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José Manuel Pérez Castellano, nieto de canarios, fundadores de Montevideo, nació en esa ciudad el 24 de marzo de 1743 - Murió el 5 de septiembre de 1815. Cursó estudios eclesiásticos en su ciudad natal y en Córdoba, donde se doctoró. Aspiró en dos oportunidades al curato de Montevideo, pero sin éxito. Hasta 1787, desempeñó varios cargos eclesiásticos. En 1808, fue electo miembro de la Junta de Gobierno designada por el Cabildo del 21 de setiembre. Participó, también, en el Congreso de Capilla Maciel.

Durante cuarenta años, se consagró al cultivo de su chacra del Miguelete. En 1813, a pedido del gobierno patrio de Guadalupe, comienza a redactar sus Observaciones sobre la Agricultura. De 1787 data su Memoria sobre el estado general de esta colonia. Las dos, dice Zum Felde, carece en absoluto de cualidades literarias, teniéndolas, únicamente, desde el punto de vista histórico y científico.

Pero agrega: El Memorial aludido es, seguramente, lo primero que se escribió en el país, algo extenso y con cierto cariz de ilustración y correcta prosa. Pérez Castellano murió en 1815. Su valiosa biblioteca donada al Estado, sirvió de plantel a la futura Biblioteca Nacional.

Biblioteca Nacional del Uruguay[]

El 4 de agosto de 1815, el presbítero y sabio Dámaso Antonio Larrañaga envía una carta al Cabildo Gobernador, proponiendo suplir con buenos libros, la falta de maestros e instituciones, y haciendo hincapié que era necesario el establecimiento de una Biblioteca Pública, donde puedan concurrir nuestros jóvenes y todos los que deseen saber.

Según lo que escribieron, Washington Reyes Abadie y Vázquez Romero, Larrañaga se ofrecía como Director y decía que contaba inicialmente con sus libros de todo género de literatura y con los aportes de varios amigos que han aplaudido y acalorado mi proyecto. Además solicitaba un edificio adecuado para instalarla.

La idea fue recibida con beneplácito, informándole inmediatamente a Artigas para dignificarla con el sello de una sanción tan respetable.

El 12 de agosto de 1815, desde su campamento en Purificación, Artigas cursa nota al Cabildo, ordenando proceder a la creación de la primera Biblioteca Pública.

En su nota, el Jefe de los Orientales manifiesta:

Yo jamás dejaría de poner el sello de mi aprobación a cualquier obra que en su objeto llevase insculpido el título de la pública felicidad. Conozco las ventajas de una Biblioteca pública y espero que V.S. cooperará con su esfuerzo e influjo a perfeccionarla, coadyuvando los heroicos esfuerzos de tan virtuoso ciudadano.

El 28 de agosto de 1815, Artigas le escribió a Larrañaga manifestándole el convencimiento sobre la gran utilidad de una Biblioteca Pública, dando a conocer su esperanza en que el Cabildo contribuirá con cuanto Ud. juzgue necesario para su mejor adorno y pronto arreglo.

Un aporte importante para dotar de libros a la nueva Biblioteca, llegó a través del legado de un ilustre ciudadano, el presbítero José Manuel Pérez Castellano, quien dejó en su testamento un importante acervo bibliográfico de su valiosa biblioteca personal, para fundar un establecimiento público. Pérez Castellano murió el 5 de setiembre de 1815.

La biblioteca se complementó con las donaciones de José Raimundo Guerra y de los Padres Franciscanos, que se sumaron a los que donó el propio Larrañaga, calculándose en más de cinco mil volúmenes el acervo fundacional.

Con el apoyo de Miguel Barreiro, el Cabildo dispuso de un espacio en los altos del Fuerte de Montevideo para instalar la Biblioteca, en el costado sur de lo que hoy es la plaza Zabala. Larrañaga se ocupó de dirigir las obras de acondicionamiento de las instalaciones, muebles, revoques, pisos, estanterías, etc.

La inauguración oficial fue el 26 de mayo de 1816, como parte de los festejos para conmemorar el 25 de mayo de 1810.

Dámaso Antonio Larrañaga, como Director de la primera Biblioteca Pública, pronunció la Oración Inaugural. Los historiadores Reyes Abadie, Bruschera y Melogno narran en el libro, El ciclo artiguista, tomo 2, lo siguiente:

La Oración Inaugural comienza con una invocación a los fastos universales del mes de mayo; sigue con el comentario a la pretensa usurpación por Buenos Aires, en la jornada de mayo, a las glorias que anticipadamente habría acumulado Montevideo, dispuesta a la que califica de “odiosa discordia” y exalta a su ciudad, al inaugurar la Biblioteca Pública, por su “mérito que sólo la Grecia puede disputarle”.

Una Biblioteca no es otra cosa que un domicilio o ilustre asamblea en que se reúnen, como de asiento, todos los más sublimes ingenios del orbe literario, o por mejor decir, el foco en que se reconcentran las luces más brillantes que se han esparcido por los sabios de todos los países y de todos los tiempos. Estas luces son las que el ilustre y liberal Gobierno viene a hacer comunes a sus conciudadanos.

Más adelante, los citados autores, escriben: Artigas, sensible a la repercusión pública del hecho, dispuso que el 30 de mayo el saludo y santo y seña del Ejército fuera la frase, hoy célebre, de Sean los Orientales tan ilustrados como valientes; y le expresaba a Larrañaga al acusar recibo de su Oración Inaugural, cuánto se congratularía fuesen los paisanos desplegando sus talentos con la eficacia de Vd. Estamos para formar hombres, e inspirando a los jóvenes aquella magnanimidad propia de almas civilizadas podremos llegar a formar en ellos el entusiasmo que hará ciertamente la gloria y felicidad del país.

Bibliografía[]

  • Pérez Castellano, J. M. (1968). Selección de escritos: observaciones sobre agricultura. Biblioteca Artigas, v. 130-132.
  • Pérez Castellano, J. M. (1968). Selección de escritos: crónicas históricas, 1787-1814. Biblioteca Artigas, 130. Montevideo: Departamento de Investigaciones Históricas del Museo Histórico Nacional.
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