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La evolución del pensamiento científico en la Argentina[]

  • PARTE PRIMERA: LA COLONIA
  • CAPÍTULO III: LA ATMÓSFERA CUTURAL

12. CRONISTAS E HISTORIADORES

Los establecimientos de enseñanza que acabamos de reseñar y que polarizan la leve brisa científica que sopla en la Argentina durante el período colonial, emanan de los dos factores más importantes que contribuyeron a formar el incipiente ambiente científico de esa época: la labor de las órdenes religiosas y la penetración de las nuevas ideas que en el siglo XVIII imperaban en Europa.

A las órdenes religiosas debe la Argentina el despertar y los primeros balbuceos de su vida cultural. La evangelización, la docencia y la labor científica que en la Edad Media fueron los motivos cardinales que presidieron a su creación, fueron también las tareas que se impusieron las órdenes en América, aunque en estas regiones, por las condiciones de sus habitantes, la misión evangelizadora absorbiera la mayor parte de sus esfuerzos.

Reseñamos en los parágrafos anteriores la participación de las órdenes en los viajes de exploración y en la enseñanza; ya veremos esa participación al reseñar otros aspectos de la cultura científica.

Empezando con la labor histórica, puede incluirse en esa labor gran parte de la literatura colonial, pues ésta contiene, en mayor o menor medida, datos de interés histórico, junto con descripciones del ambiente natural y de las costumbres de la época.

Así, contiene datos históricos y geográficos aprovechables el largo "poema histórico" de MARTÍN DEL BARCO CENTENERA": La Argentina y Conquista del Río de la Plata, con otros acontecimientos de los reinos del Perú, Tucumán y Estados del Brasil, publicado en 1602 y que ofrece además el hecho interesante de traer por primera vez impreso el nombre "Argentina".

También contienen interesantes descripciones geográficas y de costumbres los escritos de PEDRO HERNÁNDEZ: Relación de las cosas sucedidas en el Río de la Plata, escrita en 1545, aunque publicada en 1906, y Comentarios de Alvar Núñez Cabeza de Vaca, publicados en 1555, si bien su finalidad es la de justificar actuaciones personales.

En cambio ya tiene finalidad de crónica histórica La Argentina del criollo paraguayo RUY DÍAZ DE GUZMÁN, fechada en Charcas en 1612 y que seguramente llegó trunca hasta nosotros, pues sólo trata de los acontecimientos ocurridos entre la llegada de SOLÍS y la fundación de Santa Fe.

Por su parte, los jesuítas realizaron una ponderable labor histórica, a través ya de los cronistas regionales encargados de recoger materiales y componer con ellos los relatos históricos relativos; ya de las Cartas Anuas que frecuentemente traen elementos informativos de gran valor; ya de los escritores que al ocuparse de temas especiales tratan incidentalmente de asuntos históricos. Una de las primeras manifestaciones de esa labor es la Historia de las provincias del Paraguay de la Compañía de Jesús del padre belga NICOLÁS DE TOICT (más conocido por su pellido castellanizado DEL TECHO), aparecida en latín en 1673 y traducida en 1897, que constituye la primera historia de la provincia jesuítica que incluía la Argentina. Cronológicamente le sigue la Historia de la Compañía en la Provincia del Paraguay del padre PEDRO LOZANO, escrita entre 1730 y 1745, cuya primera parte, relativa a los acontecimientos civiles ocurridos en el Paraguay, Río de la Plata y Tucumán, e inédita hasta 1873, constituye una de las obras en que se han apoyado los cronistas e historiadores posteriores. Entre otras obras LOZANO publicó una Descripción Chorográfica del terreno, ríos, árboles y animales de las dilatadísimas provincias del Chaco Gualamba y de los ritos y costumbres de las innumerables naciones bárbaras e infieles que las habitan; con su cabal relación histórica de lo que en ellas han obrado para conquistarlas algunos gobernadores y ministros reales, y los misioneros jesuítas para reducirlas a la le del verdadero Dios. Sobre la base de las crónicas anteriores, desde la de RUY DÍAZ hasta la de LOZANO, aparece en 1756 una Historia del Paraguay, en francés, del padre jesuíta PEDRO FRANCISCO JAVIER DE CHARLEVOIX, que en 1779 DOMINGO MURIEL tradujo al latín, completándola con la crónica de los sucesos ocurridos entre 1747 y la fecha de la expulsión de los jesuítas (1767). El traductor de esta obra de CHARLEVOIX fue un destacado profesor de filosofía y teología de la universidad cordobesa, así como rector del Colegio de Monserrat. Escribió (en latín) obras de teología, de historia y de derecho, entre estas últimas una sobre Derecho natural y de gentes que se tradujo al castellano. En sus obras, MURIEL no sólo evidencia el conocimiento de los autores clásicos y modernos, y aun de algunos de estos últimos considerados heterodoxos como los enciclopedistas, sino que concede importancia a las corrientes filosóficas nuevas en su época y a los estudios científicos, como los de matemática y de ciencias naturales, habitualmente descuidados, mostrando además en sus obras jurídicas una tendencia hacia el estudio del caso particular que ofrecía la realidad americana.

Por último mencionemos que entre los libros de viaje escritos por ingleses a raíz de las invasiones, se destaca el de SAMUEL HULL WILCOCKE, aparecido en 1807 con el título History of The Viceroyalty of Buenos Ayres; containing the most accurate details relative to the topography, history, commerce, population, government, &c. &c. of that valuable Colony. El autor no estuvo personalmente en el Río de la Plata, pero sus vinculaciones comerciales con la región le permitieron informarse adecuadamente acerca de la misma a través de datos auténticos, y escribir un libro de los más valiosos de la época. Trae una descripción geográfica del país, datos sobre su fauna y su flora, en especial para los que comerciarían con ellas, una exposición de las clases sociales que las habitaban y un ensayo histórico al cual, según CARBIA, ha de acordársele la importancia que le corresponde, como iniciación de la producción europea consagrada a temas rioplatenses y como primera manifestación histórica sobre esos temas, elaborada de acuerdo con las concepciones historiográficas que entonces regían en Europa.

13. LA IMPRENTA

Los primeros impresos que aparecen en la Argentina nacen en los talleres instalados en las misiones jesuíticas. De la índole de estos talleres da cuenta la conocida frase de MITRE: "La aparición de la imprenta en el Río de la Plata es un caso singular en la historia de la tipografía, después del invento de GUTENBERG. No fue importada: fue una creación original. Nació o renació en medio de las selvas vírgenes, como una Minerva indígena armada de todas sus piezas con tipos de su fabricación, manejados por indios salvajes recientemente reducidos a la vida civilizada, con nuevos signos fonéticos, hablando una lengua desconocida en el nuevo mundo, y un misterio envuelve su principio y su fin".

En efecto, no es mucho lo que se sabe acerca de esa imprenta. Se ha establecido que el primer libro impreso en esos talleres es un Martirologio romano de 1700, siguiéndole dos traducciones debidas al padre SERRANO: el Flos Sanctorum del padre RIVADENEYRA, y la obra del padre JUAN EUSEBIO NIEREMBERG: De la diferencia entre lo temporal y lo eterno (1705). Mientras que de las dos primeras no se conservan ejemplares, de la última sólo existe un ejemplar que basta para atestiguar que sin duda es ésa la mejor impresión de los talleres misioneros. Contiene 472 páginas y la adornan numerosas viñetas y láminas grabadas en cobre, a buril, seguramente de mano indígena. Algunas de ellas están firmadas.

De interés científico sólo podrían consignarse algunos trabajos menores de esa imprenta, como las Tablas astronómicas y los Calendarios del padre SUÁREZ.

El papel para los impresos era importado, aunque parece que los jesuítas proyectaban instalar una fábrica de papel (así como una de vidrio); y si bien aparecen pies de imprenta con localidades diferentes (Loreto, San Javier, etcétera) se supone que en realidad se trataba de un taller único rodante.

También pertenece a los jesuítas la segunda imprenta, cronológicamente, que funciona en el país: es la del Colegio de Monserrat de Córdoba, cuyos impresos conocidos están fechados en 1766, y que enmudece poco después, a raíz de la expulsión de la orden, aunque reaparece algo más tarde en Buenos Aires gracias al celo del virrey VÉRTIZ, que la convierte en la Real Imprenta de los Niños Expósitos, creada con el objeto de allegar fondos para el sostenimiento de la Casa de Niños Expósitos y confiriéndole el privilegio para la impresión de catones, catecismos y cartillas para todo el virreinato. No se conoce con precisión el primer impreso de esos talleres, pero se sabe que la imprenta inicia su labor a principios de 1781. El primer libro, impreso en Buenos Aíres, de interés didáctico es de 1783.

Esa imprenta, a la que en 1808 se le agregan elementos de una imprenta instalada por los ingleses en Montevideo, es de gran importancia histórica no sólo porque durante más de treinta años fue la única imprenta del territorio argentino, sino porque fue de sus talleres de donde salieron los bandos, proclamas y manifiestos de la época revolucionaria.

14. LA ETNOGRAFÍA Y LA LINGÜÍSTICA

También se deben a los jesuítas los primeros trabajos de índole etnográfica y los primeros diccionarios y gramáticas en lenguas indígenas. Entre los etnógrafos citemos al austríaco MARTÍN DOBRIZHOFFER que se ocupó de los indígenas de la región chaqueña, publicando un extenso trabajo en latín sobre los abipones en 1783, conocido por su título abreviado De abiponibus, que se tradujo al inglés, al alemán y parcialmente al castellano; y al médico TOMÁS FALKNER, que ingresó a la orden en la Argentina y recorrió nuestro suelo durante cuarenta años publicando en inglés, en 1774, un libro que se tradujo en 1911 con el título Descripción de la Patagonia y de las partes contiguas de la América del Sur, en el que se describen los pueblos que entonces habitaban las llanuras patagónicas y los archipiélagos magallánicos.

En cuanto a los jesuítas que se ocuparon de lenguas indígenas recordemos al padre LUIS DE VALDIVIA, que a principios del siglo XVII estuvo en Chile y se ocupó de las lenguas araucanas; al padre ANTONIO RUIZ DE MONTOYA, limeño, de la primera mitad del siglo XVII, que se ocupó de las lenguas guaraní y cuyo Arte de la lengua guaraní fue impreso en las Misiones en 1724; al padre ALONSO DE BAMANA, que predicó en el Tucumán desde 1580 y de quien se dice que hablaba hasta trece lenguas, varias de ellas indígenas; entre nosotros se ha publicado su Arte de la lengua toba en 1893; el padre ANTONIO MACHONI, que publicó en 1732 un Vocabulario de la lengua lule y tonocate; y el padre JOSÉ SÁNCHEZ LABRADOR, ya citado como explorador, escritor enciclopédico que dejó entre sus escritos un Arte y un Vocabulario de la lengua mbayá.

15. LA OBRA ASTRONÓMICA DEL PADRE SUÁREZ

De la labor realizada por los jesuítas durante la época colonial merece una mención especial el padre BUENAVENTURA SUÁREZ, al que se deben las primeras observaciones astronómicas realizadas en estas regiones.

SUÁREZ había nacido en Santa Fe y estudió en el Colegio de la Compañía de esa ciudad; ya ordenado sacerdote residió en las Misiones durante treinta años, pasó luego a Asunción y a Corrientes, falleciendo sin haber estado jamás en Europa. En el Plata altemó su labor de misionero con su labor científica de astrónomo, amén de otras ocupaciones: sabía algo de medicina, perfeccionó el arte de fundir campanas, etcétera.

Inició sus observaciones en 1706 en la reducción de San Cosme con instrumentos fabricados por él mismo, pues escribe en 1739: "No pudiera haber hecho tales observaciones por falta de instrumentos (que no se traen de Europa a estas provincias, por no florecer en ellas el estudio de las ciencias matemáticas) a no haber fabricado con mis manos los instrumentos necesarios para dichas observaciones, cuales son reloj de péndulo con los índices de minutos primeros y segundos; cuadrante astronómico para reducir, igualar y ajustar el reloj a la hora verdadera del Sol, dividido cada grado de minuto en minuto, telescopio, o anteojo de larga vista de sólo dos vidrios convexos, de varias graduaciones desde ocho hasta veintitrés pies. De los menores de 8 y 10 pies usé en las observaciones de los eclipses de Sol y Luna y de los mayores de 13, 14, 16, 18, 20 y 23 pies en las inmersiones de los cuatro satélites de Júpiter, que observé por espacio de trece años en el pueblo de San Cosme y llegaron a ciento y cuarenta y siete las más exactas".

Estas observaciones de los satélites de Júpiter fueron remitidas a Europa y preferidas, entre muchas, para la determinación de los períodos de esos satélites. Por su parte, las observaciones de los eclipses le permitieron llevar a cabo su trabajo de mayor valor científico, consignado en su Lunario de un siglo (cuya primera edición es probablemente de 1744) y cuyo largo título (de la segunda edición de 1748) da clara idea de su contenido: Lunario de un siglo que comienza en Enero del año de 1740, y acaba en Diziembre del año de 1841 en que se comprehenden ciento y un años cumplidos. Contiene los aspectos principales del Sol, y Luna, esto es las Conjunciones, Oposiciones, y Quartos de la Luna con el Sol según sus movimientos verdaderos y la noticia de los Eclipses de ambos Luminares, que serán visibles por todo el Siglo en estas Misiones de la Compañía de Jesús en la Provincia del Paraguay. Regulada; y aligada la hora de los Aspectos y Eclipses al Meridiano del Pueblo de los esclarecidos Martyres San Cosme, y San Damian. Y estendido su uso a otros Meridianos por medio de la Tabla de las diferencias meridianas, que se pone al principio de el Lunario. Dánse al fin de él reglas fáciles, para que cualquiera, sin Mathematica, ni Arithmetica, pueda formar de estos Lunarios de un siglo los de los años siguientes, desde el 1º 42, hasta el de 1903.

Posteriormente, desde 1745 hasta 1750, el padre SUÁREZ hizo nuevas observaciones pero ahora ayudado con instrumentos adquiridas en Europa.

16. LAS CIENCIAS NATURALES

Es en el campo de las ciencias naturales, en sentido estricto (botánica, zoología, mineralogía), y de sus aplicaciones, donde aparecen las primeras manifestaciones cabalmente científicas en América.

Basta recordar la célebre Historia natural y moral de Ias Indias, en que se tratan las cosas notables del cielo, y elementos, metales, plantas y animales dellos; y los ritos y ceremonias, leyes y gobierno, y guerras de los Indios (1590) del padre JOSÉ DE ACOSTA, que estuvo en América española entre 1572 y 1587, aunque sin llegar al Plata, y fue profesor en la Universidad de San Marcos de Lima y más tarde rector de la Universidad de Salamanca; y la no menos importante Compendio y Descripción de las Indias Occidentales de Fray ANTOÑIO VÁSQUEZ DE ESPIÑOSA, inédita hasta ese siglo; así como los importantes manuscritos que FRANCISCO HERNÁNDEZ trajo de Nueva España hacia 1577 y cuyos originales se perdieron en el incendio de El Escorial de 1617, aunque un resumen de los mismos y las ilustraciones, que habían sido copiados, sirvieron de base para el Tesoro messicano que aparece en Roma en 1651 con comentarios de los miembros de la antigua "Accademia dei Lincei"; la notable obra farmacológica de NICOLÁS MONARDES: .. que trata de todas las cosas que traen de nuestras Indias Occidentales que sirven al uso de medicina... aparecida en Sevilla en 1563; y el más importante tratado de metalurgia americana, el Arte de los metales aparecido en Madrid en 1640, pero que reúne los trabajos y experiencias que su autor: ALONSO ALVARO BARBA, realizó en las minas americanas desde 1590.

Refiriéndonos más concretamente al progreso de las ciencias naturales en las regiones del Plata durante la época colonial, advirtamos desde ya que en la mayoría de los cronistas, etnógrafos y viajeros que recorrieron estas regiones se encuentran abundantes noticias y descripciones interesantes acerca de su fauna, de su flora y de su gea. Citemos en especial al hermano PEDRO MONTENEGRO, médico que llegó a América a fines del siglo XVII y que en 1710 compuso una Materia médica misionera, primer tratado escrito entre nosotros sobre esta disciplina. Su texto, sin las 136 láminas a pluma que lo acompañaban, fue impreso en 1888. En 1942 se inició la publicación en forma completa, texto y dibujos en la Revista de la Biblioteca Nacional, y en 1945 la misma Biblioteca lo editó en volumen aparte. Citemos también al santiagueño GASPAR JUÁREZ, que en 1748 ingresó en la Compañía, y residió después de la expulsión en Roma donde cultivó un "orto" con plantas americanas, y publicó sus Observaciones fitológicas sobre las plantas rioplatenses, (tres tomos) en italiano, debiéndosele además otras obras sobre la flora y la historia natural americana, así como unos elementos de gramática quichua.

También se ocupó de ciencia natural SÁNCHEZ LABRADOR, que ha dejado seis tomos sobre el Paraguay Natural Ilustrado. Noticias de la Naturaleza del País. Con la explicación de Phenomenos Physicos Generales y Particulares: usos útiles que de sus Producciones pueden hacer varias Artes, trabajo escrito entre 1771 y 1776, y del cual recientemente (1948) ANÍBAL RUIZ MORENO ha publicado una extensa exposición comentada, con láminas, de la parte relativa a la medicina.

Consignemos también que en el primer semestre de 1787 un fraile dominico, MANUEL TORRES, desentierra de las barrancas del río Luján el primer esqueleto completo de megaterio. Lo hace dibujar, encajonar y enviar a Madrid donde es estudiado por varios sabios europeos. CUVIER lo bautiza en forma científica y es tal el interés que despierta este gigantesco esqueleto de cerca de cinco metros de largo que CARLOS III entusiasmado reclama el envío de otro, pero... vivo. Ese megaterio es el primer síntoma revelador de la extraordinaria riqueza paleontológica de esa región y preludia las excavaciones y estudios de MUÑIZ, AMEGHINO y sus sucesores.

Agreguemos, para terminar, que en Europa se realizaron estudios sobre el mundo natural de estas regiones por investigadores que no estuvieron en ella: citemos únicamente el trabajo que a mediados del siglo XVII publica el padre ATANASIO KIRCHER sobre los flujos y reflujos de las corrientes marítimas en las costas magallánicas y patagónicas con una teoría sobre el sistema hidrográfico andino, ilustrando ambos estudios con sendos mapas.

17. AZARA

En el campo de las ciencias naturales de la época colonial se destaca la figura de FÉLIX DE AZARA, considerado como uno de los fundadores de esos estudios y que, como dijimos, fue uno de los componentes de la comisión demarcadora de límites que llegó al Plata en 1781.

AZARA había nacido en Barbañales (Aragón) en 1746; estudió en Huesca y luego en la Academia Militar de Barcelona. En su calidad de capitán de fragata fue designado miembro de la partida demarcadora que debía actuar en el sector del Paraguay, permaneciendo en estas regiones unos veinte años. En su tarea oficial, que en definitiva fracasó debido a la política dilatoria seguida por los funcionarios lusitanos, AZARA tuvo ocasión de emprender una serie de viajes por toda la provincia del Paraguay, recorriendo el Uruguay, el Iguazú, el Alto Paraná, la región del Chaco, etcétera. "Después de haber pasado así cerca de trece años –dice- recibí orden de regresar prontamente a Buenos Aires. Se me dio el mando de toda la frontera del sur, es decir el territorio de los indios pampas, y se me ordenó reconocer el país, avanzando hacia el sur, porque se querían extender las fronteras españolas en esa dirección. Cuando terminé esta comisión, el virrey me permitió visitar todas las posesiones españolas al sur del Río de la Plata y del Paraná".

Como posteriormente se le encomendó el establecimiento de colonias en las fronteras del Brasil y otros trabajos de índole militar y científica, no pudo regresar a España hasta 1801. Estuvo luego en París, donde entabló relaciones con los más ilustres naturalistas franceses de la época, terminando sus días en su aldea natal en 1821.

La obra científica de AZARA es múltiple y por igual interesa a la ciencia natural, a la historia, a la geografía y a la cartografía. En el campo de las ciencias naturales las obras más importantes de AZARA son de índole zoológica: Apuntamientos para la Historia Natural de los Quadrupedos del Paraguay y Río de la Plata, aparecida en francés en 1801 y en castellano en 1802; y Apuntamientos para la Historia Natural de los Paxaros del Paraguay y Río de la Plata, también de 1802. En esas obras describe, a veces con observaciones biológicas, todas las especies entonces conocidas de esos vertebrados, dando de ellas sus nombres vulgares en español o en guaraní. No utiliza la nomenclatura binaria, consecuencia de su carácter de autodidacto y de haberse hecho naturalista en América (el mismo AZARA confiesa que no ha leído otra obra que la de BUFFON, quien tampoco usa aquella notación pues LINNEO la propuso posteriormente a la iniciación de la publicación de la gran obra de BUFFON),

Entre las obras publicadas por AZARA que interesan especialmente a la historia, a la geografía y a la etnografía cabe mencionar su Voyage dans l'Amerique Méridionale aparecida en 1809, traducida sin consentimiento del autor, y su Descripción e Historia del Paraguay y del Río de la Plata terninada en 1806 pero aparecida póstuma en 1847. (De esta última obra, aunque con redacción y plan distintos, existe un manuscrito inédito, de 1793, escrito por AZARA a instancias del Cabildo de Asunción que le había solicitado un mapa de la provincia y un plano del río Paraguay "con agregación de noticias que exorne uno y otro"). En estos dos libros, el primero con notas de CUVIER, también aparecen cuestiones de ciencia natural relacionadas con los insectos, los peces, los reptiles, los "vegetales silvestres", los "vegetales de cultivo" y las "sales minerales".

Con la labor de AZARA se vincula la de su compañero en la comisión demarcadora: DIEGO DE ALVEAR Y PONCE DE LEÓN que durante su actuación en la comisión escribió un Diario de la segunda partida de demarcación de límites entre los dominios de España y Portugal en la América meridional.. en cinco volúmenes. Los dos primeros comprenden los viajes y expediciones, polémicas, etcétera; el tercero se refiere a las observaciones astronómicas y meteorológicas; el cuarto trata de la fauna, de la flora y de la gea, clasificadas según el sistema linneano; el último se ocupa de la historia y de la geografía de las misiones jesuíticas. Este último volumen con el título Relación geográfica e histórica de la provincia de Misiones, apareció publicado en 1836, y el Diario en 1900.

18. LA PENETRACIÓN DE LAS NUEVAS IDEAS

Con los Borbones, que advienen al trono exactamente al comenzar el siglo del "Iluminismo", aparece también en España el régimen del "despotismo ilustrado" característico de ese siglo. Ese régimen tiene su representante más genuino en CARLOS III, que reina entre 1759 y 1788 y que cuenta entre sus ministros a los ilustrados y progresistas ARANDA Y FLORIDABLANCA. Por su parte, el pensamiento iluminista cuenta en España con la figura de Fray BENITO JERÓNIMO FEIJÓO.

La política progresista de la Corona, que significó también una organización administrativa más firme y más centralizada, trató de estimular el desarrollo de las colonias, pero sin duda con el propósito de no favorecer una tendencia liberal que podía llegar a debilitar los cimientos del poder absoluto, ese desarrollo se advirtió sobre todo en el campo económico, aunque, a través de éste, el mismo espíritu penetró también en los campos social y político.

Durante el siglo XVIII las colonias del Río de la Plata adquirieron importancia, ya por las luchas intermitentes que España sostuvo durante el siglo con Portugal y cuyo punto neurálgico fue la Colonia del Sacramento; ya por el incremento de las relaciones comerciales con la metrópoli y, lícita o ilícitamente, con otros países, en especial después del "Reglamento ... para el comercio libre" de 1778.

La prosperidad de la clase media permitió que jóvenes criollos pudieran ser enviados a España a completar sus estudios, regresando muchos a su patria contagiados con las nuevas ideas entonces imperantes en Europa. Algunos de ellos, como BELGRANO, estaban en España cuando se produjo la Revolución francesa y en su Autobiografía nos dirá: "Como en la época de 1789 me hallaba en España y la revolución de la Francia hiciese también la variación de ideas y particularmente en los hombres de letras con quienes trataba, se apoderaron de mí las ideas de libertad, igualdad, seguridad, propiedad, y sólo veía tiranos en los que se oponían a que el hombre, fuese donde fuese, no disfrutase de unos derechos que Dios y la naturaleza le habían concedido, y aun las mismas sociedades habían acordado en su establecimiento directa o indirectamente".

Las nuevas ideas penetraron en las colonias rioplatenses también a través de los libros. No obstante la censura imperante, los inventarios de las bibliotecas existentes en la epoca demuestran que en muchas de ellas, en especial de clérigos ilustrados, figuraron las obras de los escritores europeos que encarnaban aquellas nuevas ideas en materia política, social y económica. No quiere esto decir que los poseedores de esos libros fueran partidarios de las nuevas ideas pero la circunstancia de encontrarse esos libros en las colonias y seguramente en muchos casos a disposición de los criollos interesados, no deja de haber dado sus frutos.

Ha de agregarse que una de las consecuencias de la nueva política de la Corona fue la expulsión de los jesuítas, hecho que también contribuyó a la difusión de las nuevas ideas por cuanto los jesuítas no sólo eran los que monopolizaban la educación, sino también los celosos guardianes de las concepciones que esas nuevas ideas combatían. Por lo demás, los bienes de los jesuítas expulsos se destinaron en algunos casos a la creación y sostenimiento de instituciones surgidas por acción de las nuevas corrientes progresistas.

Por último, agreguemos que la elevación de categoría de las colonias del Río de la Plata, al pasar en 1776 de gobernación a virreinato, y la actuación eficaz de algunos virreyes ilustrados como VÉRTIZ, así como las invasiones inglesas con sus múltiples influencias, contribuyeron a modificar la atmósfera cultural en los últimos tiempos de la colonia, facilitando el advenimiento de instituciones y manifestaciones más de acuerdo con la época.

De esas instituciones ya citamos los Reales Estudios y el Colegio San Carlos, el Protomedicato y la Escuela Náutica; reseñemos ahora algunas de esas manifestaciones.

19. EL PERIODISMO

Aun cuando antes de la instalación de la imprenta de los Niños Expósitos habían aparecido en Buenos Aires algunos noticiosos manuscritos de vida efímera, es en 1781 cuando se publican los primeros periódicos impresos, de los que se conocen, aunque con título algo diferente, sólo dos ejemplares de ese año.

Pero al iniciarse el nuevo siglo, en abril de 1801, nace el primer periódico que logra subsistir cierto tiempo y en el que por primera vez en estas regiones se hace oír públicamente, aunque no muy sonoramente, la voz de la ilustración. Es el Telégrafo Mercantil, Rural, Político-Económico e Historiográfico del Río de la Plata cuyo director, o editor como, él se titula, fue FRANCISCO ANTONIO CABELLO Y MESA, que ya había editado en Lima un periódico semejante, y a quien se debe, junto con algunos colaboradores del periódico, la constitución en Buenos Aires de una Sociedad Patriótico-Literaria y Económica, precursora de las agrupaciones semejantes que nacerán después de la revolución. Ambos, el periódico y la Sociedad, perseguirán fines concurrentes: publicar un periódico que "concurriendo sino a instruir y cultivar al pueblo le dé (a lo menos) un entretenimiento mental e inspire inclinación a las ciencias y artes", promover la fundación de nuevas escuelas filosóficas "donde para siempre cesen aquellas voces bárbaras del escolasticismo que, aunque expresivas de los conceptos, ofuscaban y muy poco o nada trasmitían las ideas del verdadero filósofo. Empiece ya a reglarse nuestra agricultura, y el noble labrador a extender sus conocimientos sobre este ramo importante. Empiece a sentirse ya en las provincias argentinas aquella gran metamorfosis que a las de Méjico y Lima elevó a par de las más cultas, ricas e industriosas de la iluminada Europa".

En el Telégrafo se trataron cuestiones de educación, de agricultura, de medicina, etcétera, y entre otros colaboraron, además de su director, el naturalista HAENKE, el Deán FUNES, PEDRO A. CERVIÑO, MANUEL BELGRANO y JUAN JOSÉ CASTELLI.

El periódico apareció primero bisemanalmente y luego semanalmente, logrando publicar 110 números hasta octubre de 1802, fecha en que es clausurado por orden virreinal, cuando hacía un mes y medio que había iniciado su aparición el segundo periódico colonial: el Semanario de Agrilcultura, Industria y Comercio dirigido por HIPÓLITO VIEYTES y conocido por eso como el Semanario de Vieytes, del cual aparecieron 218 números, muriendo en 1807 a raíz de la segunda invasión inglesa. Fue un periódico más especializado que el Telégrafo, pues se proponía tratar "de la agricultura en general y los ramos que la son anexos, como son cultivo de huertas, plantío de árboles, riego, etc. De todos los ramos de industria que sean fácilmente acomodables a nuestra presente situación, del comercio interior y exterior de estas provincias, de la educación moral, de la economía doméstica, de los oficios y las artes, de las providencias del gobierno para el fomento de los labradores y artistas, de los elementos de química más acomodados a los descubrimientos útiles, a la economía del campo y a la mejor expedición de los oficios y las artes". Y agrega en el número siguiente: "Nación alguna puede prosperar sin el fomento de la industria; su extensión es inmensa, sus objetos innumerables, sus utilidades indecibles".

Mencionemos que el Semanario publicó unas "Lecciones elementales de agricultura", por preguntas y respuestas, y que fue un decidido defensor de la introducción de la vacuna contra la viruela.

Durante las invasiones inglesas, que provocaron su suspensión y luego su desaparición, los ingleses instalaron una imprenta en Montevideo y publicaron un periódico bilingüe con los títulos: The Southern Star, La Estrella del Sur, que trató cuestiones económicas y comerciales y abogó por la libertad de comercio, pero del cual aparecieron pocos números. Hay que esperar casi tres años para que surja en el Plata otro intento periodístico: el de MANUEL BELGRANO con su Correo de Comercio, que en su número inicial de marzo de 1810 publica una "Dedicatoria a los Labradores, Artistas y Comerciantes", donde se refiere a la obra útil que había realizado el Semanario y a la necesidad de dotar a la ciudad de un periódico "en que auténticamente se diese cuenta de los hechos que la harán eternamente memorable e igualmente sirviese de ilustración en unos países donde la escasez de libros no proporciona el adelantamieto de las ideas a beneficio del particular y general de sus habitantes." El Correo, que, como dirá luego BELGRANO, "no era otra cosa que una acusación contra el gobierno español", contribuyó al despertar revolucionario y murió al cumplir escasamente un año de vida, cuando ya MORENO había creado la Gaceta de Buenos Aires, primer periódico argentino posterior a la revolución.

20. LA JURISPRUDENCIA Y LA ECONOMÍA INDIANAS

Las nuevas ideas encontraron eco en la copiosa legislación de Indias, recopilada en 1680, que sufrió un cambio de orientación, revelado en las múltiples innovaciones introducidas durante el siglo XVIII.

En el orden político se modificó la constitución del Consejo de Indias en la metrópoli, mientras que en América se organizaba una nueva división territorial creándose dos nuevos virreinatos: uno de ellos el del Río de la Plata en 1776.

En el orden judicial, entre otras modificaciones, se crearon nuevas Audiencias, como la de Buenos Aires en 1783, y nuevos Consulados, como el de Buenos Aires en 1704.

En el orden eclesiástico las reformas se caracterizaron por un mayor predominio del absolutismo real y al mismo tiempo por una mayor liberalidad en todo lo referente a las obligaciones de conciencia de los súbditos.

A raíz de la expulsión de los jesuítas el régimen de las misiones decayó notablemente, mortificándose el sistema de las encomiendas, al mismo tiempo que se intentaba incorporar el indígena a la vida activa de la población de españoles y de criollos.

Hubo también reformas militares, entre ellas la autorización de formación de milicia ciudadana; se legisló sobre extranjeros permitiendo su residencia en Indias, etcétera.

En definitiva, se dictaron durante el siglo XVIII cerca de dos mil quinientas leyes y resoluciones referentes a las Indias, muchas de las cuales modificaban las que regían anteriormente.

También desde el punto de vista económico las colonias sintieron la influencia de las nuevas ideas. Las concepciones económicas que durante el siglo XVIII surgieron en Europa y que en España encontraron eco, por ejemplo, en la fundación de las Sociedades Económicas de Amigos del País, tuvieron en el Plata eficaces sostenedores en MANUEL BELGRANO con su actuación como secretario del Consulado, y en MARIANO MORENO con su Representación de los hacendados y labradores.

El Consulado tenía en las colonias una función semejante a la de las Sociedades Económicas españolas. "Cuando supe -nos dice BELGRANO al referirse a su designación de secretario del Consulado- que tales cuerpos en sus juntas no tenían otro objeto que suplir las sociedades económicas, tratando de agricultura, industria y comercio, se abrió un vasto campo a mi imaginación como que ignoraba el manejo de la España respecto a sus colonias, y sólo había oído un rumor sordo a los americanos, de quejas y disgustos, que atribuía yo a no haber conseguido sus pretensiones, y nunca a las intenciones perversas de los metropolitanos, que por sistema conservaban desde el tiempo de la conquista".

Al regresar de España con una sólida preparación en materia económica, BELGRANO mostró en su acción la influencia que en él habían ejercido las nuevas ideas. Así, la creación de la Escuela de Dibujo y la Escuela Náutica encuadraban en una de las formas de favorecer la industria y el comercio mediante la formación de técnicos y artesanos especializados. Por lo demás, a los dos años de su regreso, publica los Principios de la ciencia económico-política, traducidos del francés de "dos célebres políticos", que comprende dos partes, la segunda de las cuales es un resumen de los fundamentos de la fisiocracia. También en las memorias que sobre temas económicos debía leer anualmente en su carácter de secretario, campean las nuevas ideas. En la memoria de 1796 se ocupa de los "Medios generales de fomentar la agricultura, animar la industria, proteger el comercio de un país agricultor", y en ella enuncia frases como ésta: "Toda la riqueza que no tiene su origen en el suelo es incierta..."; la del año siguiente se ocupa de las "Utilidades que resultarán a estas Provincias y a la Península el cultivo del lino y cáñamo, modo de hacerlo; la tierra más conveniente para él, modo de cosechar estos dos ramos, y por último se proponen los medios de enseñar a los labradores para que se dediquen con constancia a este ramo de la agricultura"; en la memoria de 1798 cita explícitamente al fisiócrata QUESNAY, etcétera.

21. CONCLUSIONES

Si se concibe la ciencia ya como una actividad creadora, suprema expresión del pensamiento humano, ya como una labor orgánica y organizada, reflejo del esfuerzo intelectual de la colectividad, debe concluirse que durante el largo período colonial la Argentina no cobija prácticamente manífestación científica alguna.

Encontramos sin duda en ese período manifestaciones del saber, que la reseña anterior comprueba: son esos datos de interés para las ciencias naturales y para la etnografía, que aportan viajeros, misioneros y cronistas registrados en la no muy abundante literatura de la conquista y de la colonia; son algunos esfuerzos individuales ponderables, aunque aislados y esporádicos, así como cierta preocupación colectiva por la difusión de la enseñanza primaria y secundaria; y hasta ese incipiente ambiente científico que se nota al trasponerse el siglo, pero que el absolutismo político y las invasiones inglesas pronto desvanecen.

Mas gran parte de esas aportaciones a la ciencia es indirecta: reflejo o subproducto de las exigencias militares y políticas, o del afán evangelizador de las órdenes religiosas; son manifestaciones de un saber que emigra: es Europa que hace ciencia con material argentino, no ciencia argentina.

Desde el punto de vista del saber científico, el período colonial fue en la Argentina un período introvertido, si se nos permite el símil psicológico. La colonia vivió encerrada en sí misma, alejada e incontaminado del fermento científico que entonces agitaba y vivificaba a Europa. Las misiones imprimiendo sus libros con materiales indígenas, SUÁREZ observando el cielo con instrumentos construidos por su propia mano, el marino AZARA convirtiéndose en naturalista en las regiones del Plata, y la universidad cordobesa estancada en una cultura pretérita, son los símbolos de tal estado de cosas.

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