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La evolución del pensamiento científico en la Argentina[]

  • PARTE SEGUNDA: LA INDEPENDENCIA
  • CAPÍTULO II: LA ÉPOCA DE RIVADAVIA

29. LA UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES

En un anuncio oficial de agosto de 1812 aparecido en la Gaceta, que ahora se llama Gaceta ministerial, se dice: "Al fin ha llegado esa época tan suspirado por la filosofía: los pueblos bendecirán su destino, y el tierno padre que propendo a hacer felices los recuerdos de su ser, no necesitará ya desprenderse de ellos, ni afligir su ternura para ver perfeccionado su espíritu en las ciencias y artes que sean más propias de su genio. Cerca de sí y a su propio lado verá formarse al químico, al naturalista, al geómetra, al militar, al político, en fin, a todos los que deben ser con el tiempo la columna de la sociedad y el honor de sus familias. Este doble objeto en que tanto se interesa la humanidad, la patria y el destino de todo habitante de la América, ha decidido al gobierno a promover en medio de sus graves y notorias atenciones, un establecimiento literario en que se enseñe el derecho público, la economía política, la agricultura, las ciencias exactas, la geografía, la mineralogía, el dibujo, lenguas, etcétera. Con este objeto ha determinado abrir una suscripción en todas las Provincias Unidas, para cimentar el Instituto sobre el pie más benéfico y estable, luego que lleguen los profesores de Europa que se han mandado venir con este intento."

Así, desde el Triunvirato, RIVADAVIA trataba de dar nueva vida a los intentos que se habían iniciado con las gestiones de VÉRTIZ en 1771 para fundar una universidad en Buenos Aires. Pero ni la suscripción ha de haberse realizado, ni los profesores de Europa llegaron, y el "establecimiento literario" no abrirá sus puertas hasta una década después.

En 1819 el director PUEYRREDÓN envía al Congreso una nota en la que después de reseñar las infructuosas gestiones anteriores agrega: "Sensible yo a los votos con que tan fervorosamente ha clamado la capital por un establecimiento que no se puede dilatar por más tiempo sin agravio y escandalosa injusticia, he creído que ha llegado la ocasión de realizarlo, y aun he dudado algún tanto si estando ya dispuesto y ordenado tantas veces debía de plano proceder a erigirlo. Pero, deseando siempre lo mejor y más seguro, he creído conveniente recurrir a vuestra soberanía y excitar su beneficencia, para que se digne mandar de nuevo que se funde, prestándome su consentimiento a fin de que obre con toda su plenitud de facultades necesarias para remover todos los embarazos que puedan retardarlo."

El Congreso concede esas facultades pero el año 20, con sus "calamidades", como lo recordará el decreto de erección, paraliza nuevamente las gestiones hasta el período del gobierno de RODRÍGUEZ y RIVADAVIA que, con fecha 9 de agosto de 1821, erige e instituye "una Universidad mayor, con fuero y jurisdicción académica."

La erección de la Universidad de Buenos Aires constituye el acontecimiento cultural de mayor importancia de este período, pues no sólo en ella se trató de dar, desde sus comienzos, carta de ciudadanía a la ciencia, sino porque es en ella donde se desarrolló una labor científica organizada, aunque efímera, a la sombra de aquel impulso rivadaviano que tendió a convertir la Universidad, según dice GUTIÉRREZ, en "un verdadero poder público al cual estaba sometida la dirección de la inteligencia en sus relaciones con el estudio de las ciencias y de las artes, y cuyos inmediatos subordinados eran los profesores y los jóvenes desde que comenzaban a asistir a las escuelas primarias hasta que vestían las insignias de graduados en facultades mayores".

Cuando se inaugura solenmemente la Universidad de Buenos Aires el 12 de agosto, los trabajos de organización de la misma estaban ya bastante adelantados, pues el decreto de erección anuncia que habían sido designados el rector y los "Prefectos para presidir los departamentos científicos", y el día siguiente de la inauguración la Universidad realiza como dice GUTIÉRREZ: "Su primer ensayo jurisdiccional confiriendo cinco grados de medicina y uno de derecho".

El primer rector de la Universidad de Buenos Aires fue el doctor ANTONIO SÁENZ, que ya desde 1816 había sido comisionado para realizar las gestiones preliminares para el establecimiento de la Universidad y a cuya acción eficaz debe esta institución sus primeros pasos.

El presbítero ANTONIO SÁENZ, nacido en Buenos Aires en 1780, cursó estudios en Charcas, desempeñó antes y después de 1810 importantes cargos públicos y docentes. Fue presidente de la Academia de jurisprudencia, diputado al Congreso de Tucuman y miembro de la comisión redactora (al parecer redactor) del Manifiesto que hace a las Naciones el Congreso General Constituyente de las Provincias Unidas del Río de la Plata, sobre el tratamiento y crueldades que han sufrido de los Españoles y motivado la declaración de su Independencia.

Durante la colonia había enseñado teología y concurrido a la oposición a la clase de filosofía; en la Universidad dictó derecho natural y de gentes redactando, de acuerdo con la imposición reglamentaria, las lecciones respectivas. A su fallecimiento, en 1825, le sucedió en el rectorado de la Universidad el doctor JOSÉ VALENTÍN GÓMEZ.

30. LA ORGANIZACIÓN DE LA UNIVERSIDAD

Al iniciar sus funciones, la Universidad de Buenos Aires incorporó a su seno las instituciones docentes existentes, en actividad o no, en esa época: los cursos de matemática dependientes del Consulado, los cursos del Instituto médico y los cursos del Colegio de la Unión. Asumió además otras funciones, como la parte teórica de la Academia de jurisprudencia, y se hizo cargo de la enseñanza primaria; de manera que para el año 1822 su plan de organización, algo reducido respecto del original, establecía que la Universidad se componía de los siguientes seis departamentos:

a) Departamento de primeras letras, por el que se incorporaban a la Universidad las escuelas primarias de la ciudad y de la campaña. Comprendía diez escuelas de la ciudad y seis de la campaña (el plan original de SÁENZ fijaba doce escuelas en la campaña). En esas escuelas se establecía como obligatorio el sistema de Lancaster, que desde hacía unos años había adquirido difusión y prestigio en el Plata. En efecto, además de conocérsele a través de la información periodística, en 1819 se había publicado un folleto sobre el mismo y fundado en 1821 la Sociedad Lancasteriana para la vigilancia del sistema. En 1823 la Sociedad fundó una escuela modelo, a la par que se difundía por las provincias el sistema, que, empero, encontró en su aplicación dificultades y opositores, y fue, según anota SALVADORES, esta oposición una de las causas que provocaron en 1828 la separación del Departamento de primeras letras de la Universidad.

b) Departamento de estudios preparatorios, en que se enseñaba latín, idiomas vivos, filosofía, ciencias físico-matemáticas y economía política, con siete cátedras, que en el plan de 1822 se redujeron a seis, pues se suprimía la de inglés.

e) Departamento de ciencias exactas, que debía comprender cátedras de dibujo, de química general, de geometría descriptiva con sus aplicaciones, de cálculo y mecánica, y de física experimental y astronomía, pero que se redujo a las dos cátedras de dibujo y de geometría.

d) Departamento de medicina, cuyas cátedras en definitiva se redujeron a tres: de instituciones médicas, de instituciones quirúrgicas, y de clínica médica y quirúrgica.

e) Departamento de jurisprudencia, con dos cátedras: de derecho civil y de derecho natural y de gentes. Una cátedra de magistratura, propuesta por SÁENZ, no se aprobó.

f) Departamento de ciencias sagradas, cuyo funcionamiento por falta de alumnos se postergó hasta 1824, fecha en que se organizó sobre la base de los cursos del Seminario (desde 1822 denominado Colegio de Estudios Eclesiásticos) dotándolo de tres cátedras: Moral evangélica y derecho público; Historia y disciplina eclesiástica; griego y latín.

31. EL COLEGIO DE CIENCIAS MORALES

Con el objeto de favorecer la formación de un plantel de futuros estudiantes universitarios, así como el de facilitar la venida a Buenos Aires de jóvenes de todas las provincias, en 1823 el Gobierno transforma el Colegio de la Unión del Sud, dándole una nueva organización y finalidad, con el nombre de Colegio de Ciencias Morales. Al mismo tiempo resuelve costear el sostenimiento en ese colegio (y en otros que proyectaba) de un grupo de jóvenes de la ciudad y de seis jóvenes para cada provincia del interior.

En realidad el Colegio era un internado con becados y pensionistas, pues las clases se dictaban en el Departamento de estudios preparatorios de la Universidad. La dirección se confió a MIGUEL BELGRANO, y el Colegio en los años 1825 y 1826 llegó a adquirir cierto prestigio y a contar con más de un centenar de colegiales, la mayoría de ellos becados.

Pero después de la caída de RIVADAVIA, en 1828, el Colegio se refunde con el de estudios eclesiásticos, con el nombre de Colegio de la Provincia de Buenos Aires, que en 1830 el gobierno disuelve, "siendo incompatible con las graves y urgentes atenciones del erario público de esta Provincia la permanencia del Colegio de la Provincia de Buenos Aires, y no correspondiendo sus ventajas a las erogaciones que causa, ni a los fines que debieron motivar su fundación".

32. LA IDEOLOGÍA

Ya dijimos que la "ideología", cuya enseñanza iniciara LAFINUR en el Colegio de la Unión, se mantuvo en la cátedra de filosofía, que más tarde se denominó directamente de ideología, durante más de veinte años.

Esa enseñanza se impartía en el Departamento de estudios peparatorios y su primer profesor fue JUAN MANUEL FERNÁNDEZ DE AGÜERO, que desempeñó la cátedra desde 1822 hasta 1827, redactando sus lecciones en cuatro tomos con el título Principios de Ideología elemental, abstractiva y oratoria; adaptados a Ia instrucción de los jóvenes en un curso bienal de Lógica. Metafísica y Retórica, de los que aparecieron, impresas en dos tomos de 1824 y 1826 respectivamente, las partes relativas a la lógica y a la metafísica. Al publicarse el primero de esos tomos, su autor fue acusado de sostener ideas heréticas lo que motivó una suspensión temporaria en su cátedra. (Los Principios de ideología de FERNÁNDEZ DE AGÜERO, en tres tomos, con un prólogo de JORGE E. ZAMUDIO SILVA se editaron en Buenos Aires, 1940).

A AGÜERO siguió en el dictado de la ideología el médico doctor DIEGO ALCORTA, que lleva esa doctrina a su máxima expresión. ALCORTA que fue un profesor de gran ascendiente personal y recordado con cariño por sus discípulos, entre los que contó a ALBERDI, GUTIÉRREZ y V. F. LÓPEZ, continuó en el desempeño de la cátedra hasta, su fallecimiento en 1842, es decir en el lapso en que la Universidad entró en un período de franca decadencia. De las lecciones de ALCORTA, que quedaron manuscritas, fueron publicados fragmentos por GUTIÉRREZ en su Origen y desarrollo de la Enseñanza pública y superior, y el texto por GROUSSAC en 1902.

33. LAS CIENCIAS EXACTAS

En el Departamento de estudios preparatorios la enseñanza de la matemática y de la física se impartía en la cátedra de físico-matemáticas que estuvo a cargo, hasta 1830, de AVELINO DÍAZ y comprendía aritmética, álgebra, geometría, trigonometría, mecánica, física general y cosmografía.

DÍAZ, alumno de LANZ y de SENILLOSA, había nacido en Buenos Aires hacia 1800 y adquirió gran renombre en su época como profesor y como estudioso.

Además de la cátedra de físico-matemáticas ocupó en 1827 la de geometría descriptiva en el Departamento de ciencias exactas. Fue también presidente del Departamento Topográfico. Sus escritos: Lecciones elementales de aritmética; Lecciones elementales de álgebra; y Lecciones elementales de geometría, en que se consideran las rectas, planos y poliedros con independencia de las propiedades de la línea circular fueron publicados en 1823, los dos primeros, y en 1830 el tercero; y durante mucho tiempo sirvieron de texto en la Universidad. En cambio no se publicaron sus lecciones de física de 1825 que se conservan en apuntes incompletos, seguramente redactados por algún alumno y en las que aparece ahora la física experimental, más de nombre que de hecho, pues el curso se dictó "sin el auxilio de los instrumentos". Pero DÍAZ ya está en la buena senda, pues en esas lecciones reconoce que "la experiencia conducirá a establecer principios fundamentales y valiéndonos del análisis deduciremos las consecuencias". Y en efecto, dos años después se dictará en Buenos Aires el primer curso de física experimental que merezca tal nombre.

En cuanto a la química, su primer profesor a iniciador de estos estudios en la Argentina, es MANUEL MORENO que abre el curso en 1823 y renuncia en 1828.

En el Departamento de ciencias exactas la cátedra de geometría fue desempeñada por SENILLOSA hasta 1826, año en que renuncia para dedicarse exclusivamente a sus tareas en el Departamento topográfico y estadístico, y es reemplazado por un francés contratado: ROMAN CHAUVET, que parece haber dictado un sólo curso en 1827 sobre cálculo infinitesimal y sus aplicaciones a la mecánica, siendo a su vez reemplazado por DÍAZ.

CHAUVET había trabajado con LACROIX y con CAUCHY y su clase inaugural de 1827, publicada en la Crónica política y literaria de Buenos Aires, revela cabalmente el estado del cálculo infinitesimal de la época, aún envuelto en aquellas brumas metafísicas que precisamente CAUCHY contribuirá a disipar. Los párrafos finales de esa clase aluden, con el tono romántico de la época, a una esperanza que bien pronto se convertirá en desilusión y a un destino que deberá aguardar todavía más de medio siglo para iniciar su trayectoria.

"La dificultad del cálculo infitesimal -termina CHAUVET su clase inaugural- no existe sino en su metafísica; conocida una vez ésta, el mecanismo del cálculo es mucho más sencillo que el de las teorías del álgebra superior.

En mi primera lección empezaré a exponer sus principios, y demostraré que además de la dificultad de elegir bien los datos, de ponerlos en relación con los que han de conducir al resultado, existe otra que no puede ser explicada ni tampoco demostrada y que no puede realmente ser concebida sino por el alma; esta dificultad es la del tránsito de la existencia a su aniquilamiento.

Venzamos este obstáculo y todo es hecho; tendremos la llave para penetrar en el santuario de las ciencias físico-matemáticas, y para apropiarnos todos los recursos que ofrecen en todo género; y si no somos todavía capaces de hacer progresar las ciencias, aprovechémonos de los desvelos de los europeos, enriquezcámonos con los esfuerzos que hace su genio para elevar la ciencia al apogeo y para derramar toda suerte de nuevos goces, sobre todas las clases de la sociedad; apliquemos sus descubrimientos a esta interesante parte de la América, saquemos los tesoros que el suelo nos ofrece tan generosamente aquí; trabajemos, en fin, en el progreso de la industria y la América mudará de semblante.

Las máquinas hidráulicas distribuirán en todas partes del suelo aguas saludables que vivificarán la producción; las fábricas, los caminos, los canales, las máquinas a vapor, todo insensiblemente se instituirá; las relaciones comerciales con las provincias, las ligarán las unas a las otras de una manera tanto más íntima cuanto serán más frecuentes; el laboreo de las minas, la agricultura, el comercio, la industria, la enriquecerá; y Buenos Aires, a la cabeza de este gran movimiento, será su alma y ejercerá un influjo tanto más grande, cuanto mayores esfuerzos habrá hecho para centralizar las ciencias y las artes".

34. EL LABORATORIO DE QUÍMICA Y EL GABINETE DE FÍSICA

Ya aludimos a que, con las actividades de la Universidad en Buenos Aires, se inicia en la Argentina la enseñanza de la ciencia experimental.

En 1823 el gobierno encarga a una casa francesa "la compra de un laboratorio químico y de una Sala de Física Experimental", indicando que los asesores científicos en Francia serían para el laboratorio el quimico THÉNARD y para el Gabinete los físicos BIOT y ARAGO. Y en efecto, en el mensaje de 1824 se dice textualmente: "Un elaboratorio de química y una sala de Física la más completa, han sido conducidos de Europa para servir a la enseñanza de las ciencias naturales" relativos a la ciencia natural y a la ciencia experimental. Para reunir todos los objetos se eligió como local adecuado el convento abandonado de los dominicos, de manera que la Crónica política y literaria de Buenos Aires podrá decir en junio de 1827: "De todos nuestros recientes establecimientos, el que fijará algún día la atención de los extranjeros, así como hoy excita poco la de los nacionales, es el gabinete de Física y de Historia Natural que se aumenta silenciosamente en el convento de Santo Domingo. Apenas cuenta seis meses de existencia, aunque la primera demanda que se hizo a Europa de un surtido de instrumentos tuvo lugar en 1823. "Y más adelante, después de enumerar algunos de los aparatos del gabinete, agrega: "El establecimiento de Santo Domingo no es todavía lo que deberá ser. Según los planes del gobierno se deben reunir en aquel sitio los objetos relativos a la enseñanza de las ciencias físicas y naturales. Por consiguiente, debe haber un elaboratorio de Química, un gabinete de Física y un museo de Zoología, de Mineralogia y de Botánica".

La segunda remesa de aparatos para el gabinete de física fue traída al país por el doctor PEDRO CARTA MOLINO (O MOLINA), otro de los profesores contratados en Europa por RIVADAVIA.

El doctor CARTA era un médico italiano que había ejercido cargos docentes en la universidad de Turín, y que, obligado por motivos políticos a expatriarse, recorrió España, Francia, Suiza, Alemania e Inglaterra, donde residía cuando RIVADAVIA lo contrató en 1824. En todos esos países se había interesado por los progresos científicos en la medicina y en las ciencias naturales. Después del contrato continuó durante un tiempo en Europa frecuentando hospitales, clases y laboratorios de grandes profesores a fin de adquirir la mejor preparación posible para su nuevo destino. Entusiasta de la ciencia experimental escribe a RIVADAVIA: "Soy enemigo encarnizado de las especulaciones que no consisten más que en palabras, que constituyen todavía en gran parte, las ciencias que se enseñan en gran parte de Europa". Y más adelante promete: "Espero en llegando a Buenos Aires de justificar el nombramiento que V. M. ha hecho de mí, a una cátedra de su país, publicando un escrito sobre el grado de las ciencias naturales, y particularmente de la medicina en las varias naciones de Europa, escrito que creo podrá ser de alguna utilidad aun en Europa".

Al llegar a Buenos Aires desempeñó la cátedra de materia médica y farmacia, e inauguró la cátedra de física experimental a mediados de 1827 con un discurso que pone de relieve su conocimiento y su entusiasmo por las ciencias naturales. Es posible que CARTA no llegara a dictar el curso, pues renunció a consecuencia de la caída de su benefactor y amigo RIVADAVIA. Ese mismo año dio a publicidad Las dos lecciones de introducción al curso de física experimental, que dedica a RIVADAVIA.

El sucesor de CARTA en la cátedra de física fue MOSSOTTI.

35. MOSSOTTI

OCTAVIO FABRICIO MOSSOTTI, sabio italiano que había sido llamado a Buenos Aires con el objeto de instalar un observatorio astronómico, forma con BONPLAND la pareja de sabios cabales que residieron en la Argentina durante la primera mitad del siglo pasado, y es el precursor de la pléyade de sabios y profesores extranjeros que más tarde cimentarán la ciencia en la Argentina.

MOSSOTTI, nacido en 1791, estudió en la Universidad de Pavía y después de graduarse en ciencias físico-matemáticas se ocupó especialmente de astronomía, teórica y de observación, hasta 1825, fecha en la que emigró por motivos políticos, residiendo en Londres, donde continuó con sus trabajos astronómicos.

Al llegar a Buenos Aires, MOSSOTTI instaló un pequeño observatorio en las celdas altas de Santo Domingo, al cual anexó un gabinete meteorológico. En el mismo convento estaba instalado el aula de física experimental que MOSSOTTI dirigió desde 1828 hasta 1834, fecha en la que regresó a su patria, quedando entonces vacante la cátedra durante 20 años.

La base del reducido instrumental del observatorio la constituían los restos de los aparatos que habían traído las comisiones demarcadoras de límites el siglo anterior y que MOSSOTTI compuso o perfeccionó.

Más tarde MOSSOTTI fue designado ingeniero del Departamento Topográfico, en cuya organización y tareas colaboró; se le debe la determinación de la latitud de Buenos Aires que refirió a la pirámide de la plaza de la Victoria (hoy plaza de Mayo); esa latitud fue de 34º 36' 34" S.

Poco se ha conservado de la actuación de MOSSOTTI en la Argentina donde, como dice GUTIÉRREZ: "Ausente de una patria desgraciada y aislado en un país casi del todo ajeno a las ciencias que él profesaba, debía considerarse dos veces desterrado".

Del curso de física experimental redactado en castellano y que parece que sólo circulara en copias manuscritas entre los alumnos, se publicó únicamente una parte muy breve y general de la introducción.

Las observaciones meteorológicas diarias que MOSSOTTI realizó durante más de seis años (fue el primero en anotar datos de lluvia haciendo construir un pluviómetro) se han conservado a través de las informaciones periodísticas. Los registros de esos datos se han perdido, tanto los originales que quedaron en el país, como una serie de observaciones y de noticias sobre el clima que, después de haber sido utilizadas por HUMBOLDT, fueron a parar a manos de ARAGO para ser presentadas al Instituto de Francia.

Las únicas cuatro páginas impresas en la Argentina que se conocen de MOSSOTTI son las Noticias astronómicas con que se abre un calendario para 1832 editado en Buenos Aires, y en las que se da cuenta de las cosas de interés que ofrecerá el cielo de la ciudad durante ese año. Aparecieron en cambio en las memorias de la Sociedad Astronómica Real de Londres dos artículos de MOSSOTTI sobre las observaciones de un eclipse de sol y del cometa Enke, realizadas desde las celdas de Santo Domingo.

Después de una brillante carrera científica, MOSSOTTI falleció en Italia en 1863.

36. EL MUSEO DE CIENCIAS NATURALES

La idea de crear un Museo de historia natural surgida en 1812, sólo adquiere vida en 1823 cuando RIVADAVIA instala el Museo Público de Buenos Aires, en el que se organiza un gabinete de historia natural que se reúne con el laboratorio de química, el gabinete de física y el observatorio astronómico en el convento de Santo Domingo.

El primer plantel del Museo lo formaron las colecciones que, mediante donaciones o en trabajosas búsquedas, se habían reunido en el año 13 y que se habían depositado provisoriamente en la Biblioteca pública. Una noticia de 1827 refiere que los objetos de historia natural eran "...150 pájaros, un cuervo, una iguana, 180 conchas, algunos peces y 800 insectos. Entre los pájaros se admira el hermoso cisne del Río de la Plata, notable por su largo cuello negro; variedad bastante rara aun entre nosotros, y de que carecen casi todas las colecciones de Europa". Una noticia de seis años después, ya habla de 800 objetos del reino animal, sin incluir los insectos, y de 1500 piezas del mundo mineral. Como se ve, la botánica continúa ausente.

En cambio se había incorporado al Museo la hermosa colección de 1500 piezas de plata y de cobre que el gobierno adquirió en 1823 y depositó en la Biblioteca: primera colección clasificada y orgánica de medallas y monedas de la numismática argentina. El propósito de ampliar el Museo con obras de arte parece que no pasó de tal.

El encargado del Museo Público fue CARLOS FERRARIS, ayudante de CARTA que éste había traído de Europa, y que parece haberse ocupado especialmente de las colecciones zoológicas. Más tarde, con el retiro de CARTA y luego con el de FERRARIS, el Museo languidece y dejará de dar señales de vida durante más de un cuarto de siglo.

37. LOS ESTUDIOS MÉDICOS Y LA ACADEMIA DE MEDICINA

Los primeros catedráticos del Departamento de medicina de la Universidad fueron los doctores FRANCISCO DE PAULA RIVERO y COSME ARGERICH, hijo del médico de igual nombre que fuera el director del Instituto médico.

De mayor importancia científica que la instalación de los estudios médicos en la Universidad, fue sin duda la creación de la Academia de medicina en abril de 1822, fruto del empeño con que el gobierno se contrajo, como apunta GUTIÉRREZ, "a dignificar la profesión de la medicina y a dar participación a esta ciencia en la mejora de la sociedad".

Esa Academia que reunía en su seno a los más ilustrados facultativos, nativos o extranjeros, que entonces residían en Buenos Aires, se propuso una amplia labor, uno de cuyos frutos fue la publicación, a mediados de 1823, del primer volumen de sus Anales de un centenar de páginas, que constituye la primera manifestación argentina de la prensa periódica científica.

Este volumen, único aparecido, contiene cuatro trabajos científicos de miembros de la Academia, una introducción (anónima, pero que GUTIÉRREZ cree poder atribuir a MANUEL MORENO) sobre la importancia de las asociaciones científicas y el grado de desarrollo que han logrado en los países civilizados; un extenso discurso de MANUEL MORENO de introducción histórica a un curso de química; y un discurso del secretario de la institución JUAN ANTONIO FERNÁNDEZ en el que se expone el plan de labor de la misma e informa "que este mismo año la escuela de medicina ha sufrido reformas remarcables. Se ha construído a expensas del Gobierno una sala de disecciones con todos los útiles necesarios a las preparaciones anatómicas, y por primera vez en nuestro país el arte de las inyecciones principiará a practicarse en este invierno".

38. LOS ESTUDIOS JURÍDICOS Y LA ECONOMÍA POLÍTICA

Al iniciarse los estudios de jurisprudencia en la Universidad, las dos cátedras establecidas fueron dictadas: la de derecho natural y de gentes por el rector SÁENZ y la de derecho civil por el doctor PEDRO ANTONIO SOMELLERA, distinguido hombre público que desempeñó varias comisiones jurídicas en Buenos Aires y en la Banda Oriental, donde estuvo desterrado unos veinte años. En 1824 publicó la primera y la segunda parte de sus Principios de derecho civil.

A fines de 1823 se incorpora al Departamento de Jurisprudencia la economía política, que en el plan de 1822 figuraba como materia del Departamento de estudios preparatorios, y cuya inclusión en los planes de estudios revela una de las preocupaciones de los hombres de la época.

El primer profesor, nombrado en 1822, fue VICENTE LÓPEZ que no alcanzó a dictar la cátedra, designándose en 1824 al doctor PEDRO J. AGRELO en cuyo nombramiento se expresa que crece la urgencia con que la situación de estos pueblos reclama la adquisición de tan importantes nociones, y aun, lo que importa más al crearse la aplicación de la teoría de la ciencia a la práctica correspondiente a países tan nuevos, y que por lo tanto difiere en gran parte de los principios que rigen y que son adaptables a naciones en que la población ha subido al grado de embarazarse, en que la acumulación de capitales disminuye la entidad de sus productos; en donde las necesidades, la moral y las habituales formadas por tantos siglos y tantos sucesos, tienden al aumento del trabajo, y en donde las industrias y las luces proporcionan una concurrencia que viene a ser más fecunda que ellas mismas".

El curso debía durar dos años, dictándose en el primero la parte teórica sujeta al texto de JAMES MILL, Elementos de economía, que apareció traducido en Buenos Aires en 1823; y en el segundo la aplicación de los principios a la economía doméstica, comercial y social y a la estadística y a la administración de la hacienda pública, cuyo texto debía redactar el profesor.

Pero el curso se dictó sólo un año y la materia no vuelve a aparecer hasta 1826, cuando se hace cargo de la cátedra DALMACIO VÉLEZ SARSFIELD.

En ese año se instituyó la cátedra de Derecho público eclesiástico, cuyo primer profesor fue el presbítero EUSEBIO AGÜERO, que en 1828 dio a publicidad sus Instituciones de derecho público eclesiástico (apareció incompleto); en cambio quedó inédito el curso dictado en 1822 por SÁENZ sobre el derecho natural y de gentes.

39. OTRAS MANIFESTACIONES CULTURALES DE LA ÉPOCA

En los parágrafos anteriores hemos reseñado la organizacion y vida de la Universidad de Buenos Aires en sus primeros años cuando, no sin inconvenientes y tropiezos, polarizó la incipiente actividad científica argentina.

Reseñemos aún algunas otras manifestaciones culturales de interés científico que se deben a RIVADAVIA o a su época.

El interés de RIVADAVIA por los estudios históricos lo convierte en un verdadero promotor de esos estudios. En 1821 decreta la organización del Archivo General de la Provincia, y en 1825, estando en Londres, impulsa a su secretario IGNACIO NÚÑEZ a publicar las Noticias históricas, Políticas y estadísticas de las Provincias Unidas del Río de la Plata, con un apéndice sobre la usurpacion de Montevideo por los gobiernos portugués y brasilero, que aparecen, sin nombre de autor, ese año en Londres, al inglés y más tarde (1826) al francés. Las Noticias de NÚÑEZ se abren con una memoria: Revista Política de las causas de la Revolución de las Provincias Unidas del Río de la Plata, que el autor había escrito, en 1824, por disposición de RIVADAVIA, Sobre los sucesos de la independencia argentina, destinada a WOODBINE PARISH, agente inglés en Buenos Aires que más tarde escribirá un libro histórico sobre las regiones del Plata.

Cabe especialmente destacar el interés demostrado por RIVADAVIA hacia la historia de las ciencias: el decreto de 1823 por el cual se obligaba a los profesores a publicar sus lecciones, obligaba también a redactar la historia de la disciplina que profesaban; cuando en 1824 se refiere a la administración de la Imprenta del Estado, establece que en esa imprenta se imprimirán "los cursos e historias de las Ciencias que se mandan publicar...".

La preocupación por el problema de la tierra empujó a RIVADAVIA a otras iniciativas de interés científico. A fines de 1821 crea el Registro Estadístico, como elemento de colaboración en el tratamiento de aquel problema, y porque la estadística proporciona a los gobiernos "el medio más seguro de calcular siempre en marcha", agregando que le permitirá adquirir las ideas "que hagan subir continuamente su administración en saber y beneficencias'.

El Registro inició su aparición a principios de 1822 bajo la dirección de VICENTE LÓPEZ, que no sólo incluyó en él datos estadísticos sino además colaboraciones, documentos, noticias históricas, etcétera. En 1825, el Registro dejó de aparecer.

En 1824 se creó el Departamento Topográfico, institución destinada, según GUTIÉRREZ, "a ejercer una influencia saludable sobre la estabilidad de la propiedad rural y sobre los procederes facultativos para ubicarla de la manera más conveniente. Pero más tarde, cuando el sistema enfitéutico de RIVADAVIA mostró deficiencias en la práctica, se suprimió esa Comisión sustituyéndosela en 1826 por el Departamento Topográfico y Estadístico, que debía reunir datos estadísticos para publicarlos anualmente, así como ocuparse de las tareas relativas a los agrimensores y topógrafos: delinear pueblos y caminos, levantar planos, etcétera. En las tareas del Departamento intervinieron VICENTE LÓPEZ y los profesores de ciencias exactas DÍAZ, SENILLOSA y MOSSOTTI.

Por último, contribuyó a la atmósfera cultural de la época la acción de la Sociedad Literaria de Buenos Aires, que nace a principios de 1822, por iniciativa de JULIÁN SEGUNDO DE AGÜERO y que edita los dos periódicos más brillantes, aunque de breve vida, de la época: El Argos de Buenos Aires (que reproduce el título de otro periódico nacido y muerto en 1821), que llegará hasta mediados de 1825; y la revista mensual La Abeja Argentina, dedicada "a objetos políticos, científicos y de industria; y contendrá además: Traducciones selectas; los descubrimientos recientes de los pueblos civilizados; las observaciones meteorológicas del País; las medidas sobre la constitución de los años, de las estaciones y un resumen de las enfermedades de cada mes; un sumario de los adelantamientos de la Provincia", de la que aparecieron quince números hasta mediados de 1823. El año siguiente moría también la Sociedad Literaria. De las demás hojas periódicas que en gran número nacen y mueren en esa época, sólo mencionaremos la Crónica política y literaria de Buenos Aires, redactada por JOSÉ JOAQUÍN DE MORA Y PEDRO DE ANGELIS, que traía una sección especial dedicada al progreso de las ciencias y en la que muchos artículos se vinculaban directa o indirectamente con la ciencia y con la educación.

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