merecido la pena por lo que los contribuyentes no cuestionarían tal inversión y los políticos y gestores habrían cumplido con su deber de prevenir antes que curar.

Las evaluaciones finales de los organismos internacionales transmitidas puntual y prolijamente por la prensa en relación con el tema confirmaban que las previsiones tomadas habían estado en el buen camino y, como era de esperar, sólo habían fallado los ordenadores de algún país del Africa Subsaharina, lo que no sólo constituía la excepción que confirmaba la regla sino que servía para constatar, una vez más, las diferencias entre el norte y el sur, entre el mundo civilizado y el otro, entre los previsores y los que no lo eran. Naturalmente que esta no era la primera ni la más significativa, ni sería seguramente la última vez en que la carencia de tecnología, el desconocimiento de alguna técnica o la ausencia de información sobre algo, conducía a formas de diferenciación o subvaloración económica, social o cultural.

El objetivo de la presente comunicación (1) es reflexionar acerca de cómo algunos juicios emitidos por ciertas voces autorizadas, la prensa y los organismos internacionales en el ejemplo anterior, acerca de la ausencia de información o la falta de incorporación de alguna innovación pueden conducir a su desvalorización, su marginación o, incluso, su exclusión de ciertos procesos como, por ejemplo, la construcción de la nación. Tomaré como ejemplo para ello los juicios emitidos por ciertas voces autorizadas de la primera parte del siglo XIX sobre las mujeres rurales rioplatenses: las chinas, cuya exclusión del proceso de construcción de la nación argentina en razón de su identidad de género, étnica y territorial, he analizado recientemente, más larga y pormenorizadamente en una tesis doctoral. (2)

La "autoridad" de lo escrito

Pocos dudarían en afirmar que el proyecto de construcción de la nación argentina se asentó, en concordancia con los más difundidos principios del proceso de civilización de la época, analizados por Elías, (3) adoptados por la generación del 37, en el estímulo al establecimiento de una cultura urbana, europea, culta o civilizada que, para su instalación, debió apelar a la selección de un conjunto de representaciones que involucraron, por inclusión o exclusión, a diversos sectores de la vida social. Allí, al igual que en otros lugares, las representaciones culturales contribuyeron a la formalización de un imaginario colectivo que sostuvo a la comunidad imaginada, en palabras del clásico Benedict Anderson. (4)

La construcción de la nación, según Dodds, se vincula generalmente -o corre paralela con- la delimitación de un estado, para lo cual la identidad y autoridad política se ponen en manos de alguien que basa su autoridad en términos territoriales. Por ello, la cuestión de la delimitación del otro constituye uno de los momentos claves y definitorios de la vida política nacional. En esa delimitación, la ubicación de lo salvaje, lo bárbaro, lo incivilizado o inculto fuera de los límites internos del estado resulta central para la definición de los límites morales y políticos del nuevo estado. Se trata de la definición de los grupos liminares que cumplirán la función de espejos en relación con los cuales las naciones construirán su identidad. (5) Grupos liminales situados entre el adentro y el afuera del territorio que la nación se atribuye ­o pretende para sí-, en un borde que, en general, se denomina frontera, externa o interna. Sin embargo, a esos grupos liminares no sólo se les atribuye un espacio sino también unas condiciones que los constituyen en tales y, para ello, así como en la actualidad se recurre a la prensa, la academia o los informes de organismos internacionales, entre otras cosas, la última parte del siglo XVIII y, con ella, la Ilustración, institucionalizó con la categoría de "fuentes" a ciertos relatos de cronistas y viajeros. Relatos a los que se adjudicó el valor de verdaderas etnografías, especialmente porque proporcionaban algún tipo de información, supuestamente objetiva por provenir de un observador externo y supuestamente desapasionado respecto del problema, que permitía el conocimiento y estudio de poblaciones que, en tanto que marginales, estaban escasamente presentes en cualquier forma de "documentación". En muchos casos, fue su condición de "único" testimonio, real o mítico, lo que les confirió ­y aún les confiere- el valor de verdaderas etnografías con capacidad para convertirse en fuentes históricas.

Se trata de demostrar cómo algunas descripciones u opiniones sobre las mujeres rurales rioplatenses se convirtieron en imágenes hegemónicas de fuerte perdurabilidad en el imaginario nacional del XIX y que o bien aún perduran o bien, incluso, han comenzado a ser recuperadas en la actualidad. Se trata también de al menos sugerir la incidencia que esas representaciones culturales tuvieron tanto en aquellos autores que se propusieron definir una cultura que se convirtiera en el inconsciente de la nación, en recientes palabras de Bestard,(6) como en la producción del conjunto de las ciencias sociales posteriores que utilizó e interpretó esas mismas representaciones culturales para, entre otras cosas, hacer historia, antropología o política, instalando un camino de reproducción social a través de la perpetuación y fijación de imágenes que favorecieron y mantuvieron la exclusión. Se trata de documentos culturales que, en virtud de la jerarquización que les fue conferida por una primera utilización "autorizante", formaron ­y forman- parte del material habitual de trabajo de historiadores, etnohistoriadores, antropólogos, literatos y políticos. Representaciones culturales que no se pueden estudiar ni entender sin tener en cuenta las configuraciones de poder en las que se sustentaron o a las que remitieron y la producción y reproducción de prácticas sociales que estimularon. En tal sentido, como ya lo señalaron desde distintas perspectivas Said, Foucault, Williams, Hall y Gramsci entre otros, la idea es que no seremos capaces de redimensionar a las chinas, ausentes de cualquier forma de documento oficial como cualquier otro grupo subalterno, hasta que no seamos capaces de reconocer la influencia, perdurabilidad y coacción que ejercen los sistemas de representación hegemónicos, la producción de las ciencias sociales entre ellos, sobre los actores sociales en general y sobre quienes colaboran en su reproducción, generalmente a través de una producción cultural propia con capacidad para influir en distintos niveles del imaginario social.

Sin embargo, no hay nada nuevo en esta propuesta puesto que las disciplinas que entienden a las producciones culturales en general, entre ellas las escritas, como manifestaciones de representaciones colectivas a través de las cuales analizar lo social reconocen su más lejano antecedente en las formulaciones realizadas por Ëmile Durkheim y Marcel Mauss sobre las representaciones colectivas como mecanismo de cohesión social.(7) También en su obra Suicidio, Durkheim señaló que la vida social consiste en representaciones, una afirmación con la que coincidía otro importante pensador de su época, Sorel, quien atribuía a las representaciones el valor de sentimientos morales colectivos. (8) Se trata de acudir a las representaciones colectivas en tanto mecanismos que trascienden la actividad mental de los individuos debido a que el ser humano sólo está capacitado para comprender en la medida en que lo es de pensar mediante categorías cuya génesis y organización son anteriores a su experiencia individual y constituyen los marcos permanentes de la vida mental como señalaba Durkheim. (9) Chartier, en los últimos años se han centrado, entre otras cosas, en la relación existente entre la modalidad de apropiación de los textos y los procedimientos de interpretación que esos textos sufren. Es decir, ¿cómo los textos, convertidos en objetos impresos, son utilizados ­o manejados-, descifrados, apropiados por aquellos que los leen -o escuchan a otros que leen-? ¿Cómo, gracias a la mediación de esta lectura -o de esta escucha-, construyen los individuos una representación de ellos mismos, una comprehensión de lo social, una interpretación de su relación con el mundo?. (10) Como ha señalado Archetti, la antropología social va un poco más allá puesto que no sólo focaliza sobre lo escrito en tanto que práctica social sino más bien en la interrelación entre texto y práctica social.(11)

La importancia de lo escrito se fundamenta también en su influencia, desde las sociedades de Antiguo Régimen, en la emergencia de una esfera pública política, descrita por Habermas. Habermas señaló que el proceso de construcción de una esfera pública política u opinión pública fue favorecido desde la última parte del siglo XVIII por la difusión de múltiples formas de asociaciones que gestaron nuevos sistemas de ordenación social del mundo que difundían a través de la circulación masiva de escritos.(12) Si bien los periódicos tuvieron una importancia creciente en esa difusión, la literatura en general y de viajes en particular, colaboró significativamente en la definición y difusión de esos nuevos sistemas de ordenación social sobre los que, por ejemplo, instalar la nación. Como ha señalado Nash en relación a otros ejemplos del XIX, la iconografía, la retórica, la arquitectura, junto con la literatura y la reinvención de la memoria histórica, se constituyeron en los mecanismos idóneos para la construcción de la nación.(13)

A modo de ejemplo: las obras de Head y Azara y su influencia en la representación cultural de las poblaciones rurales rioplatenses.

A modo de comprobación de la hipótesis planteada, propongo una mirada sobre la obra de dos autores de fuerte perdurabilidad en las representaciones culturales sobre el mundo rural rioplatense en general y en especial de sus mujeres, las chinas: Félix de Azara (14) y Francis Bond Head.(15) De las múltiples representaciones que sobre las mujeres podrían analizarse en esas obras, he escogido aquellas referidas al papel de esas mujeres en el hacer y mantener el fuego, no sólo por ser particularmente significativo desde una perspectiva simbólica cultural general sino también porque, quizás por ello, esas representaciones tuvieron una larga tradición y perdurabilidad en otros muchos autores.

Se trata de obras cuya influencia en relación con las poblaciones rurales fue reconocida tempranamente, en 1833, por Lacordaire en un artículo de la Revue des deux Mondes en el que señalaba que la paternidad de las descripciones más acabadas y detalladas sobre las pampas argentinas debía adjudicarse a Head, Miers, Schmidtmeyer, Mary Graham y Azara. (16)

Las representaciones culturales de Azara reconocen un doble camino de influencias que resultarán, no obstante, convergentes. Por un lado, las mismas fueron recogidas desde el momento mismo de su primera edición, en francés, por otros viajeros, cronistas y científicos que recorrieron el área y que apoyándose en Azara, iniciaron el proceso de autorización de sus representaciones. (17). Sin embargo y sin pretender agotar la descripción de la red textual constituida a partir de la obra de Azara y a pesar de no contar hasta la actualidad con un estudio específico que lo demuestre, cabría afirmar que la parte más significativa de la autoridad adquirida por la obra de Azara, en especial su Viajes, no debería desvincularse del hecho de que Charles Darwin (18) también acudiera a ella reiteradamente, cuando narró su paso por las pampas en 1832-33 en una obra (19) editada en Londres en 1839,(20) convirtiéndola, de esa manera, en una obra científica en términos de las ciencias del XIX.

La segunda vertiente de influencias de las representaciones culturales de Félix de Azara es la que se inició justamente en ese momento, es decir, con su inclusión entre las obras científicas sobre el área y, por lo tanto, entre las más idóneas para convertirse en fuentes a partir de las cuales estudiar la realidad nacional argentina. La influencia de la obra de Azara en la escritura de la historia, por ejemplo y, con ello, en los considerados orígenes de la historiografía argentina al final de la primera mitad del siglo XIX, fue inaugurada por el primer editor, Florencio Varela, de su obra Viajes (21) en castellano en 1845. (22). Una influencia en la escritura de la historia de las poblaciones rurales de la nación que aún era reconocida en 1995 por un historiador argentino cuando señalaba que una de las tradiciones representativas más arraigadas sobre el mundo rural femenino rioplatense era la que se había iniciado con Azara y sus representaciones culturales sobre las chinas. (23). El mérito de la obra de Azara, según su primer editor en castellano, radicaba en la fuerza de observación y razón despejada que la transformaba en lo mejor y más exacto que se había escrito sobre esa parte de la América Meridional. (24). Un valor percibido tempranamente por el primer presidente argentino, Bernardino Rivadavia, impulsor en 1826 del proyecto liberal de construcción la nación que fructificó a fines de la década del 80 del siglo XIX, que le estimuló a realizar la primera traducción castellana de la obra de Azara para favorecer su difusión en las tierras del Plata. (25).

En cuanto a la obra de Head (26), no sólo fue incluida también por Lacordaire como alguien a quien adjudicar la paternidad de la descripción de las pampas sino que, más recientemente, Dodds, por ejemplo, lo ha señalado junto a Charles Darwin, Woodbine Parish, Aimé Bonpland, Alcides d'Orbigny, Hermann Burmeister y Martin de Moussy como los naturalistas más importantes del temprano siglo XIX argentino. (27). A pesar de coincidir con Dodds en la importancia atribuida a las obras de los autores mencionados, cabe señalar que no todos ellos eran naturalistas o científicos. De hecho ni Parish ni Head lo eran aunque ello no significó, como lo demuestran las consideraciones de Dodds, una menor difusión e importancia de sus textos ni tampoco una subordinación respecto de textos científicos como los de Darwin o Bonpland, a los que fue asimilado. Incluso, mucho más recientemente, Adolfo Prieto en un trabajo sobre la influencia de los viajeros y cronistas ingleses al Río de la Plata en la construcción de una literatura nacional, ha señalado su indudable influencia diciendo que cualquiera sea el grado de persuasividad que se atribuya hoy...[al] texto de Head, cualquiera sea la respuesta a sus entonces novedosas representaciones del paisaje y de la sociabilidad argentinas, no parece que quepan dudas de que para los lectores contemporáneos el texto resultó altamente persuasivo y original. (28).

La obra de uno y otro autor, Azara y Head, han sido recientemente reeditados por la editorial El Elefante Blanco de la ciudad de Buenos Aires en razón no sólo de la importancia de sus consideraciones en la época en que escribieron sus obras sino también el hecho de que quien lea [...] con ánimo de encontrar lo propio de nuestra naturaleza y de nuestra historia, hallará similitudes que han perdurado 200 años,(29) es decir, hasta ahora. Sin embargo, esas obras no sólo sirven actualmente para recrear imágenes del pasado entre un público lector general puesto que, en un anuncio reciente de un congreso a realizarse en Argentina en el próximo mes de setiembre, se convocaba a los interesados a tomar parte de un workshop sobre viajeros señalando que "en 1826 Francis Bond Head decía: "La experiencia, al fin, se ha adquirido a costa de pérdidas grandísimas, y mediante ella sabemos hoy que tanto la formación de las compañías como su fracaso han provenido de una causa única, a saber: nuestra ignorancia del país que iba a ser teatro de la especulación" Era la época, señalaba el coordinador de la mesa, en que gran cantidad de europeos ilustrados o medianamente ilustrados salía a recorrer el mundo, entre otras cosas para clasificar las posibilidades de inversiones y explotación de recursos naturales. Fue el período en que los viajeros dejaron de describir los paisajes para pasar a relatar las posibilidades de los recursos naturales. Si los viajantes del siglo XVIII y comienzos del XIX dispusieron de los medios de conocimiento -la historia natural como instrumento de aprehensión de la realidad- esto se debió a una nueva fase expansionista del mundo europeo, a un segundo movimiento de fronteras considerando como primero el de los descubrimientos de los siglos XV y XVI. Movimiento de fronteras, aquel, que acompañaba la demanda de alimentos y materias primas del mundo industrializado. La historia natural es, a igual que lo es la estadística, instrumento fundamental para la construcción del Inventario del Mundo que tiene lugar en el siglo XIX". Razones lo suficientemente relevantes como para plantearse como principal objetivo del workshop el de "reunir una serie de trabajos que aborden como fuente principal las narrativas de viajeros [dado que] consideramos fundamental que los mismos no se limiten a una perspectiva descriptiva ni al pintorequismo [sino a] incluir la narrativa de viajeros dentro del expansionismo del capítalismo europeo [y] redimensionar los relatos de viaje como fuente para el historiador económico". (30)

Las mujeres "literalmente no tienen nada que hacer": sólo fuego (sin cerillas)

Las representaciones de Azara en relación con su aspecto y su sexualidad son tan conocidas y frecuentadas que casi se podrían analizar sólo a través de sus exégetas y, por ello, pueden ser omitidas en esta ocasión.

Sin embargo el descuido y la indolencia de las mujeres rurales se comprobaba, según Azara, de manera contundente a través de ciertas actividades. Si bien de casi todos los habitantes rurales dijo que "la mayor parte del tiempo están ociosos"(31) fue mucho más explícito con respecto a las mujeres de quienes dijo que "en general no se ocupan de coser ni hilar; sus quehaceres se reducen a barrer, encender el fuego para asar la carne y calentar el agua para hacer la infusión de mate o hierba del Paraguay". (32)

También Head se refirió a la natural indolencia de las mujeres de las pampas señalando, entre otras cosas que, "las inmediaciones del rancho y corral están cubiertas con huesos y osamentas de caballos, astas de novillos... que les dan el olor y aspecto de perrera mal cuidada en Inglaterra". (33)

Azara -y junto a él todos cuantos lo han citado- atribuyó el cúmulo de osamentas que rodeaban las casas de los habitantes rurales a la indolencia de las mujeres cuando señaló que "los alrededores de sus casas están siempre cubiertos de huesos y cadáveres de vacas, que se pudren y apestan, porque estos ganaderos no comen más que el solomillo la pierna y la carne que recubre el vientre y el estómago [...] y tiran todo lo demás" (34)

La carne asada a la brasa fue señalada por la totalidad de los relatos como el alimento sólido básico así como la infusión de hierba mate preparada con agua caliente constituía la bebida esencial de las poblaciones pampeanas. Una necesidad de materiales con qué hacer fuego para la cual el propio Azara también había constatado que "desde el Río de la Plata hasta el estrecho de Magallanes no hay ninguno [árbol] ni se encuentra ningún bosquecillo porque, en efecto, son extremadamente raros en estos parajes".(35) Una carencia que en palabras del mismo autor no sólo se comprobaba a partir de la inexistencia de árboles sino también del hecho de que si bien en "en algunos lugares ... se encuentran algunas biznagas (especie de gran zanahoria silvestre) y cardos, que se reúnen para encender fuego, como no hay bastantes, se queman también los huesos y el sebo de los animales y la grasa de las yeguas."(36) Asimismo, según el mismo autor, no sólo madera faltaba en el área sino también piedra por lo que "saben encender fuego sin piedra de chispa... Para este efecto hacen dar rápidamente vueltas a un pedazo de palo, del grueso de un dedo, que hacen entrar por un extremo en otro pedazo agujereado al efecto, y le dan un movimiento como el de un molinillo de chocolate, hasta que es movimiento, reiterado, produce un polvo semejante a la yesca inflamada". (37)

Una dificultad a la que también se refirió Darwin cuando señaló la sorpresa general que había causado entre la gente de la campaña el hecho de que él llevara consigo cerillas y pudiese hacer fuego de manera inmediata, al punto de que al espectáculo de encender el fuego con dicho elemento convocara a todos los presentes o le ofrecieran hasta un dólar por una sola de ellas. (38)

Resulta particularmente extraño que relatos como el de Darwin no hayan estimulado a todos quienes han citado a Head y Azara para referirse a la indolencia de las mujeres rurales no hayan confrontado esos relatos con otros de la misma época. De ser así hubiese sido posible comprobar a través de otro viajero al Río de la Plata de los años 1817 y 1818, Brackenridge, que nunca se constituyó en una obra fundadora, que tales consideraciones necesitaban ser matizadas. Según Brackenridge, él fue informado que "este árbol, el cual es llamado "umbu", es muy blando y poroso, y contiene mucha savia, o más propiamente agua, que no se quemará aún después de haber sido cortado mucho antes. Un señor me contó que la primera vez que vino a este país, se sorprendió un día viendo a una mujer tratando de partir el cráneo de un buey para usarlo como combustible, mientras que un tronco de madera estaba tirado a su costado, el cual ella no parecía pensar en utilizar para este propósito; pero este tronco era del incombustible "umbu"... entre las cosas curiosas que me llamaron la atención fueron los restos de un cercamiento formado enteramente por cabezas secas de bueyes, apiladas unas sobre otras". (39)

En tal sentido, la gran cantidad de osamentas en torno de los ranchos, "cual perrera mal cuidada de Inglaterra" según palabras de Head, pudo también pensarse como el único recurso que tenían las mujeres rurales para cumplir con la "femenina" tarea de encender el fuego, mantenerlo y producir suficiente brasa como para proporcionar los elementos básicos de la dieta cotidiana de las poblaciones pampeanas, carne asada e infusión de hierba mate. En una geografía caracterizada por la ausencia de árboles de dónde obtener madera, salvo el típico e incombustible ombú de fibra acuosa descrita por Brackenridge, y por la abundancia de pastizales bajos, las osamentas secas de animales constituían el único material combustible. Es decir que la aparente desidia y falta de higiene, pudo ser también pensada como una inteligente actitud de reciclaje y recuperación de materiales para otros usos. Un mecanismo de recuperación al que se llegaba dejando que los animales de carroña -perros y caranchos- quitaran toda la carne de los huesos, exponerlos al aire y sol hasta que estuvieran suficientemente secos como para ser utilizados para la combustión.

Como también señaló Brackenridge, en una geografía caracterizada por la total ausencia de cualquier forma de hito natural con que delimitar un espacio y por la absoluta escasez no sólo de madera sino también de piedra, las osamentas apiladas contribuían también a gestar alguna forma de constitución de un espacio privado en torno del rancho, es decir, que funcionase como transición entre la plena pampa y el interior mismo de la casa.

La relectura de los mismos textos a la luz de la confrontación con otros de la misma época que, sin embargo, no se convirtieron en fundacionales ni clásicos, permitiría nuevas interpretaciones con que matizar representaciones culturales hegemónicas acerca de la indolencia, pasividad y despreocupación de la mujer de las pampas, las chinas fuertemente sesgadas desde una perspectiva de género.

Sin embargo, no sólo la comparación con otros relatos de la misma época hubiese permitido otras interpretaciones. La consulta del más elemental y corriente de los diccionarios enciclopédicos hubiese permitido comprobar que el invento y difusión de la cerilla se produjo en Inglaterra en torno al año 1826 o 27, varios años después que Azara produjera sus representaciones sobre el ámbito rural rioplatense y en el mismo año en que Head cruzaba las pampas a caballo tomando rápidas notas con las que completar su relato de viaje. Incluso, como se intuía en el relato de Darwin, también para él, en los primeros años de la década del 30 cuando recorría las pampas del sur, las cerillas eran una invención de reciente adquisición y difusión.

Sin embargo, tampoco aquí acabarían las posibilidades de comprobación de dichos textos antes de su "autorización" como fuentes o etnografías de ciertos grupos. También la consulta del más elemental y corriente de los diccionarios hubiese permitido constatar que de todos los elementos proporcionados por la naturaleza los que cuentan con mayores cantidades de fósforo natural son los huesos en general, los de animales entre ellos, es decir, aquellos que conferían a los alrededores de las casas rurales, la apariencia de "perrera mal cuidada de Inglaterra" por indolencia de las mujeres rurales, las chinas.

Cabría entonces preguntarse si podemos, legítimamente, seguir reproduciendo formas de la subvalorización social, al repetir con Head y Azara, de manera acrítica que las mujeres rurales rioplatenses eran indolentes porque "sólo" se ocupaban de hacer el fuego para obtener brasa para asar la carne y calentar el agua para hacer el mate o porque acumulaban huesos secos en los entornos de sus ranchos. Es decir, porque carecían de la información necesaria acerca de una innovación recientemente producido en la Europa ilustrada, "culta" y "civilizada" de principios del XIX, equiparable en la actualidad con el "norte rico" o "primer mundo" al que apelan los medios de comunicación e informes de organismos internacionales que hacen las veces de crónicas y relatos de viajeros ilustrados, en su tarea de construcción del "otro" frente al cual el "nosotros" se define y refuerza, es decir, de imposición de formas culturales homogéneas.

En tal sentido, entre los problemas a investigar por los científicos sociales en la actualidad se halla el de cuáles son, qué forma tienen y cómo influyen las "cerillas de Darwin" con que el mundo desarrollado mide y (sub)valora a los eufemísticamente llamados "terceros países" a través de su (in)capacidad o lentitud para acceder o difundir alguna innovación.

Notas[]

  • 1. Agradezco la sugerencia de este título para el presente artículo que me hiciera llegar el doctor Ignasi Terradas Saborit, coordinador de la mesa en que la primera versión del mismo fue presentada. Como señalé entonces, fue también un artículo del doctor Terradas del año 1991 el que me dio un conjunto significativo de sugerencias acerca de cómo y a través de qué estudiar grupos sociales marginales o subalternos habitualmente ausentes de toda forma de documentación o registro oficial.
  • 2. Marre 2000.
  • 3. Elías [1977] 1988.
  • 4. Anderson 1983.
  • 5. Dodds 1993, 312.
  • 6. Bestard 1999
  • 7. "Sobre algunas formas primitivas de clasificación. Contribución al estudio de las representaciones colectivas" apareció a principios de este siglo en L'Année sociologique, vol VI. Durkheim y Mauss [1902] 1996.
  • 8. Llobera 1998, 5.
  • 9. Sin embargo, como señala Burke, la nueva historia cultural no es tan nueva como sostienen los que la practican. En tal sentido, resulta particularmente significativo en el contexto del presente trabajo el hecho de que uno de los antecedentes más lejanos que se reconoce a estas nuevas aproximaciones a lo social se encuentren en el libro del historiador mexicano Edmund O'Gorman, la Invención de América publicado en 1958, que, como señala Burke parece ahora una obra pionera. Asimismo, "La historia de la vida cotidiana" era el título de una serie de Hachette que se empezó a publicar en los años 30. Las comparaciones entre historia y antropología comenzaron a hacerse a principios de siglo y ya en el siglo XIX los folkloristas y anticuarios estaban escribiendo una especie de historia "desde abajo". Burke 1993, 109. La tradición epistemológica de acudir al análisis de las representaciones colectivas como una forma, quizás la mejor, de analizar las formas sociales, fue retomada con gran fuerza a fines de la década del 60 por un sector importante de la Escuela francesa de Annales en una tendencia de análisis social a la que posteriormente se ha denominado el "giro antropológico", historia antropológica o ethnohistory y en la que se incluyeron, en su primera etapa, pensadores, teóricos y analistas sociales como Pierre Bourdieu y Michel de Certeau.
  • 10. Chartier 1992, 1
  • 11. Archetti 1994, 12
  • 12. Habermas [1962] 1981.
  • 13. Nash 1995, 191.
  • 14. Cuando en 1778, las coronas de España y Portugal fijaron, por el Tratado de San Ildefonso -que ratificaron por la paz de El Pardo-, las bases para delimitar y consolidar sus siempre conflictivas fronteras externas, ambas designaron comisionados para determinar los límites sobre el terreno entre los cuales se hallaba Félix de Azara, escogido por la corte de Madrid y para lo cual se instaló en la ciudad de Asunción del Paraguay adonde llegó por tierra desde el puerto de Buenos Aires tomando los primeros datos para sus relevamientos topográficos. Los años siguientes de su estancia en América los pasó en Asunción ordenando materiales y recogiendo información de los archivos. En 1788 envió a Madrid los materiales para su historia natural de las aves del Paraguay, editada en 1801 en Francia, Azara 1801, y en 1802 en España, Azara 1802ª. A mediados de la década del 90 del siglo XVIII fue trasladado a Buenos Aires para tomar a su cargo la inspección de la frontera sur, Azara [1837] 1969-1972, por lo que recorrió las pampas argentinas durante dos años luego de lo cual se le encomendó la instalación de un pueblo de españoles en el norte de la actual frontera uruguayo-brasilera (Los materiales relativos a los problemas para la demarcación de límites entre Portugal y España fueron publicados por primera vez en Azara [1836] 1969-1972) para lo que se trasladó a la Banda Oriental del Uruguay donde completó sus observaciones sobre la vida rural de las pampas. Regresó a la Península a principios del XIX donde entre 1802 y 1805 se publicaron sus primeras obras y luego marchó a París. Poco se sabe de su vida posterior, sólo que murió en 1821, aparentemente en el mismo pueblo de Aragón en que había nacido.
  • 15. Para mayor información de la vida y obra de Francis Bond Head ver, entre otras cosas, Marre 2000, capítulo VII.
  • 16. Lacordaire 1833, 504-505
  • 17. Brackenridge, por ejemplo, utilizó la cartografía de Azara para su viaje y para contextualizar sus relatos. Brackenridge [1817] 1818. E. Vidal que publicó una obra sobre Buenos Aires y las pampas circundantes en 1820, cuyo principal valor es el de proporcionar las primeras imágenes visuales sobre ese nuevo espacio acompañó a muchas de ellas con reproducciones textuales de muchos tramos de la obra de Azara Vidal [1820] 1923. Isabelle, un francés que escribió sobre sus impresiones del Plata tomadas entre 1830 y 1835 también citó frecuentemente a Azara. Isabelle [1835] 1943. También León Palliere que visitó la Argentina en la segunda mitad del siglo XIX y que acompañó su texto, al igual que Vidal, con una significativa cantidad de imágenes, citó en reiteradas oportunidades a Azara para referirse a las poblaciones rurales a pesar de que, en muchos aspectos difería con Azara. Palliere [c. 1856-1866] 1945, 101
  • 18. Darwin frecuentemente se refería a Azara introduciendo sus frases con "I may add on the high authority of Azara" Darwin 1839, capítulo IIII
  • 19. Narrative of the surveying voyages of his Magesty's ships Adventure and Beagle, Between the Years 1826 and 1836, Describing their Examination of the Southern Shores of South America, and the Beagle's Circumnavigation of the Globe
  • 20. Darwin 1839.
  • 21. La obra fue editada por primera vez en 1809 en Francia y en francés, al año siguiente en alemán, Azara [1809] 1810, y poco después en italiano, Azara [1809] 1817.
  • 22. Varela [1846] 1850, 1. En la edición publicada e Madrid en 1923, Azara [1809] 1923 recientemente reeditada en Buenos Aires Azara [1809] 1998, el autor del estudio inicial señalaba que Azara a su regreso a España se había propuesto como tarea "publicar la única parte de sus largos trabajos quepodría imprimir sin permiso de la Corte, es decir, la historia de los cuadrúpedos y de las naves (sic)". Azara [1809] 1998, 27. En el mismo prólogo se señalaba que, poco después de realizar esas ediciones en Madrid en 1802, Félix de Azara de dirigió a París donde su hermano Nicolás se desempeñaba como embajador de la corte de España en Francia, de lo cual puede deducirse que esta haya sido la razón por la que Félix de Azara encontró mejores posibilidades de publicación de su obra Viajes en Francia que en España.
  • 23. Mayo 1995, 165
  • 24. Varela [1846] 1850, 1.
  • 25. En los comentarios sobre el traductor de la primera edición, se indicaba que Rivadavia había comenzado la traducción en mayo de 1833 en París como una forma de sentirse cerca de su patria que se hallaba sumida en los sucesos más adversos por los "errores y violencias de sus propios ciudadanos". Varela [1846] 1850, 2.
  • 26. Rough notes taken during some rapid journeys across the Pampas and among the Andes by Captain F. B. Head. Head [1826] 1920.
  • 27. Dodds 1993.
  • 28. Idem.
  • 29. www.elefante blanco.com
  • 30. Las cursivas son mías. MAILAMERICA, http://www1.uji.es/cial
  • 31. Azara [1809] 1998, II, 155.
  • 32. Azara [1809] 1998, II, 158.
  • 33. Head [1826] 1920, 29.
  • 34. Azara [1809] 1998, II, 157.
  • 35. Azara [1809] 1998, I, 89.
  • 36. Azara [1809] 1998, I, 90.
  • 37. Azara [1809] 1998, II, 70.
  • 38. I carried with me some promethean matches, which I ignited by biting; it was thought so wonderful that a man should strike fire with his teeth, that it was usual to collect the whole family to see it: I was once offered a dollar for a single one. Darwin 1839, capítulo III.
  • 39. Brackenridge [1817] 1818, 51.

Bibliografía[]

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  • Copyright Scripta Nova 2000

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