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Hispania era el nombre dado por los Romanos a la península Ibérica, y parte de la nomenclatura oficial de las tres provincias romanas que crearon ahí: Hispania Ulterior Baetica, Hispania Citerior Tarraconensis e Hispania Ulterior Lusitania. Posteriormente se le unió Mauritania Tingitana.

Historia romana[]

Doscientos años después de la conquista de Hispania por Roma (218-19 a.C.) los escritores latinos conocían bien los riquezas de lo tierra hispana, de las que han dejado sustanciosa información en sus escritos. A los escritores de comienzos del Imperio debemos las principales alabanzas de los bondades de la Península Ibérica. Estos son Trogo Pompeyo, historiador nacido en el sur de Galia, que escribió una Historia Universal en época del emperador Augusto, extractada por Justino, que vivió hacia e 300; Estrabón, que escribió su Geografía en época de Augusto; Plinio el Viejo, que fue procurador en época flavia de la provincia Tarraconense, y Silio Itálico (25-101); que luego fueron copiados por autores posteriores, como Claudio Claudiano, hasta Isidoro de Sevilla en época visigoda.

Alabanza de los productos de Hispania por Trogo Pompeyo. Un largo párrafo de Trogo Pompeyo (XLIV, 1 -2) se refiere en estos términos a lo riqueza y a los productos de la tierra de Hispania: Ya que Hispania cierra los límites de Europa, ha de ser por ello e final de esta obra. Llamáronla los antiguos primeramente Iberia, del río Iberus, y luego Hispania, de Hispalus.. Hállase situada entre África y Galia, y está limitada por e estrecho del Océano y por los montes Pyrenaei. Es menor que estas dos tierras, pero, en cambio, es más fértil que ambas, pues ni la abrasa sol violento como a África, ni vientos continuos la azotan como a Galia; por el contrario, situada entre las dos, goza por una parte de una temperatura módica, y por otra, de lluvias abundantes y oportunas; por ello es rica en toda clase de frutos, de tal modo que abastece pródigamente con toda case de cosas no sólo a sus propios habitantes, sino también o Italia y a la ciudad de Roma. En ella hoy abundancia de trigo, de vino, miel y aceite; produce mucho lino y esparto, y no sólo sobresale por sus minas de hierro, sino que también por sus yeguadas de ligeros caballos. Mas no han de alabarse los bienes que ofrece la superficie de la tierra, sino también las abundantes riquezas en metales que ella esconde. Produce mucho lino y esparto, y no hay tierra alguna que ofrezca en mayor abundancia el minio. Sus corrientes fluviales no son tan impetuosas y rápidas que perjudiquen, sino tranquilas, sirviendo para regar las viñas y los llanos, abundando en pesca, que les entra del Océano. Son también, en su mayoría, ricas en oro, del que arrastran las paluces»... La salubridad del suelo es la misma en toda Hispania, porque las corrientes de aire no están infectadas de nieblas nocivas surgidas de pantanos. Añádase a ellos las auras marinas y los vientos constantes que soplan en todas direcciones, los cuales, al penetrar por el interior de la provincia, renuevan el aire de las tierras, llevando la salud a sus habitantes. Sus hombres tienen el cuerpo acostumbrado a la abstinencia y al trabajo y sus ánimos dispuestos para la muerte. Todos practican una moderación severa y firme. Prefieren la guerra al ocio, y si les faltan enemigos fuera, los buscan dentro. Con frecuencia han perecido en el tormento antes de declarar un secreto a ellos confiado; hasta tal punto es para ellos preferible la reserva silenciosa de la vida. Aún se celebra a constancia de aquel esclavo que durante la guerra púnica, habiendo vengado a su señor, manifestaba su gozo con risas, mientras le atormentaban, venciendo así con su serena alegría la crueldad de sus verdugos. Este pueblo tiene ágil movimiento e inquieto ánimo, siendo para la mayoría de ellos más queridos los caballos y los arreos militares que la sangre de los suyos. Los días festivos los celebran sin ningún aparato en los banquetes. Tras la segunda guerra púnica aprendieron de los romanos la costumbre de lavarse en baños termales... Muchos autores han contado que entre los lusitanos que habitan junto al río Tagus las yeguas conciben sus crías del viento, fábula que tiene su origen en la fecundidad de las yeguas y en la multitud de sus rebaños, los cuales pueden verse, tanto en Gallaecia como en Lusitania, en tal alto número y tan veloces que no sin razón parecen como concebidos por el mismo viento... También Gallaecia es muy rica en oro, de tal modo que con el arado suelen descubrirse con frecuencia trozos áureos. Entre estas gentes hay un monte sagrado y el violarlo con hierro se considera sacrilegio, mas si alguna vez la tierra es hendida por un rayo, lo que acontece con bastante frecuencia en estos lugares, entonces se permite recoger el oro puesto a descubierto como si fuese un don de Dios».

La afirmación de Trogo Pompeyo de que Hispania es rica en toda clase de frutos -concretamente cita el trigo, el vino, la miel y el aceite, con la que abastece sobradamente a sus habitantes y a los de Italia (más concretamente a los de Roma)–, tiene ratificación en las opiniones de otros autores de época imperial. Basta recordar, por mencionar a algún autor contemporáneo de Augusto, al propio Estrabón (3.2.6), quien indica que «del sur de Hispania se exporta a Roma trigo, mucho vino y aceite, éste no sólo en cantidad, sino en calidad insuperable. También se exporta cera, miel, y mucha cochinilla». En este párrafo puntualiza el geógrafo los frutos en los que Hispania era rica y que se exportaban a la capita del Imperio. La Urbs a lo largo de su historia necesitó siempre ser abastecida de alimentos de las provincias sometidas.

Hispania y sus habitantes[]

El término Hispania es latino, el término Iberia es exclusivamente griego. Decir español por iber o por hispanus es cometer una falta de pertenencia pues lleva consigo diferencias de época y de ambiente. En los textos que se conservan de los romanos éstos emplean siempre el nombre de Hispania (citada por primera vez hacia el 200 adC por el poeta Quinto Ennio), mientras que en los textos conservados de los griegos éstos emplean siempre el nombre de Iberia.

Se sabe que los fenicios y los cartagineses llamaron a la Península con el nombre de Span o Spania, con el significado de oculto (país escondido y remoto). Existe otra versión de que el nombre proviene del término fenicio I-shphanim que literalmente significa: 'de damanes', (shphanim, es la forma plural de shaphán, 'damán', Hyrax syriacus) que fue con este vocablo con el que los fenicios decidieron, a falta de un nombre mejor, denominar al conejo, Oryctolagus cuniculus, animal poco conocido por ellos y que abundaba en extremo en la península. Otra versión de esta misma etimología sería Hi-shphanim, 'Isla de conejos' (o, de nuevo literalmente, damanes). Por otra parte no era el único bicho que llamaba la atención por su abundancia. Los griegos llamaron a la Península Ophioússa que significa 'tierra de serpientes', y lo cambiaron por Iberia, pues iber era una palabra que escuchaban constantemente entre los habitantes de la península. Es un término geográfico pero no se le puede asignar en concreto al río Ebro pues se encontraba esta palabra también por toda la Andalucía actual. Algunos lingüistas piensan que significaba simplemete río. En realidad no se sabe bien.

Gran parte del conflicto entre cartagineses (fenicios) y romanos tuvo como escenario las tierras de Iberia, la Península. El conflicto se manifestó en lo que se llamaron guerras púnicas y que terminaron con el triunfo de Roma. Entonces los romanos tomaron contacto con Iberia, pero para denominarla eligieron el nombre que ellos oían a los cartagineses, Ispania, al cual más tarde añadieron una H, como también añadieron una H a Hiberia. Además de la H utilizaron el plural, Hispanias, como utilizaron el plural en las Galias. Fue la primera provincia donde los romanos entraron y la última acabada de dominar por Augusto.

Los romanos dividieron al principio las Hispanias en dos provincias (197 adC, regidas por dos pretores, la Citerior, al norte del Ebro, y la Ulterior al sur. Las largas guerras de conquista duraron dos siglos; es lo que se conoce como romanización. Con la conquista se cortó el curso de la civilización indígena que fue sustituida por la heleno-latina. A través de estos dos siglos hubo muchos conflictos:

  • Guerras de independencia en que los iberos y otros pueblos (primeros pobladores de la península) fueron poco a poco vencidos y dominados a pesar de las grandes gestas protagonizadas por la ciudad de Numancia o por el caudillo Viriato y otros.
  • Guerra dirigida por Sertorio, pretor de la Hispania Citerior, desde donde desafió con éxito el poder de Roma.
  • Guerra civil entre César y Pompeyo, que se llevó a cabo en gran parte en territorio de Hispania.
  • Campañas de César y de Augusto para someter a los galaicos, astures y cántabros.
  • Finalmente llega la pax augusta. Hispania es dividida en tres provincias. Finales del siglo I adC. En este momento aparecen dos escritores cuya obra han tenido muy en cuenta los historiadores de todos los siglos: el geógrafo Estrabón y el historiador universal Trogo Pompeyo. Ambos dedican en sus obras sendos capítulos a las Hispanias.

Estrabón habla de Iberia en su libro III de Geografía y allí comenta:

Algunos dicen que las designaciones de Iberia e Hipania son sinónimas, que los romanos han designado a la región entera (la península) indiferentemente con los nombres de Iberia e Hispania, y a a sus partes las han llamado ulterior y citerior.

Trogo construye toda una imagen sobre sus habitantes:

Los hispanos (de Hispania) tienen preparado el cuerpo para la abstinencia y la fatiga, y el ánimo para la muerte: dura y austera sobriedad en todo (dura omnibus et adstricta parsimonia). [……] En tantos siglos de guerras con Roma no han tenido ningún capitán sino Viriato, hombre de tal virtud y continencia que, después de vencer los ejércitos consulares durante 10 años, nunca quiso en su género de vida distinguirse de cualquier soldado raso.

Otro historiador romano llamado Tito Livio (59 adC a 17 ddC), escribe también sobre el carácter del hombre hispano, tal y como él lo veía:

Ágil, belicoso, inquieto. Hispania es distinta de Itálica, más dispuesta para la guerra a causa de lo áspero del terreno y del genio de los hombres.

Lucio Anneo Floro (entre los s. I y II), que fue un historiador amigo del emperador Adriano, también hace sus observaciones:

La nación hispana o la Hispania Universa, no supo unirse contra Roma. Defendida por los Pirineos y el mar habría sido inaccesible. Su pueblo fue siempre valioso pero mal jerarquizado.

Valerio Máximo la llamó fides celtiberica. Según esta fides, el ibero consagraba el alma a su caudillo y no creía lícito sobrevivirle en la batalla. Es la conocida devotio o dedicación ibera de los comienzos del imperio romano. (En la Edad Media tuvieron muy en cuenta esta fidelidad de los celtíberos a la que llamaron para sí lealtad española).

Más tarde, en el siglo IV, surge otro escritor, un retórico galo llamado Pacato que dedica parte de su obra a describir esta península, Hispania, su geografía, clima, habitantes, soldados, etc., y todo ello con grandes alabanzas y admiración. Pacato escribe:

Esta Hispania produce los durísimos soldados, ésta los expertísimos capitanes, ésta los fecundísimos oradores, ésta los clarísimos vates, ésta es madre de jueces y príncipes, ésta dio para el Imperio a Trajano, a Adriano, a Teodosio.

En su época sale a la luz una obra que se llama Expositio totius mundi en que se describe a Hispania como Spania, terra lata et máxima, et dives viris doctis (Spania, tierra ancha y vasta, y con abundantes hombres sabios). En estos momentos es cuando el nombre de Hispania alterna ya con Spania.

Pablo Orosio (390-418) hitoriador, discípulo de San Agustín y autor de Historiae adversus paganus, la primera Historia Universal cristiana, comenta al referirse a la acción reprobable de un pretor:

Universae Hispaniae propter Romanorum perditiam causa maximi tumultus fuit.

Para Orosio Hispania es una tierra con una vida colectiva con valores propios.

Con el tiempo este topónimo va a derivar en la voz España que designará la unidad geográfica de la península, más las conquistas de Baleares y Canarias a su debido tiempo. También ocurrirá a lo largo de la Historia que una pequeña extensión del oeste peninsular se convertirá en un nuevo reino llamado Portugal, de manera que a partir de ese momento decir España no será decir exactamente el territorio de la península Ibérica.

Las Hispanias[]

Archivo:Hispania 1a division provincial.PNG

Hispania según la primera división provincial romana

En los primeros tiempos de la romanización, los romanos consideraron la península como dos provincias para administrar, dos Hispanias. A una provincia la llamaron Ulterior (la más alejada de Roma) y a la otra, Citerior (la más cercana a Roma). La frontera entre ambas era una línea sinuosa trazada desde Cartago Nova (actual Cartagena) hasta el mar Cantábrico. Cada una de estas dos provincias comprendía:

Hispania Ulterior: Andalucía, Portugal, Extremadura, León, gran parte de la anterior Castilla la Vieja, Galicia, Asturias, Cantabria y Vascongadas. (Se entiende que todos estos topónimos son actuales, para poder entender mejor los territorios comprendidos).

Hispania Citerior: Parte oriental de Castilla y León, Aragón, Valencia, Cataluña, y gran parte de Castilla-la Mancha. (Se entiende que todos estos topónimos son actuales, para poder entender mejor los territorios comprendidos).

En el año 27 adC, el general y político Agripa hizo un cambio. Dividió Hispania en 3 partes, añadiendo la provincia de Lusitania que comprendía casi todo lo que hoy es Portugal (excepto la faja al norte del río Duero) y casi toda Extremadura y Salamanca (actuales).

Archivo:Hispania 2a division provincial.PNG

Hispania según la división provincial romana del 27 a.C.

El emperador Augusto en ese mismo año vuelve a hacer una nueva división que queda así:

Provincia Hispania Ulterior Baetica (Bética), cuya capital era Córdoba. Incluía algo menos que la actual Andalucía ya que la actual Almería y gran parte de lo que hoy es Granada y Jaén caían fuera, más la zona sur de la actual Badajoz. El río Anas o Annas (Guadiana, de Wadi-Anas) separaba la Bética de la Lusitania.
Provincia Hispania Ulterior Lusitania, cuya capital era Emerita Augusta (Mérida).
Provincia Hispania Citerior, cuya capital era Tarraco (Tarragona). Poco después, al cobrar máxima importancia esta provincia se llama simplemente Tarraconensis y se incluye en ella lo que hoy es Galicia y el norte de Portugal.

Llegando el siglo III de nuestra Era, el emperador Caracalla hace una nueva división que dura muy poco tiempo. Divide la Citerior otra vez en 2 creando la nueva Provincia Hispania Nova Citerior con Asturiae-Calleciae (actual provincia de León). Pero esta rara división que los historiadores no llegan a comprender duró muy poco y en el 238 quedó restablecida la Citerior Tarraconensis en su unidad.

Archivo:Hispania 3a division provincial.PNG

Hispania tras la división provincial de Diocleciano

Posteriormente, con la reforma administrativa del Imperio que lleva a cabo Diocleciano (284-305) se reorganizó el Imperio. Diocleciano dividió la antigua Tarraconense en tres provincias: Gallaecia, Cartaginensis y Tarraconensis, cuyos límites exactos se desconocen pues no constan en ninguno de los documentos conservados. Sin embargo, la innovación más importante fue la creación de las llamadas diócesis. Una de ellas fue Hispania cuya capital estaba en Córdoba. Las seis provincias antes citadas (Lusitania y Baetica más las cuatro en las que se había dividido Tarraconensis) fueron integradas en la diócesis, junto con Mauretania Tingitana, al otro lado del estrecho. A finales del siglo IV, las Islas Baleares constituyeron también una provincia independiente (Balearica), desgajándose de la Carthaginensis.

Visigodos y árabes[]

Con el tiempo, se comenzó a utilizar una forma secundaria de Hispania: Spania y de ahí se derivaría el nombre que conocemos hoy como España. Según cuenta San Isidoro, con la dominación de los visigodos se empieza a acariciar la idea de la unidad peninsular y se habla por primera vez de la madre España. Hasta la fecha se habían servido del nombre Hispania para designar todos los territorios de la península. En su obra Historia Gothorum, Suintila aparece como el primer rey de "totius Spaniae"; el prólogo de Historia Gothorum es el conocido De laude Spaniae (Acerca de la alabanza a España) y en él trata a España como nación goda.

Con la invasión musulmana el nombre de Spania o España se transformó en اسبانيا, Isbāniyā. Ocurrió algo curioso sobre lo que se habla pocas veces o nada en los textos y manuales de Historia y es el hecho de que los textos de las crónicas y documentos de la alta Edad Media designan exclusivamente con ese nombre (España o Spania) al territorio dominado por los musulmanes. Así, Alfonso I el Batallador (1104-1134) dice en sus documentos que "él reina en Pamplona, Aragón, Sobrarbe y Ribagorza", y cuando en 1126 hace una expedición hasta Málaga nos dice que "fue a las tierras de España".

Pero ya a partir de los últimos años del siglo XII se designa a toda la península, sea de musulmanes o de cristianos con el nombre de España. Así se habla de los cinco reinos de España: Granada (musulmanes), León con Castilla, Navarra, Portugal y Corona de Aragón (cristianos).

Siglos más tarde[]

En el siglo XIV el cronista Bernat Desclot narra la expedición de un conde catalán para salvar a una mujer ultrajada y pone en boca del héroe esta frase: Sényer, yo són un cavalar d’Espanya, e oí dir en ma terra que madona la emperadriu era reptada d’un cavaler de vostra cort... Más tarde el poeta portugués del siglo XVI Camões dice en una de sus obras: ...castellanos y portugueses, porque españoles lo somos todos… Todavía en ese siglo la unidad de la península se seguía denominando España, como derivado de Hispania.

Véase también[]

Referencias[]

  • España y los españoles hace dos mil años (según la Geografía de Estrabón), de Antonio Gª y Bellido (arqueólogo y catedrático de la Universidad de Madrid). Colección Austral de Espasa Calpe S.A., Madrid, 1945 (primera edición: 8-XI-1945)
  • Las artes y los pueblos de la España primitiva, de José Camón Aznar (catedrático de la Universidad de Madrid. Editorial Espasa Calpe, S.A. Madrid, 1954
  • Diccionario Espasa Íberos, de José R. Pellón. Espasa Calpe S.A., Madrid, 2001
  • Geografía histórica española, de Amando Melón, de la Real Sociedad Geográfica de Madrid y catedrático de Geografía de la Universidad de Valladolid y de Madrid. Editorial Volvntad, S.A., Tomo primero, Vol. I-Serie E. Madrid, 1928
  • Historia de España y de la civilización española, de Rafael Altamira y Crevea, catedrático de la Universidad de Oviedo, de la R.A. de la Historia, de la Sociedad Geográfica de Lisboa y del Instituto de Coimbra. Tomo I. Barcelona, 1900
  • Historia ilustrada de España, de Antonio Urbieto Arteta. Volumen II. Editorial Debate, Madrid, 1994
  • Historia de España. España romana, I, de Bosch Gimpera, Aguado Bleye, José Ferrandis. Obra dirigida por Ramón Menéndez Pidal. Editorial Espasa-Calpe S.A., Madrid, 1935

Enlaces externos[]

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