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La Guerra Argentino-Brasileña o Guerra del Brasil (en portugués Guerra da Cisplatina) fue un conflicto armado que tuvo lugar en la década de 1820 entre las Provincias Unidas del Río de la Plata, que recientemente se habían emancipado de España, y el Imperio del Brasil, por la posesión de los territorios que corresponden a la actual República Oriental del Uruguay.

En 1816 numerosas y bien pertrechadas fuerzas del Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarve comenzaron la invasión de la Provincia Oriental y de la casi totalidad de Misiones, así como practicaban incursiones en las provincias de Corrientes y Entre Ríos.
En 1821 la entonces llamada Provincia Oriental del Río de la Plata, actual Uruguay y ex Banda Oriental, fue anexada a Brasil por Portugal y unida a Río Grande del Sur con el nombre de Provincia Cisplatina (el uso del prefijo «cis» sugiere las intenciones luso-brasileñas de crear luego una provincia Transplatina sobre el territorio argentino), tras ser derrotado José Gervasio de Artigas en el combate de Tacuarembó (1820).
Cinco años después, en 1825, y con el apoyo del gobierno argentino, un grupo de orientales, llamados los Treinta y Tres Orientales y liderados por Juan Antonio Lavalleja, ingresó en la Provincia Oriental para desalojar a los ocupantes brasileños. Eventualmente se sumó el general Fructuoso Rivera y en pocos meses logran retirar al ejército brasileño. El 25 de agosto de 1825, en el Congreso de Florida, se declaró la independencia del territorio oriental, y su voluntad de formar parte de las Provincias Unidas del Río de la Plata (actual Argentina).

Si bien al comienzo las fuerzas imperiales eran mayores a las rioplatenses, Las Provincias Unidas lograron derrotar a Brasil luego de una lucha de tres años por tierra y mar; la batalla decisiva fue la de Ituzaingó. Sin embargo, los problemas económicos obligaron a aceptar reclamos brasileños y británicos, por lo que finalmente, Bernardino Rivadavia envió al ministro Manuel José García a gestionar la paz; sin embargo, García firmó un tratado que luego sería conocido como el “tratado deshonroso” , ya que reconocía la soberanía del Imperio sobre la Banda Oriental y se comprometía a pagarle a Brasil una indemnización de guerra. El presidente Rivadavia rechazó el convenio y posteriormente presentaría su renuncia.

El conflicto continuó hasta el 28 de agosto de 1828, cuando durante el gobierno de Manuel Dorrego y con la presión de Inglaterra se llegó a una Convención Preliminar de Paz, donde se disponía la independencia de la Banda Oriental y el cese de las hostilidades.

Antecedentes Editar

Desde comienzos de la colonización Portugal había desarrollado una política de expansión hacia los territorios de la cuenca del Plata, contenida en forma temporal por la creación del Virreinato en 1776. Los desórdenes generados por la revolución dieron oportunidad a una nueva etapa de intervención portuguesa.

Con la excusa de terminar con las fuerzas artiguistas, que atacaban las estancias del Sur del Brasil, los portugueses invadieron entre 1817 y 1820 la Banda Oriental que fue incorporada como Provincia Cisplatina al Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarve. Proclamada la Independencia de Brasil en 1822, Pedro I mantuvo esta situación.

Terminada la Guerra de la Independencia, la opinión pública en Buenos Aires y en el Litoral exigía la recuperación del territorio ocupado. Por su parte, el pueblo oriental intensificaba sus proyectos de liberación.

Archivo:Juan Manuel Blanes - El Juramento de los Treinta y Tres Orientales.jpg

Con el apoyo de Buenos Aires, Santa Fe y Entre Ríos, fue organizada una pequeña expedición: los Treinta y Tres Orientales, al mando de Juan Antonio Lavalleja secundado por Manuel Oribe, los Treinta y Tres partieron de la localidad bonaerense de San Isidro y desembarcaron en las costas orientales del río Uruguay, más exactamente en la playa conocida como “El Arenal Grande” o, más conocida aún como La Agraciada. Reforzados por contingentes locales, derrotaron las fuerzas imperiales, principalmente en la batalla de Sarandí y pusieron sitio a Montevideo (ciudad que fue liberada por Manuel Oribe). Las fuerzas orientales también lograron desalojar a los brasileños de Maldonado y Colonia e incluso del Fuerte de Santa Teresa.

La representación del pueblo oriental, reunida en el Congreso de la Florida, se pronunció por la unidad con las demás provincias argentinas, solicitándola al gobierno de Buenos Aires.

El Congreso nacional aceptó la reincorporación de la Banda o Provincia Oriental el 24 de octubre de 1825. Ante esto Brasil declaró la guerra; las Provincias Unidas respondieron el 1° de enero de 1826. Inmediatamente la poderosa escuadra brasileña bloqueó el puerto de Buenos Aires y la boca del Río de la Plata.

Causas Editar

  1. Brasil quería esa región para tener acceso al Río de la Plata, que era un importante centro de comercio internacional y además para navegar los ríos internos llegando hacia el interior de su propio país y permitir a sus barcos salir desde allí hacia el mar.
  2. Las tierras de la Banda Oriental (perteneciente a la cuenca del Plata ) eran aptas para cría de ganado, un producto muy requerido, además de ser bastantes fértiles.
  3. Argentina quería defender su litoral y mantener el dominio exclusivo sobre el Río de la Plata.

Comienzos Editar

La guerra presentó desde su comienzo, dos fuerzas disímiles en material, recursos y hombres. Brasil doblaba prácticamente la cifra de efectivos terrestres ( gran parte de las tropas al servicio de Brasil estaba constituida por mercenarios alemanes). Respecto de su flota, cercana a las 80 unidades, sólo destacó en el Plata la mitad de ellas; mientras que las Provincias Unidas disponían tan solo de unos pocos barcos (14) en su mayoría pequeños y medianos navíos mercantes improvisados para combatir, uno de medio tonelaje y algunas lanchas cañoneras.

El Congreso Nacional argentino (primera vez que se usó ese nombre oficialmente) cohesionó a todas las provincias las cuales, según sus posibilidades, enviaron contingentes para formar el Ejército de Observación que estableció un primer campamento en Arroyo de la China (Entre Ríos) y luego se desplazo hacia Salto ( Provincia Oriental, luego República Oriental del Uruguay).

De esta manera, con gran desventaja material, la ofensiva a cargo del general Alvear se produjo en el año 1826.

Desarrollo Editar

Acción terrestre Editar

Mientras los brasileños concentraban sus fuerzas en Santa Ana del Libramento con el objetivo de invadir la Mesopotamia, Martín Rodríguez primero internó el Ejército de Observación en Entre Ríos y cruzó el río Uruguay hasta el Arroyo Grande, siempre con rumbo sudeste en territorio Oriental. Desde allí, Alvear llevó a cinco millares y medio de hombres a internarse hacia el noreste, más allá de la actual frontera uruguaya con Brasil, este movimiento hizo que las tropas brasileñas acantonadas en Santa Ana del Libramento, temiendo ser rodeadas por las republicanas (argentino-orientales) se retiraran velozmente hacia el este salvándose de un combate en Bagé (o Valles) merced a una fuerte lluvia que hizo crecer el río Negro. De tal modo la ofensiva republicana no pudo proseguir al establecerse puestos y sistema de abastecimientos desde retaguardia, con lo cual debía enfrentar de inmediato al enemigo o retroceder.

Al fin, como culminación de ese avance, el 13 de febrero comenzaron los éxitos iniciales del ejército rioplatense, frente a los imperiales brasileños (más de 10.000 hombres al mando del marqués de Barbacena) los cuales tras la retirada de Santa Ana del Libramento se fortificaron en la sierra de Camacuá en donde la caballería (arma principalísima de los rioplatenses) tenía dificultades operativas. Juan Galo Lavalle con su 4° de caballería, venció a fuerzas de Bento Manuel en Bacacay, y Lucio Norberto Mansilla en Ombú.

Luego, el Ejército Imperial con su principal núcleo, se preparó a la réplica total, mientras Alvear insistió en la retirada con rumbo noroeste para volver al Uruguay, y para ello buscó el Paso del Rosario, sobre el Río Santa María, en las cercanías del Arroyo Ituzaingó. Fue allí donde tuvo lugar el encuentro mayor de la guerra al interrumpir Alvear su paso del río y enfrentarse a las fuerzas de Barbacena (20 de febrero de 1827). Este combate fue resuelto por la acción conjunta del general en jefe y de sus inmediatos colaboradores: Juan Antonio Lavalleja, José María Paz, Lavalle, y Federico Brandsen (que murió allí), Pirán y Olavarría, combinándose las cargas de caballería con la infantería, más la artillería de Chilavert e Iriarte. Como consecuencia, el Ejército Imperial retrocedió, tras grandes pérdidas de hombres. Sin embargo, la falta de recursos y caballadas le impidió a los rioplatenses perseguir al enemigo y emprender nuevas acciones ofensivas para definir la campaña. La batalla de Ituzaingó según las memorias de Paz, Iriarte y Gregorio Aráoz de La Madrid se debió más que a los méritos de Alvear, a la experiencia de los oficiales subordinados ( experiencia logradas en las campañas llevadas a cabo con José Gervasio Artigas, Manuel Belgrano y José de San Martín durante las luchas emancipadoras contra España) y el coraje y la destreza ecuestre del gauchaje que formaba la dotación principal del ejército argentino y oriental. En 1827 Alvear traspasó el mando de las fuerzas republicanas a Lavalleja.

Acción Naval Editar

En el aspecto naval, Brasil no tuvo dificultad en establecer el bloqueo de Buenos Aires (como dijo el jefe de la armada brasileña: “no van a pasar ni los pájaros”). Dominó el Plata durante la casi totalidad del conflicto, trayendo enormes perjuicios comerciales.

Pese a la superioridad naval, los criollos intentaron contrarrestarla. Guillermo Brown, marino irlandés nacionalizado argentino, designado almirante, comenzó su accionar con la flotilla de un solo barco de regular porte: la fragata 25 de Mayo, y otros menores de diversa tripulación.

La estrategia de las tropas argentinas consistió en el hostigamiento constante y sorpresivo. En sus salidas iniciales de febrero y marzo de 1826, Brown atacó, aunque sin éxito, la plaza artillada Colonia del Sacramento, alejando, por un tiempo, el bloqueo más próximo a Buenos Aires y recuperando la isla Martín García.

En mayo se formalizó la acción naval brasileña con tres líneas de bloqueo, desde la desembocadura del Plata hacia adentro, hasta enfrentar a Buenos Aires. Las fuerzas brasileñas trataron de destruir las cuatro naves más grandes y algunas cañoneras de Brown, refugiadas en los bancos y arenas de Los Pozos (Batalla de Los Pozos frente a la misma ciudad de Buenos Aires, 11 de junio de 1826), entre la rada y balizas. Hubo un fuerte cañoneo, pero las naves brasileñas no lograron llegar hasta allí, aunque no se registraron bajas.

Luego se trató de allegar recursos y adquirir la antigua escuadra de Chile (de tres naves subsistentes, sólo llegó la más pequeña). Brown, sin embargo, reinició salidas y ataques nocturnos, como esfuerzo para aliviar el bloqueo. El 30 de julio, la “25 de Mayo” (nave insignia) y la “Rosales” sostuvieron otro combate, el de Quilmes, contra elementos superiores que resultaron dañados. Pero la 25 de Mayo se inutilizó, desmantelándosela luego. Con posterioridad, sólo quedó el recurso de acciones sorpresivas con escasos barcos: la campaña de Brown en las costas del Brasil y la guerra de corso a cargo de naves artilladas para esa emergencia.

El combate de mayor importancia en la guerra naval fue el de Juncal (8 al 9 de febrero de 1827), donde los efectivos de Brown lograron desbaratar totalmente a las superiores naves del bloque “interior” del almirante Sena Pereira; logrando levantar el bloqueo momentáneamente.

Otra acción exitosa para los criollos se libró en el sur, en Carmen de Patagones, puerto que intentaron conquistar los brasileños. De las cuatro naves atacantes, una naufragó al entrar en Río Negro y las otras tres siguieron el curso del río con desembarco de efectivos que, como los de las naves, fueron vencidos totalmente por milicias populares y navales comandadas por el coronel Martín Lacarra y el marino Santiago Bynon.

Los brasileños también intentaron tomar San Blas en la actual provincia de Río Negro, de las tres naves atacantes dos encallaron, zozobró la restante y perecieron o fueron apresados sus tripulantes.

La guerra naval regular terminó con el dispar combate de Monte Santiago, lugar próximo al puerto de Ensenada de Barragán, donde una numerosa flotilla brasileña luchó, durante dos jornadas, contra efectivos de Brown, consistentes en dos pequeños barcos varados apoyados por otro y un pequeño cañón costero. Finalmente, a costo de un centenar de bajas argentinas (entre ellas las del comandante Francisco Drummond) más dos barcos perdidos, se provocó a las fuerzas imperiales grandes pérdidas.

Las luchas posteriores se concretaron en el fuerte bloqueo brasileño del Plata, mantenido invariablemente hasta la terminación de la guerra. Asimismo se mantuvieron las actividades de corso, con efectividad decreciente debido a la mayor vigilancia imperial y a que el Reino Unido para doblegar la intransigencia argentina comenzó a atacar a los pocos navíos corsarios argentinos so pretexto de que practicaban "piratería", para la guerra de corso los argentinos llegaron a construir dos pequeños veleros dotados con seis cañones por cada borda llamados respectivamente “El hijo de Mayo” y el “El hijo de Julio” saliendo principalmente de puertos ocultos en la bahía de Samborombón y en las ya citadas Carmen de Patagones y San Blas.

Tratativas de paz Editar

El gobierno argentino sufría de la falta de apoyo, el bloqueo marítimo y el rechazo provincial unánime a la Constitución de 1826 que era unitaria (sólo se aceptaba el carácter federal de La Provincia Oriental), mientras se iniciaba un conflicto con Bolivia por Tarija. Además, la situación económica había llegado a la crisis debido a los costos de la guerra, tanto para Argentina como para Brasil. Además, los intereses británicos se vieron seriamente afectados por la paralización del comercio.

Con la finalidad de mediar fue enviado Lord John Ponsomby, quién comenzó a trabajar por una solución intermedia: la Independencia de la Banda Oriental. En un principio la solución fue rechazada ya que la opinión pública confiaba en la victoria militar.

Sin embargo, la falta de recursos y el levantamiento de las provincias contra la autoridad de Rivadavia impusieron la necesidad de lograr la paz. El presidente Rivadavia envió a Manuel José García al Brasil para gestionarla; sus instrucciones indicaban que debía llegarse a ella sobre la base del reconocimiento de los derechos argentinos o la Independencia de la Banda Oriental.

García firmó un acuerdo preliminar que no incluía ninguna de estas dos soluciones: en el acuerdo reconocía la soberanía del Imperio sobre la Banda Oriental, comprometía a las Provincias Unidas a desarmar la isla Martín García y a pagar una indemnización de guerra. El convenio fue rechazado por el presidente argentino Rivadavia, quien posteriormente presentó su renuncia.

Fin de la guerra Editar

El gobierno de la provincia de Buenos Aires, ejercido por el federal Manuel Dorrego, se manifestó partidario de proseguir la lucha, de modo que las tropas al mando de Estanislao López pasaron el río Uruguay por La Cruz e Itaquí liberando, junto a tropas al mando de Fructuoso Rivera las Misiones Orientales hasta Cruz Alta, para tratar luego de desalojar a los brasileños de su reducto en Porto Alegre, también entró Dorrego en tratativas con los caudillos gaúchos Bento Gonçalves y Bento Manuel Riveiro con el objetivo de la creación de una República de San Pedro del Río Grande (antecedente de la República Riograndense, e incluso logró Dorrego que dos de los jefes (Friedrich Bauer y Anton Martin Thym) de las tropas mercenarias alemanas que servían al Brasil intentara la creación de una república en Santa Catarina (las derivaciones de esto son conocidas en Brasil como la Revuelta de los Mercenarios), pero el agotamiento financiero, la negativa del Banco Nacional de contribuir a la continuidad de la guerra y la presión británica lo obligaron a aceptar la mediación. Por su parte, Juan Antonio Lavalleja temiendo una reanexión al Brasil comenzó a trabajar secretamente por la Independencia del territorio oriental.

La misión de Tomás Guido y Juan Ramón Balcarce firmó el 27 de agosto de 1828 una nueva Convención Preliminar de Paz, ratificada por la convención de Santa Fe, donde se disponía:

  • Los estados firmantes reconocían y garantizaban la Independencia de la Banda Oriental.
  • Cesaban las hostilidades y se evacuaba el territorio oriental.
  • Se reconocía la libre navegación del Río de la Plata para los firmantes, durante un lapso de 15 años.
  • En la nueva república (Uruguay) se establecía un gobierno provisional, hasta la organización definitiva.

Consecuencias Editar

Como consecuencia de la guerra, se produjo una nueva secesión en las Provincias Unidas del Río de la Plata: la República Oriental del Uruguay. Una asamblea de representantes sancionó una constitución que fue jurada por el pueblo el 18 de Julio de 1830.La paradojal conclusión de esta guerra, con victorias militares argentinas pero con ventajas concretas para Brasil que retuvo las Misiones Orientales, y sectores septentrionales de la Banda Oriental , sumada a la fuerte crisis económica, fue uno de los principales factores para que se reanudara (tras el derrocamiento y ejecución de Manuel Dorrego) con más ferocidad la guerra entre unitarios y federales, teniendo su correlato uruguayo en la guerra entre colorados y blancos.

Gran Bretaña logró la creación de un nuevo estado con el cual podía comerciar; además de asegurar la internacionalización del Río de la Plata y su libre navegación.

El Imperio del Brasil debió frenar su expansión hacia el Sudeste: perdió gran parte de los territorios ocupados en la Banda Oriental, pero obtuvo la libre navegación de los ríos.

Batallas de la guerra argentino-brasileñaEditar

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