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Este artículo trata sobre la Península Ibérica en tiempos de los griegos, para otros usos de la palabra, véase Iberia (desambiguación)


Iberia es el nombre con que los griegos conocían desde tiempos remotos lo que hoy llamamos Península Ibérica. El historiador griego Herodoto (circa 484 adC425 adC) cita ya el topónimo de Iberia para designar la península, que es conocido en todo el mundo griego.

Introducción[]

El término Iberia es exclusivamente griego, así como el término Hispania lo es latino. Decir español por iber o por hispanus es cometer una falta de propiedad, pues lleva consigo diferencias de época y de ambiente. Al decir que es griego, queremos decir que nos ha llegado a través de los textos griegos. El origen del nombre podría ser el pueblo Ibero o bien este pueblo podría haber tomado el nombre del territorio donde se asentaron. Esto se discute en el epigrafe siguiente.

El conocimiento de la península ibérica como entidad geográfica fue un proceso lento, con retrocesos y transformaciones de leyendas. La lejanía con el foco de la cultura antigua era notable, así que no está muy claro cual sea el concepto que pudieran tener griegos y fenicios sobre su geografía. El interés de ambos pueblos en aquellos tiempos era simplemente económico, por tanto se supone que tendrían tal vez un conocimiento bastante bueno sobre el litoral y algunas regiones del interior.

Los historiadores creen que el pueblo fenicio manejaba datos geográficos de gran interés para ellos y que incluso existieron textos con una gran información. Se sabe que en el siglo I adC, el sabio y erudito rey Juba de Mauritania logró reunir una gran biblioteca con textos y literatura fenicia, y que en el año 100 de nuestra era, el geógrafo judío Marinos de Tyros (Fenicia), tuvo un gran acopio de material para poder componer su mapa del orbe, mapa que sirvió en gran medida al científico Claudio Ptolomeo. Pero ni los griegos ni los romanos prestaron gran atención a estos escritos y no los conservaron ni los tradujeron, y ésta es una de las razones por la que no han llegado hasta nuestros días.

El topónimo Iberia[]

El vocablo Iberia en tiempos de griegos y romanos no tiene un valor geográfico sino puramente étnico, aunque en otras lenguas sí se utiliza en este sentido, como en inglés o en catalán. Se sabe que había tribus iberas en el sur de Montpellier en el siglo VI adC, y que en el siglo V adC Esquilo (dramaturgo griego) escribía que «el Ródano corría por Iberia».

El historiador griego Herodoto, en el siglo V adC, en su obra Historias, ya cita el topónimo Iberia para designar la península. Pero antes ese término fue empleado por los tartesos para definir su territorio. El mundo griego de la Antigüedad conoce con ese nombre los límites del oikumene (oιkoυμενη) o «mundo conocido»: al este el Cáucaso, al oeste, Iberia la península (véase Iberia caucásica). Se considera que el término Iberia para definir lo que hoy es la península Ibérica es exclusivamente griego, así como el término Hispania lo es latino, aunque los romanos también utilizaron al principio el topónimo de Iberia, incluso le añadieron una «h»: Hiberia.

Sin embargo el mismo Estrabón también llamaba iberos a otro pueblo en la actual Georgia (Iberia caucásica). Si hay alguna relación entre estos dos pueblos iberos o si es solo una coincidencia de nombres es una cuestion abierta.

Se cree que la voz iber es de origen íbero, que era así como este pueblo nombraba a los ríos en general (igual que wad en árabe es «río»). Así era llamado el actual río Tinto en Huelva, y así debía ser llamado también el actual Ebro, que ha conservado el topónimo. Desde Andalucía hasta el Ródano hay una gran familia de ríos que de alguna manera conservan el iber. El topónimo Iliberris o Ileberris, que se da tanto en la Narbonense como en Granada, es puramente ibero y se refiere a ciudad y río.

Estrabón en su obra Geografía cuenta todo lo que sabe sobre Iberia en épocas anteriores, pero dice que en su tiempo el límite estaba ya en el Pyrene.

Geografía de Iberia[]

Durante los siglos V, IV y III adC las noticias que se tienen sobre la península Ibérica son bastante vagas y a veces hasta falsas. Coinciden estas fechas con ser la época de menor número de viajes de los griegos. Pero ya en siglo III adC, con la conquista romana hay una cierta facilidad para moverse, para viajar con mayor seguridad por mar y por tierra, además de que los sabios helenísticos del momento se manifestaron ansiosos por aprender y rectificar los posibles errores del pasado.

A la llegada de los romanos a la península ya se considera como Iberia toda la costa del Mediterráneo.

Los griegos conocían muy bien puntos muy concretos como el estrecho de Gibraltar, que ellos llamaban Stelai (se sobreentendía Heracleous). Stelai es «columnas» en griego, por eso los romanos lo tradujeron y llamaron al lugar Columnae Herculis («Columnas de Hércules»). Conocían también los Pirineos, que llamaban Pyrene, en singular, aunque tenían una idea poco real de su orientación, que creían que era de norte a sur.

Polibio fue un historiador griego del siglo II adC que vivió un tiempo en la península. Polibio dice textualmente: «Se llama Iberia a la parte que cae sobre nuestro mar, el Mediterráneo, a partir de las columnas Heracleas. Mas la parte que cae hacia el mar exterior, el Atlántico, no tiene nombre común a toda ella, a causa de haber sido reconocida recientemente».

Los tres primeros tratados que hubo sobre la geografía de Iberia fueron los escritos por Mela (en latín), Plinio el Viejo (en latín) y Estrabón (en griego). Mela y Plinio, según cuenta Estrabón, llegaron a conocer muy bien las costas del norte y noroeste. Estrabón por el contrario nunca estuvo en la península. Todo lo que escribió fue a partir de fuentes de numerosos geógrafos e historiadores añadiendo además la gran información que recibía de la milicia y gente de la administración de Roma. Sus escritos son quizás menos científicos en cuanto a términos empleados se refiere, pero son los más amenos y los que mejor han llegado a nuestros días. Escribió un buen tratado llamado Geografía, cuyo tercer volumen es el que está dedicado a trazar los pormenores de la península Ibérica: ríos, montañas, límites, costas, poblaciones, ciudades, cultivos, rasgos culturales, navegantes, pobladores… Es aquí donde describe lo de la piel de toro; dice textualmente que «Iberia se parece a una piel de toro, tendida en sentido de su longitud de Occidente a Oriente, de modo que la parte delantera mire a Oriente y en sentido de su anchura del septentrión al Mediodía».

El cuarto de los escritores que dedicaron sus conocimientos a la descripción geográfica de Iberia fue el científico Claudio Ptolomeo, un siglo después de los anteriores. En sus famosas tablas geográficas ofrece un cuadro casi completo con infinidad de topónimos. Ptolomeo es el que garantiza un mayor interés geográfico y matemático.

Estos cuatro escritores son la base de los conocimientos geográficos de la península Ibérica de la Antigüedad.

Citas[]

Estrabón se refiere a la península ibérica:

«Con el nombre de Ibería los primeros griegos designaron todo el país a partir del Rhodanos y del isthmo que comprenden los golfos galáticos; mientras que los griegos de hoy colocan su límite en el Pyrene y dicen que las designaciones de Iberia e Hispania son sinónimas». Estrabón, Geografica III, 4, 19

Sin embargo, antes, en el libro segundo, Estrabón hace referencia a los Iberos Caucásicos:

«Podemos hablar de cosas referentes a los que habitan la región del Kaukasos, los iberes». Geografica II, 5, 12

Véase también[]

Referencias[]

  • España y los españoles hace dos mil años (según la Geografía de Estrabón), de Antonio Gª y Bellido. Colección Austral de Espasa Calpe S.A., Madrid 1945 (primera edición: 8-XI-1945). Fallecido Don Antonio, su hija Mª Paz ha continuado con nuevas ediciones de tan importante obra.
  • Las artes y los pueblos de la España primitiva, de José Camón Aznar (catedrático de la Universidad de Madrid). Editorial Espasa Calpe, S.A. Madrid, 1954
  • Diccionario Espasa Íberos, de José R. Pellón. Espasa Calpe S.A. Madrid, 2001
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