Apicultura Wiki
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                                == INDICE ==  Regresar a la Historia de la apicultura

José Patricio Larraín Gandarillas o Patricio Larraín Gandarillas era un inmigrante de origen vasco dueno de fundos en Chile y fue el primero en importar abejas a Chile en 1844 desde Torino Italia. En la Historia de la apicultura en la República de Chile, podemos ver que tan solo dos colmenas llegaron vivas. A partir de las mismas se funda la base de la Apicultura Chilena y luego en 1855 Michel Aimé Pouget introduce a Mendoza, Argentina, estas abejas de la subespecie Apis mellifera ligustica.

Michel Aimé Pouget había estado al frente de la Quinta Nacional y, en Villuco, en el fundo del potentado Chileno D. José Patricio Larraín Gandarillas, quien introducía en su patria todas las novedades européas y estadounidenses en materia agrícola. Su fundo llamado Peñaflor fue un verdadero muestrario aplicado al trabajo de la tierra. Ya en 1844 tuvo la gloria de hacer llegar de Milán (Italia), veinticinco colmenas de las cuales solo dos llegaron con abejas. Este escasísimo plantel fue la base de la apicultura Chilena y posteriormente de la Mendocina. Gandarillas contrató para restablecer su castigado apiario, los servicios del experto colmenero D. Carlos Bianchi y puso al frente de sus cultivos al sabio agricultor Miguel Amado Pouget.

Larraín Gandarillas[]

Desde mediados del siglo XVI se sucedieron varias encomiendas, hasta que en 1738, la Hacienda de Aculeo, fue adquirida por la familia Larraín. Hasta 1861 la Hacienda Aculeo estaba ligada al mayorazgo de la familia Larraín Gandarillas, muy poderosa e influyente que contaba con numerosas propiedades en la zona central y entre cuyos miembros se encontraban no pocos políticos, ministros y uno de cuyos hermanos era, a la sazón, el Arzobispo de Santiago, Don Joaquín Larraín Gandarillas 1822-1897 hijo de Juan Francisco Larraín y Rojas, y Mercedes Gandarillas Aránguiz.

El centro de la Hacienda era lo que hoy es El Vinculo, cuyas casas patronales, la iglesia y construcciones adyacentes, con mas o menos modificaciones, datan de principios del siglo XIX y aún del siglo XVIII.

Don Patricio Larraín y su hermano Francisco de Borja, hombres muy emprendedores, tenían a su cargo la explotación de Aculeo así como de otras propiedades como Mallarauco y Mostazal y mantenían a su vez a sus numerosos hermanos y hermanas, otros familiares y sus residencias en Santiago.

Don Patricio se embarcó en una obra gigantesca, muy meritoria y muy lucrativa después, como fue la construcción del canal de Mallarauco, que desvía las aguas del Mapocho y riega todo el valle de Mallarauco y que sigue en funciones hasta hoy día.

Por cartas entre él y Don José Letelier se da a entender que este enorme trabajo lo dejó en bastantes malas condiciones económicas y decidió vender algunas de sus numerosas propiedades agrícolas. Sin embargo, le tenía especial cariño a Aculeo y le ofreció a Letelier otras propiedades a la venta, incluso la propia Hacienda Mallarauco.

José y Wenceslao Letelier Sierra poseían vastas tierras en la zona de Llay Llay cuyo centro era la Hacienda Vichiculén. Además tenían pertenencias mineras en Catemu que explotaban con bastante éxito. Dada la extraordinaria existencia de bosques y especialmente de espinos que existían aquí y por lo tanto de carbón, fundamentales para la fundición del mineral en primitivos hornos, los hermanos Letelier insistían en la compra de Aculeo, hasta que muy a su pesar, Don Patricio Larraín vendió la parte llamada Aculeo adentro, que comprendía la Laguna propiamente tal y todas las tierras y cerros adyacentes en $280.000 oro de 18 peniques (sacado de un apunte manuscrito de Don Miguel Letelier)

Él se reservó la parte agrícola neta que hoy día es El Vínculo, Abrantes, Peralillo, etc. Se calcula que entre ambas partes la Hacienda Aculeo contaba con cerca de 50.000 Has.

Los alrededores de la Laguna permanecían casi totalmente deshabitados, cubiertos por densos e impenetrables bosques y con una sorprendente fauna, tanto terrestre como acuática, que impresionó vivamente a diversos viajeros del siglo XIX y aún antes, entre ellos a la pintora y escritora inglesa María Graham, quien realizó la primera pintura de la Laguna de Aculeo, durante su visita en el trayecto de un viaje a Graneros en 1823, grabado muy difundido hoy en día.

Lo que sí se explotaba y eran muy apetecidos en Santiago, fueron los pejerreyes de Aculeo, cuyo rubro como explotación del predio debió ser bastante importante pues existen libros de contabilidad de antes de 1840 que dan cuenta de su pesca y acarreo a Santiago en grandes canastos, de madrugada a todo galope de postas de caballos.

Evolución[]

Durante varias décadas, se produjo el enfrentamiento político e ideológico entre dos bandos que deseaban orientar la enseñanza pública, los laicos-liberales, encabezados inicialmente por José Victorino Lastarria, Diego Barros Arana y Valentín Letelier, y los católicos conservadores o “ultramontanos”, encabezados por Abdón Cifuentes Espinosa y Joaquín Larraín Gandarillas. El darvinismo fue uno de los temas en conflicto. Los liberales intentaban difundir en Chile las ideas positivistas y del liberalismo europeo, entre ellas el evolucionismo, mientras los conservadores consideraban que el darvinismo atentaba contra la formación moral de los jóvenes. En el grupo de los conservadores participaban activamente los miembros del clero.

Por su parte,los principales líderes del grupo laico-liberal pertenecían a la francmasonería o masonería, institución que arraigó en Chile con Manuel Blanco Encalada, presidente de la República en 1826, el cual fundó en 1827 la Logia Filantropía Chilena. En este contexto de enfrentamiento se van a suceder la publicación de diferentes textos de estudio dirigidos a la enseñanza de la Biología (o biolojía, según la grafía chilena de la época) en nivel de enseñanza media, en los cuales se aprecia las posturas enfrentadas.

Origen Vasco[]

  • Laborde Duronea, Miguel en su libro titulado: Los vascos en Chile 1810-2000,s.e., Santiago, 2002, 311, (1), ilustraciones.

Bien conocida es la influencia de los vascos en la sociedad chilena durante el siglo XVIII, en los acontecimientos de la Independencia y la formación de la República. Sin perjuicio de recoger estos antecedentes, el autor de este interesante y elegante libro se concentra en el aporte de los inmigrantes vascos y sus descendientes en Chile desde mediados del siglo XIX hasta nuestros días. En el siglo XIX las figuras más representativas en los ámbitos de la minería y la agricultura son descendientes de vascos: José Tomás Urmeneta, José Santos Ossa, Agustín Edwards Ossandón, que tenía sangre euzkera por el lado materno, Domingo Eyzaguirre, que concluyó el canal del Maipo, Patricio Larraín Gandarillas, Manuel A. Zañartu en Concepción, Silvestre Ochagavía y Francisco Undurraga. Contingentes igualmente representativos se registran en el mundo artístico y cultural, en la vida política, tanto entre los liberales como los conservadores y clericales y en las fuerzas armadas. Esta misma característica se aprecia en el Chile de comienzos del siglo XX, como lo señala más adelante. No es de extrañar, pues, que la política inmigratoria chilena considerara de preferencia a los vascos, tanto franceses como españoles, como elementos deseables para la colonización de las tierras de la Araucanía y la región de Los Lagos. El autor se refiere a algunas de estas familias vascas, como los Laborde, Etchepare, Larroulet, Duhalde, Hiriart, Larre, y otras, como asimismo a sus actividades industriales y comerciales. Fueron especialmente prominentes en la industria del cuero y del calzado donde los vascos alcanzaron un carácter cuasi monopólico, pero también en otros rubros. Tras un intento de precisar el posible elemento vasco en el carácter del chileno actual, el autor termina por mencionar a familias e individuos de ascendencia vasca, más o menos directa, que han destacado en las distintas esferas de la vida nacional.

Véase también[]

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